Cuatro meses después del brote mundial del nuevo coronavirus, su origen sigue siendo desconocido, lo que alimenta la especulación y complica los esfuerzos para contrarrestarlo y prevenir su reaparición.

De hecho, se entiende mejor como el virus del PCCh, ya que el encubrimiento y la mala gestión del Partido Comunista Chino con respecto al brote han causado o exacerbado gran parte del dolor y la incertidumbre.

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La falta de pruebas sobre el origen del virus es especialmente preocupante. Se ha descubierto que varios virus animales conocidos anteriormente son genéticamente similares, pero no lo suficiente. Los virólogos parecen estar de acuerdo en que todavía falta un eslabón, la fuente original del virus, que puede estar todavía en el aire, lo que podría conllevar otro posible trastorno mundial.

Los expertos están de acuerdo en que se necesitan más datos, pero los datos más cruciales—pruebas en animales del epicentro del brote en la ciudad de Wuhan, en el centro de China—no están disponibles. Hasta la fecha, el PCCh no ha mostrado ninguna indicación de que tenga intención de proporcionar los datos, o incluso de recopilarlos.

Virus de laboratorio vs virus de origen natural

Cuando los investigadores chinos examinaron el genoma del virus, encontraron similitudes con dos coronavirus encontrados en murciélagos que fueron reportados hace varios años por científicos militares chinos, no en Wuhan, sino en Zhoushan, a casi 500 millas de distancia.

El virus del PCCh era un 88 % compatible con los dos de Zhoushan.

En particular, dos partes del virus de Wuhan —la proteína nsp7 que ayuda a su replicación y la proteína de envoltura (E) que ayuda a superar el sistema inmunitario—eran 100 % compatibles con uno de los virus de murciélago de Zhoushan.

Esto es extraordinario, porque investigaciones anteriores demostraron que cada cepa de coronavirus parece tener su propia versión de la proteína E.

La coincidencia del 100 % “es realmente inusual”, señaló a The Epoch Times el Dr. Xiaoxu Sean Lin, un exmicrobiólogo del ejército de Estados Unidos.

“Es una proteína muy pequeña, pero involucra el agrupamiento de partículas virales e interacciones con factores del huésped, de modo que cuando un coronavirus salta sobre la especie huésped (transmisión [zoonótica]), no mantendrá la misma secuencia”, explicó por correo electrónico.

Algunos expertos expresaron su escepticismo sobre el origen de laboratorio.

Un equipo de la Universidad de Columbia, la Universidad de Edimburgo, la Universidad de Sydney, la Universidad de Tulane y el Instituto de Investigación Scripps compararon el virus del PCCh con otros coronavirus, incluyendo un virus de murciélago recientemente publicitado (llamado RaTG13) así como varios de coronavirus encontrados en pangolines. El RaTG13 fue un 96 % compatible con el virus del PCCh, mientras que el virus pangolín fue aproximadamente un 90 % compatible.

“Es improbable que el SARS-CoV-2 emergiera a través de la manipulación en laboratorio de un coronavirus relacionado con el SARS-CoV”, concluyó el equipo en el artículo del 17 de marzo publicado en la revista Nature Medicine.

Proteína espicular de pangolín

Como el artículo de Nature señaló, gran parte del genoma del virus del PCCh coincide con el virus RaTG13, pero una parte crucial no, la “proteína espicular”.

Esta proteína forma los “pequeños hongos” adheridos a la superficie del virus, convirtiéndolo en la herramienta más importante para que el virus invada las células humanas. Las células de los pulmones humanos y otros órganos están cubiertas con membranas llamadas ACE2. La proteína espicular tiene la capacidad de entrelazarse con las membranas, permitiendo que la cubierta del virus se fusione con la superficie de la célula, y que el cuerpo del virus invada la célula y la destruya.

Mientras que el virus pangolín no es tan parecido al virus del PCCh, sus proteínas espiculares son casi iguales, incluyendo los aminoácidos en las seis posiciones más cruciales de la secuencia de genes, según el documento.

Los autores argumentaron que debido a que este tipo de proteína espicular se desarrolló de forma natural en los pangolines, esto es una prueba de que el virus del PCCh también se desarrolló de forma natural. Además, el documento señaló que las proteínas espiculares del virus del PCCh no se unen a las células humanas tan eficazmente como las del virus del SARS. Si el virus del PCCh fue creado artificialmente, ¿por qué utilizar una proteína espicular que funciona peor que otra, ya conocida?

Esta pregunta no es tan difícil de responder.

La creación de virus artificiales con capacidades nuevas o mejoradas—investigación de “ganancia de función”— se han hecho para una variedad de propósitos y no necesariamente para crear virus más eficientes. Puede utilizarse para investigar qué nuevos virus pueden surgir potencialmente y cuál sería su potencial pandémico.

