Los brotes del virus del PCCh en todo el mundo se han correlacionado fuertemente con los vínculos que tiene el régimen comunista chino en las regiones afectadas.

En Estados Unidos, las cifras epidémicas en el estado de Washington fueron más altas en todo el país hasta el 16 de marzo, cuando tenía más de 900 de entre, aproximadamente, 4300 casos confirmados en Estados Unidos. Washington es conocido por ser el primer puerto de entrada para el comercio de bienes, procedentes de la República Popular de China (RPC), tras el establecimiento de las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con Beijing, a fines de la década de 1970.

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El 21 de enero, en Washington se presentó el primer caso confirmado del virus del PCCh en Estados Unidos, a menudo conocido como el nuevo coronavirus. El caso era el de un hombre que vivía cerca de Seattle y que había contraído la enfermedad durante un viaje a Wuhan, donde comenzó la pandemia.

Sin embargo, desde mediados de marzo, Washington ha sido superado y eclipsado por el estado de Nueva York en el número de casos confirmados. El 20 de marzo, el gobernador Andrew Cuomo anunció un plan de 10 puntos para poner al “estado de Nueva York en PAUSA”.

Al momento de escribir este artículo, más de 102,000 neoyorquinos estaban enfermos, representando casi el 40 por ciento de los 260,000 casos en todo el país. El número de muertos en el estado superó los 1000 el 29 de marzo y desde entonces se ha triplicado.

Enrojeciendo a la Gran Manzana

Los primeros brotes del virus del PCCh fuera de China fueron más pronunciados en países con amplias relaciones económicas o estratégicas con China, como Corea del Sur, Italia e Irán. Atraídos por los beneficios comerciales o por ceder ante la presión de Beijing, los gobiernos y funcionarios de muchas regiones han adoptado posturas complacientes o incluso de apoyo al régimen chino.

Esas actitudes probablemente alimentaron la aceptación de la propaganda del PCCh con respecto al virus e hicieron que las autoridades locales se mostraran reacias a tomar medidas de protección, aumentando la vulnerabilidad de esos países y regiones durante las primeras etapas críticas de la epidemia.

En las últimas décadas, el PCCh ha establecido un nexo formidable de “poder blando” en Nueva York. China es el mayor socio comercial del estado fuera de Norteamérica, y la RPC (incluida Hong Kong) forma el mayor mercado de exportación de Nueva York. Las inversiones bilaterales son igualmente grandes, con Nueva York como uno de los principales destinos para el capital chino.

El volumen significativo de comercio e inversión ha tenido efectos de amplio alcance en la política y la sociedad de Nueva York, desde actitudes favorables a la RPC entre los funcionarios electos hasta la subversión incremental de Beijing de la comunidad local chino-estadounidense. Por extensión, la importancia económica y cultural de Nueva York significa que la influencia de la RPC allí resuena en todo el resto de Estados Unidos.

Los primeros brotes del virus del PCCh fuera de China fueron más pronunciados en países con amplias relaciones económicas o estratégicas con China, como Corea @VirusPCCh

Hacer que el capital sirva al Partido Comunista

Wall Street es uno de los principales canales a través de los cuales la RPC ejerce su poder blando en el extranjero, y ha ejercido durante mucho tiempo su estrategia para influir en la política que tiene Washington con China.

En 1999, el entonces primer ministro de la República Popular China, Zhu Rongji, visitó Nueva York, donde se reunió con varios ejecutivos de Wall Street para discutir el posible ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC). El presidente Bill Clinton apoyó después la entrada de Beijing en la OMC, a la que se unió en diciembre de 2001. Las relaciones económicas siguieron fortaleciéndose a medida que los Estados Unidos se involucraban en la Guerra contra el Terrorismo.

Robert Kuhn, ejecutivo financiero e intelectual público, hizo que sus escritos aparecieran en muchos medios estatales chinos. En 2005, Kuhn publicó una biografía aduladora del exlíder de la República Popular China, Jiang Zemin, a pesar de los enormes crímenes de lesa humanidad y de las políticas de “hacer una fortuna manteniendo un perfil bajo” que fomentaron la corrupción a una escala sin precedentes.

Un repartidor hace una pausa cerca de Wall Street el 20 de marzo de 2020, en la ciudad de Nueva York. (Spencer Platt/Getty Images)

En años posteriores, la presión de los cabilderos de Wall Street influyó en las decisiones de los presidentes George Bush y Barack Obama para eliminar a China de la lista de manipuladores de divisas. En agosto de 2019, luego de una escalada en la guerra comercial entre China y EE.UU., la administración Trump volvió a designar a la República Popular China como un ente manipulador de divisas.

