He escrito desde antes de que nos encontráramos en medio de dos pandemias, la pandemia médica causada por el virus del PCCh y una pandemia política instigada en gran parte por el Partido Demócrata y sus innumerables aliados mediáticos.

La pandemia médica puede (con suerte) estar disminuyendo, pero la pandemia política parece avanzar a marchas forzadas. Los demócratas y los medios están ahora más interesados en culpar a Trump, en lugar de a los comunistas chinos, por el COVID-19.

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Esto es particularmente peligroso ya que los ChiComs (comunistas chinos) han estado involucrados desde hace semanas en una campaña de propaganda culpando a Estados Unidos por el virus. Las acusaciones son absurdas, pero como sucede con mucha propaganda, la gente lo creerá si lo escuchan suficientes veces.

Además, los chinos han empezado a encubrir académicamente la procedencia del virus, borrando los documentos científicos en línea de los sitios web de sus universidades (Universidad de Fudan y Universidad China de Geociencias en Wuhan) para que desaparezcan los rastros sospechosos y se pueda reescribir la historia científica al estilo orwelliano. (¿Experimentos con murciélagos? ¿Qué experimentos con murciélagos?)

Al centrar su atención en Trump, los demócratas están en esencia ayudando al PCCh en sus nefastas actividades que bien podrían hacer un inmenso daño al futuro de nuestro país y del mundo. Pero no importa. Trump debería irse.

Dos de los primeros precursores de esta tendencia fueron las acusaciones de “xenofobia” y “racismo” de Joe Biden y otros, cuando el presidente cerró la puerta de los viajes procedentes de China y Nancy Pelosi instó consecuentemente a todos a unirse a las multitudes en el Barrio Chino para el Año Nuevo Chino. Nada podría salir mal.

Naturalmente, también atacaron a Trump por no prestar atención al virus mientras ellos lo sometían al impeachmentent (como si ellos lo hubieran hecho). ¿Cuándo en esos días nauseabundos del juicio de impeachment a finales de enero y principios de febrero escuchó siquiera una palabra de un demócrata sobre un virus chino? Esta línea de ataque ha sido especialmente desagradable considerando la excepcionalmente frágil, incluso posiblemente corrupta, base de la acusación en sí misma.

Y luego está la politización del fármaco contra la malaria, la hidroxicloroquina, porque el presidente recomendó que valdría la pena al menos probarlo. Para la mayoría de los medios de comunicación y los Demócratas, era como si Trump estuviera promoviendo estricnina (un veneno). El hecho de que funcionara en muchos casos no tenía importancia y no debía ser reportado o incluso admitido.

(O como Ann Coulter puso en Twitter: “DE ÚLTIMO MOMENTO: ‘El PRESIDENTE TRUMP SABÍA POR SEMANAS QUE el FÁRMACO HIDROXICLOROQUINA PODRÍA HABER AHORRADO MILLONES, PERO NO HIZO NADA”— The New York Times, un mes desde ahora”)

Uno de los métodos más recientes que se están empleando para opacar a Trump durante la pandemia es la deificación del director del Instituto Nacional de Salud, Anthony Fauci. La prensa y los demócratas lo tratan como una combinación de dos Alberts—Schweizer y Einstein.

En realidad, aunque es un científico competente, Fauci ha cometido ya su parte de errores en relación con el virus del PCCh, al principio aceptando ingenuamente la mentira de los comunistas de que el virus solo podía ser transmitido por animales al hombre y por lo tanto restando importancia a la epidemia en general. También ha cometido la parte que le corresponde de errores en cuanto al número de afectados que parece cambiar prácticamente a diario, siempre a la baja.

Pero piense lo que piense de Fauci, el objetivo de los demócratas y de los medios de comunicación es claramente abrir una brecha entre Trump y los científicos para hacer que el presidente parezca un ignorante codicioso dispuesto a sacrificar a sus conciudadanos por el bien del mercado de valores.

Que sea el trabajo de Trump como nuestro líder electo, y no el de los científicos, el determinar cómo equilibrar la reacción hacia la pandemia entre la salud y las cuestiones económicas, ya que estas últimas tienen serias implicaciones para la salud, es irrelevante.

Esa frase de “líder electo” es la raíz de la mayor parte de esto. A los demócratas, en particular a su ala liberal, les queda poco que decir. El liberalismo está moribundo, como Barton Swaim señaló bien en el Wall Street Journal de este fin de semana, sus importantes logros ya tienen décadas de antigüedad.

Pero como todos los partidos políticos todavía quieren el poder y Joe Biden representa el pasado de todas las maneras imaginables. Todo lo que realmente tienen para generar entusiasmo es cómo pueden pintar a Trump.

Así que continúan convirtiéndolo en el enemigo, ahora incluso hasta el punto de excusar y defender al verdadero enemigo, la China comunista. Esto debería ser alarmante para nuestra nación y el mundo.

Por: Roger L. Simon

Fuente: The Epoch Times en español

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