“Depende realmente de cómo se diseñó el experimento. ¿Cuál es su objetivo en este tipo de estudio de ganancia de función?”, Lin manifestó en una llamada telefónica.

Además, a pesar de llegar a otra conclusión, “los argumentos de este documento [del origen] en realidad sugerían un camino potencial de ingeniería de laboratorio”, mencionó Lin a The Epoch Times por correo electrónico.

En el escenario de laboratorio, una proteína espicular que tiene el potencial de funcionar en humanos sería tomada de un pangolín o un virus de murciélago e injertada en un coronavirus animal diferente. El virus podría entonces infectar las células en el laboratorio “para seleccionar más clones infecciosos” y luego se inyectaría en animales de laboratorio y se le permitiría mutar aún más “para seleccionar cepas de mayor transmisibilidad”, explicó Lin.

El artículo de Nature describe un proceso de cómo podría hacerse esto teóricamente, pero añade que estos experimentos en particular no fueron publicados antes. Además, el cuerpo del virus del PCCh, o ” espina dorsal”, no coincide exactamente con “ninguna espina dorsal de virus utilizada anteriormente”, lo que es más evidencia para apoyar un origen natural, dijeron los autores.

Sin embargo, este punto de vista se basa en suposiciones de transparencia, algo de lo que Beijing carece por completo, señaló Lin.

Sin pruebas en animales

Ninguno de los virus animales reportados hasta ahora son lo suficientemente cercanos como para ser un progenitor directo del virus del PCCh, según la revista Nature.

“La similitud genética debería ser mayor que la reportada en estos estudios antes de que se pueda identificar al huésped”, informó la revista, refiriéndose a los comentarios de Arinjay Banerjee, investigador de coronavirus de la Universidad McMaster en Hamilton, Canadá. “Señala que el virus del SRAS compartió el 99,8% de su genoma con un coronavirus de la civeta, razón por la cual se consideró que la civeta era la fuente. Si los pangolines son el origen del actual brote, dice Banerjee, no son los pangolines en estos estudios”.

La historia original impulsada por el PCCh es que el virus se originó en el Mercado de Mariscos de Huanan en Wuhan. A finales de diciembre, el mercado se cerró, pero no hay indicios de que ninguno de los animales del mercado fuera probado. Tampoco hay indicios de que se hayan tomado animales de la zona de Wuhan para hacer pruebas.

Los documentos de comparación genética publicados, hasta ahora, coinciden el virus del PCCh con los coronavirus descubiertos en el pasado.

Los científicos han subrayado repetidamente la importancia de las pruebas con animales para comprender mejor el origen del virus. Los autores del articulo de Nature también lo han reconocido.

“Más datos científicos podrían inclinar la balanza de la evidencia para favorecer una hipótesis sobre otra”, explicaron. “Obtener secuencias virales relacionadas de fuentes animales sería la forma más definitiva de revelar los orígenes virales”.

Difícilmente podría ser la falta de recursos lo que impide a China realizar pruebas sólidas con animales. De hecho, un laboratorio que ha experimentado con murciélagos en el pasado está solo a unos 400 pies (120 m) del mercado de Wuhan. Otro laboratorio, en el Instituto de Virología de Wuhan (WIV), está a dos horas en coche.

Además, la viróloga china Shi Zhengli, que trabaja en el WIV, es una de las autoridades más importantes del mundo en materia de coronavirus de murciélagos e informó de la coincidencia del 96 % con el virus de murciélagos RaTG13 (pdf).

El WIV es también el único laboratorio en China certificado para manejar los virus más peligrosos, como el Ébola o el SARS.

Acusaciones de WIV

A falta de pruebas sólidas, los ciudadanos chinos han dado sus propias explicaciones sobre los orígenes del virus, que a menudo son poco halagadoras para el régimen.

Algunos afirmaron que una mujer graduada que trabajaba en el WIV, Huang Yanling, fue la paciente cero y habría muerto. WIV lo negó, diciendo que ella vivía y trabajaba en otras provincias desde su graduación en 2015. Pero la foto de Huang, su biografía y su tesis fueron eliminadas de la página web del Instituto, dejando solo su nombre. Ella tampoco salió a rebatir los rumores.

Un perfil en línea usando el nombre y las fotos del investigador del WIV, Chen Quanjiao, acusó al director general del instituto, Wang Yanyi, de revender “frecuentemente” animales de laboratorio en el mercado de Huanan y así posiblemente filtrar el virus del laboratorio.