El 25 de abril de 2019, el presidente del Instituto de Estudios de Seguridad de Praga, Roger W. Robinson Jr., advirtió sobre el preocupante grado en que el PCCh había penetrado en el mercado financiero de EE.UU., en un discurso pronunciado ante el Comité sobre el Peligro Presente: China.

Robinson señaló que más de 1000 compañías chinas cotizaban en las tres principales bolsas de valores estadounidenses, con más de 650 firmas ubicadas en China que cotizan solo en la Bolsa de Nueva York. Estas incluyen compañías estatales chinas, muchas de las cuales juegan un papel en los abusos contra los derechos humanos, la vigilancia masiva y la industria militar del PCCh. La inclusión en los índices bursátiles de EE.UU. significa que estas empresas reciben inversiones a través de las carteras de acciones de millones de estadounidenses.

La afinidad de muchos inversores de Wall Street con Beijing se ha vuelto especialmente evidente después del comienzo de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, en junio de 2018.

El mes en que comenzó la guerra comercial entre Estados Unidos y China, Morgan Stanley Capital International (MSCI) incluyó oficialmente acciones A de corporaciones chinas en su “Índice de mercados emergentes” con un índice de inclusión del 2.5 por ciento. Esto significa que el 2.5 por ciento del índice de MSCI estaba compuesto por acciones de compañías chinas.

Ese septiembre, FTSE Russell, la segunda compañía de índices más grande del mundo, anunció que incluiría las acciones A en su sistema global de índices bursátiles y las clasificaría como mercados emergentes secundarios. Según las estadísticas de las compañías de valores, se esperaba que este movimiento aportara un capital incremental de más de USD 500 mil millones a las acciones A.

El pasado 1 de abril, Bloomberg anunció la inclusión oficial de los bonos chinos en el Índice Compuesto Global de Bloomberg Barclays.

He Qinglian, un economista chino establecido en Estados Unidos, escribió que el reconocimiento de las acciones A por parte de estas tres principales instituciones financieras era equivalente a respaldar los bonos desfavorables del régimen chino. Gracias a Wall Street, la afluencia resultante de capital extranjero ayudó a calmar los problemas económicos internos de la RPC y las recientes presiones provocadas por la guerra comercial.

Soborno a las empresas del Partido Comunista Chino

Las instituciones financieras con sede en Nueva York han sido investigadas por contratar ilegalmente a los hijos de familias chinas poderosas, cuyas fortunas están intrincada y confusamente vinculadas al régimen del PCCh.

En 2013, la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) y el Departamento de Justicia comenzaron a investigar al JP Morgan Chase Bank por el presunto soborno a empresas extranjeras. El caso es de particular interés porque representa la primera investigación importante en Wall Street bajo la Ley de Prácticas de Corrupción en el Extranjero.

Según los investigadores, en los siete años comprendidos entre 2006 y 2013, Chase empleó a unas 100 personas en su programa de reclutamiento “Hijos e hijas”, que se desarrolló entre 2003 y 2013. El plan contrató a personas con vínculos estrechos con funcionarios chinos y a otros funcionarios asiáticos como empleados o pasantes a tiempo completo, lo que resultó en que el banco obtuviera USD 100 millones en ganancias comerciales.

La investigación de la SEC señaló que Chase sabía que hacerlo violaba la ley anticorrupción, pero continuó el esquema de Hijos e Hijas de todos modos, debido a los generosos beneficios y las oportunidades comerciales que trajo. Según el Wall Street Journal, las autoridades estadounidenses han abierto investigaciones similares en otras instituciones financieras.

Comprando poder político

Las incursiones económicas chinas le dieron al PCCh muchas oportunidades para ganar aliados políticos en todo Estados Unidos, particularmente en regiones destacadas como Nueva York.

El 11 de abril de 2016, la vicegobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, y Zhang Xiangchen, representante adjunto de comercio internacional del Ministerio de Comercio de la RPC, firmaron un Memorando de Entendimiento (MOU) para establecer formalmente la Cooperación Comercial y de Inversión entre el Estado de Nueva York y las Provincias de China. El acuerdo vinculaba a Nueva York con seis provincias chinas en diversas formas de intercambio económico e industrial.

Los peatones pasan por una tienda Macy´s el 7 de febrero de 2008, en la ciudad de Nueva York. (Spencer Platt/Getty Images)

“[El acuerdo] habla de la posibilidad de construir sobre donde estamos hoy”, dijo la vicegobernadora Hochul, según el portavoz de la RPC, China Daily. “Las empresas de China vienen a nuestro estado; las empresas de nuestro estado están buscando oportunidades de exportación”.