El mal manejo de los animales de laboratorio no es nada nuevo en China. En enero, el biólogo Li Ning, de la Academia de Ingeniería de China, fue condenado a 12 años de prisión por vender cerdos, vacas y leche de su laboratorio a los mercados locales.

Wang negó que tal cosa sucediera en WIV, y Chen hizo una declaración diciendo que su identidad había sido robada y negó la responsabilidad de las publicaciones en Internet.

Shi negó cualquier conexión del virus del PCCh con el laboratorio en una declaración a los medios de comunicación chinos.

“Prometo con mi vida que el nuevo coronavirus del 2019 no tiene nada que ver con nuestro laboratorio”, comentó. “Este virus es un castigo impuesto a la humanidad por la naturaleza, para condenar la forma incivilizada de vivir de la humanidad. Aquellos de ustedes que creen en los rumores o en los llamados análisis científicos de investigadores no cualificados, les aconsejo que cierren sus bocas [improperio]”.

Pero en un país acostumbrado a ver confesiones forzadas en la televisión, la negación no logró apaciguar las preguntas.

“Para una calamidad tan grande que puede tomar innumerables vidas, denos hechos y pruebas, no declaraciones pretenciosas como prometer su vida”, comentó un internauta.

Sin murciélagos y sin pangolines

Una de las razones por las que muchos chinos se han mostrado escépticos con respecto a la explicación oficial —que la infección transmitida a los humanos por los murciélagos fue en el mercado de Huanan— es la aparente falta de murciélagos en el lugar. No solo no se encontraron murciélagos en el mercado, sino que cualquier murciélago que viviera en la zona habría estado en hibernación en esa época del año.

Tampoco se encontraron pangolines en el mercado. Estos mamíferos escamosos son una especie protegida, por lo que es posible que los vendedores se deshicieran de ellos antes de que las autoridades cerraran el mercado; hasta ahora no hay indicios de que se hayan encontrado pangolines en ninguna parte de Wuhan.

Además, los virus con la proteína espicular correspondiente se encontraron en pangolines contrabandeados desde Malasia a la provincia de Guangdong, a 500 millas (804 km) al sur de Wuhan. El virus del murciélago RaTG13 se encontró en la provincia de Yunnan, a 900 millas (1448 km) de Wuhan.

Experimentos peligrosos

Shi tiene un historial de experimentación con coronavirus mutados, incluyendo la combinación de múltiples virus para cambiar la capacidad del virus resultante de infectar una especie diferente.

En un artículo de 2010, exploró la manipulación de los ACE2 de un murciélago para hacer al animal susceptible al SARS. En un documento de 2015, ella y otros investigadores utilizaron una proteína espicular del virus del murciélago que no funcionaba en los humanos, la injertaron en el SARS, y encontraron que entonces era capaz de infectar a los humanos y al mismo tiempo era resistente al tratamiento.

Shi no es la única que hace tales experimentos. Pero es un negocio peligroso.

“Si el nuevo virus se escapa, nadie podría predecir la trayectoria”, sostuvo Simon Wain Hobson del Instituto Pasteur en Francia, comentando el articulo de Shi de 2015.

En 2014, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, interrumpió los fondos de investigación sobre la ganancia de función, consciente de su peligro para la bioseguridad.

La controversia constituyó un incentivo para que Shi u otros investigadores que siguieran sus pasos mantuvieran bajo el radar cualquier otra investigación sobre la ganancia de función. En ese caso, un probable cliente de esa investigación habría sido el ejército chino, según Lin.

En una publicación en las redes sociales chinas Douban enfatizó que Chen Wei, el “principal experto en armas bioquímicas” del Ejército de Liberación Popular, recientemente se hizo cargo del laboratorio WIV. El informe sigue sin ser confirmado.

Shi y WIV no respondieron a las preguntas enviadas por correo electrónico de The Epoch Times.

Sin embargo, el laboratorio ha tenido una conexión militar desde su creación.

El laboratorio fue desarrollado con la ayuda del gobierno francés después del brote de SARS de 2003. Originalmente, se suponía que un arquitecto francés lo diseñaría, pero las autoridades chinas cambiaron el trabajo a un arquitecto local de Wuhan. La inteligencia francesa encontró que la compañía de arquitectos chinos, IPPR Engineering International, tenía estrechos lazos con una subsidiaria militar china que estaba en la lista negra de la CIA, de acuerdo a Challenges, una revista de negocios francesa. El laboratorio comenzó a funcionar en 2017.

Cualquiera que sea el origen del virus, aún no hay suficiente evidencia para decirlo con seguridad, según Lin. Lo que está claro, sin embargo, es que la falta de pruebas puede ser atribuida en gran medida al PCCh, mientras que el mundo entero carga con las consecuencias.

Fuente: The Epoch Times en español

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