Zhang Qiyue, entonces cónsul general del Consulado de la República Popular China en Nueva York, nombró al estado como el “punto brillante” para la cooperación chino-estadounidense. “A medida que continuamos fortaleciendo los lazos bilaterales, aumenta la conciencia y aumenta la cooperación a nivel subnacional”.

El 18 de julio de 2017, se celebró en Buffalo el Foro de Cooperación de Comercio e Inversión entre las Provincias de China y el Estado de Nueva York. El evento fue copatrocinado por la Oficina de Desarrollo de Comercio Exterior del Ministerio de Comercio de China, la Agencia de Desarrollo Económico del Estado de Nueva York, el consulado de China en Nueva York y el gobierno estatal.

En noviembre de ese año, el Gobernador Cuomo fue galardonado con el Premio Nube Azul por el Instituto Chino de la RPC, con sede en Manhattan. Hochul, quien aceptó el premio en nombre de Cuomo en la Gala de la Nube Azul, señaló que “el gobernador realmente ha hecho de esta relación [China-Nueva York] una de sus altas prioridades, hemos tenido nuestras tres misiones comerciales y la cuarta está siendo planeada”, como reportó la agencia de noticias del PCCh, Xinhua.

“Tenemos oficinas comerciales y oficinas de turismo en China, y tenemos personas en el terreno para asegurarnos de que haya una amplia puerta de apertura entre nuestros dos países y nuestras ciudades también”, dijo Hochul.

El PCCh parece haber tomado el evento como una forma de profundizar los vínculos comerciales y fomentar relaciones más estrechas con el gobernador. Según los informes de la época, Hainan Airlines Group, una compañía china con fuertes lazos estatales, fue el patrocinador de la Gala de la Nube Azul. Además, la ceremonia de premiación contó con la actuación del trío Snow Lotus, que consta de tres cantantes tibetanos étnicos de la provincia china de Sichuan. El entonces cónsul general de la República Popular China, Zhang, también estuvo presente en la gala.

En junio de 2019, el Senado del estado de Nueva York aprobó una resolución que nombraba el 1 de octubre, la fecha de fundación del régimen comunista en 1949, como el “Día de China” del estado, para conmemorar las contribuciones de las personas de etnia china a Nueva York. Un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China elogió la medida como un desarrollo “positivo”.

En una recepción vespertina ofrecida ese 16 de septiembre por el consulado chino de Nueva York para conmemorar el 70º aniversario de la fundación de la RPC, el cónsul general Huang Ping pronunció unas palabras en las que elogió el “socialismo con características chinas” y condenó la guerra comercial en curso por perjudicar las perspectivas económicas de ambos países. Al evento asistieron muchos políticos, empresarios y representantes de la diáspora china local de Nueva York.

Reestructurando el entorno de los medios y de la sociedad

A mediados de los años ochenta, las organizaciones chino-americanas más destacadas en Nueva York eran las que estaban alineadas con Taiwán, oficialmente conocido como la República de China (ROC). Pero a medida que la China continental llegó a dominar el panorama económico y diplomático, el cielo azul de la ROC con una bandera de sol blanco comenzó a desaparecer de los barrios chinos locales, reemplazada por la bandera roja de cinco estrellas de la RPC.

La creciente influencia de Beijing se hizo sentir en toda la comunidad chino-estadounidense a medida que el PCCh desplegó su maquinaria de propaganda. Las organizaciones financiadas por la RPC como el Instituto Confucio se establecieron en colegios y escuelas de EE.UU., ayudando al Partido a consolidar su visión preferida de la identidad, cultura e idioma chino en la mente de muchos jóvenes estadounidenses.

Las organizaciones del PCCh en Nueva York han establecido vínculos con las pandillas locales de la tríada y, a veces, incluso permiten que el Partido proyecte su represión política en Estados Unidos.

En 1999, el PCCh lanzó una persecución total contra la práctica espiritual de Falun Gong y contra sus decenas de millones de adherentes. La campaña mortal continúa hasta nuestros días, con campos de concentración y de lavado de cerebro, además han adoptado la extracción de órganos a practicantes vivos como un recurso para exterminarlos.

Los grupos vinculados a la comisión extralegal del Partido Comunista, encargados de supervisar la persecución contra Falun Gong, han generado discursos de odio contra la práctica en los barrios chinos de Nueva York. Miembros individuales de estos grupos han sido procesados por agredir físicamente a practicantes locales de Falun Gong.

Fu Yuxia fue trasladada a una ambulancia luego de ser agredida mientras protestaba por la persecución del PCCh a Falun Gong, frente al Consulado chino, en Nueva York, el 1 de julio de 2014. (NTD Televisión)

Desde principios de la década de 1990, cuando se fundó el periódico en idioma chino, China Press, vinculado al estado para el público chino en el extranjero, los esfuerzos de propaganda internacional del PCCh se han convertido en una operación multimillonaria, denominada oficialmente como el “Gran Plan de Propaganda Externa”

En 2010, la Agencia de Noticias Xinhua lanzó un canal de televisión en inglés las 24 horas, CNC World. En agosto de 2011, Xinhua publicó un anuncio por valor de cientos de miles de dólares en Times Square. Brian Turner, presidente de Sherwood Outdoor Advertising Co., dijo en ese momento que esperaba que alquilar el espacio de la pantalla a Xinhua alentaría a otras marcas chinas a anunciarse en Times Square.

Desde 2011, tanto Xinhua como People’s Daily Online, otro portavoz del PCCh, han abierto oficinas en Manhattan, y esta última opera desde el piso 30 del Empire State Building.

En febrero, el Departamento de Estado de Estados Unidos designó a Xinhua y a otros cuatro medios controlados por la RPC en Estados Unidos como “misiones extranjeras” para reflejar su papel en la estrategia de propaganda externa de Beijing.

Adoptando los lineamientos del Partido

La efectividad de las ofensivas propagandísticas del PCCh entre los chinos en el extranjero se evidencia fácilmente. Miles de chinos que residen en el extranjero han comprado boletos de avión de regreso a China, convencidos por la última narrativa del Partido de que Estados Unidos, y no la “patria” china, es el nuevo epicentro del virus.

Habiendo servido durante mucho tiempo como la puerta de entrada a Estados Unidos para los inmigrantes y el transporte marítimo, Nueva York parece especialmente susceptible a la propagación de la pandemia. El 25 de marzo, el gobernador Cuomo dijo que Nueva York “tiene más casos que otros estados de Estados Unidos… porque recibimos a gente de todo el mundo, y vivimos; nos mudamos; nos comunicamos, y hacemos muchas otras cosas cerca unos de otros”.

Pero en la pandemia del virus del PCCh, la globalización no es el único factor culpable.

La mala vigilancia y las visiones irreales del régimen de China continental, como lo demuestran los pueblos de Taiwán y Hong Kong, exponen su errada perspectiva sobre la crisis que azota al mundo. A pesar de su proximidad y amplios lazos comerciales con China continental, estas dos regiones no retrasaron las medidas para detener el virus. A partir del 3 de abril, el número de infecciones en cualquiera de los territorios se ha mantenido en cientos.

En Corea del Sur, las autoridades tardaron en reducir el comercio y los viajes con China. Sin embargo, el conocimiento de la epidemia y su gravedad se extendió rápidamente entre el público. En enero, los coreanos vieron y compartieron ampliamente los videos que exponen la sombría situación en el epicentro del virus de Wuhan. Millones de personas criticaron al presidente Moon Jae-in por colocar los negocios por encima de la salud nacional.

Si bien Corea del Sur tuvo uno de los peores brotes tempranos fuera de China, la combinación de conciencia pública, presión popular y cooperación cívica parece haber controlado el virus.

Sin embargo, parece que falta la misma vigilancia en el Empire State, incluso cuando el PCCh promueve su supuesto éxito en el control de la enfermedad en China, y pinta la respuesta de Estados Unidos como el epítome de la incompetencia administrativa. La narrativa se ve reforzada por muchos medios de comunicación extranjeros, en gran parte porque tienden a informar el número oficial de casos confirmados y muertes de la RPC a su valor nominal.

El 11 de marzo, el New York Times publicó un artículo titulado “Sus casos de coronavirus disminuyen, China se enfoca en el exterior”.

El subtítulo del artículo se hace eco de la propaganda del PCCh: “Beijing está organizando una campaña de ayuda humanitaria en países que luchan contra sus propios brotes”. Al hacerlo, está asumiendo un papel que Occidente alguna vez dominó”.

Un editorial del 16 de marzo del Washington Examiner criticó el informe del Times como, tal vez “la pieza de desinformación china más vergonzosa publicada por cualquier sala de redacción en Estados Unidos desde que el brote de COVID-19 se convirtió en una historia”.

“El artículo repite la afirmación de China de que sus casos diarios de coronavirus han disminuido ‘en los dígitos simples’”, señala el Examiner. “No se hace ningún intento de verificar estos números… con los medios actuando así, ¿quién necesita el Departamento de Publicidad del Partido Comunista de China?”

Fuente: The Epoch Times

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