Mientras el mundo se encuentra combatiendo la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, los gobiernos de los 180 países afectados apelan a un único organismo internacional como punto de referencia en todo lo que refiere a prevención y respuesta sanitaria:la Organización Mundial de la Salud (OMS)

La OMS es una agencia especializada derivada de las Naciones Unidas cuya misión es, tal como indica su nombre, velar por la salud pública a una escala global, y cuya constitución detalla el objetivo principal de «asegurar la obtención de todos los pueblos del mayor nivel posible de salud». Es decir, un organismo como la OMS encuentra la mayor justificación posible para su existencia en una coyuntura como la que se encuentra el mundo actualmente.

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Sin embargo, nuevos reportes de inteligencia e investigaciones independientes sugieren que la OMS está cumpliendo un rol muy distinto en medio de esta pandemia. La OMS está más enfocada en proteger políticamente al régimen autoritario del Partido Comunista Chino, máximos responsables de que el brote se haya convertido en pandemiaque en proveer ayuda a los gobiernos del mundo que lo necesitan.

La siguiente investigación es de autoría de La Derecha Diario, recolectando información de distintas fuentes oficiales e investigaciones independientes.

¿Dónde y cuándo se originó el coronavirus que azota hoy al mundo? Por supuesto, ambas preguntas pueden ser respondidas de manera sencilla con “Wuhan, China” y “a finales de 2019”. Sin embargo, esta pregunta no la debemos realizar nosotros, es el trabajo de la OMS contar con esta información de manera precisa y, desde muy temprano, su accionar ha demostrado poco interés en llegar a una respuesta integral y libre de dudas.

La OMS hizo oído sordo. El organismo fue advertido el 31 de diciembre de 2019 por las autoridades sanitarias de Taiwán sobre la transmisión del virus de humano a humano. Las autoridades taiwanesas tomaron en consideración algunos reportes prematuros de China, donde los médicos que estaban atendiendo a los infectados denunciaron haber resultado infectados ellos mismos. Normalmente, esto sería evidencia suficiente, pero la OMS decidió ignorar el reporte taiwanés, y hasta tuvo el descaro de publicar el día 14 de enero de 2020, dos semanas después, el siguiente tweet:

“Investigaciones preliminares conducidas por las autoridades Chinas no han hallado claras evidencias de transmisión de humano a humano del nuevo coronavirus (2019-nCov) identificado en Wuhan, China.”

El jefe del Centro de Control de Enfermedades de Taiwán, Chou Jih-haw, confirmó que la OMS recibió su advertencia, pero nunca la respondió. Taiwán no es reconocido como país oficialmente por las Naciones Unidas ni por la OMS, debido a las presiones del régimen chino que no considera a Taiwán un país independiente, sino una de sus provincias. Desde 2017, luego de un recambio de autoridades de la OMS impulsado por China (que ahondaremos al final de la investigación) Taiwán dejó, inclusive, de ser invitado como observador a las asambleas del organismo. A pesar del destrato institucional por parte de la OMS, Taiwán no dejó de insistir en su lucha contra el entonces desconocido virus, convirtiendose así el primer país en tomar medidas preventivas contra la propagación debido a su extrema cercanía al territorio chino, las cuales incluyeron un cierre absoluto de fronteras. 

El éxito de estas medidas fue tal que, hasta el día de la fecha, en el quinto mes de la pandemia para Taiwán, tienen sólo 393 casos registrados de COVID-19, de los cuales 114 se han recuperado y tan sólo 6 han perdido la vida.

Descartando la “teoría” de la transmisión entre humanos, la OMS continuaba sosteniendo que la enfermedad causada por el virus chino sólo podía afectar a quienes habían sido comensales del insalubre mercado mayorista de Wuhan, donde se habrían realizado los primeros contagios por consumir carne de animales infectados, particularmente de murciélagos hervidos. Sin embargo, en un hecho que desafía los límites de lo ridículo, el día anterior al tweet de la OMS descartando la transmisión entre humanos, el Reino de Tailandia había confirmado oficialmente su primer caso del virus. ¿Cómo podría el virus haber trascendido fronteras en cuestión de días si no se contagiaba entre humanos? 

Ante esta realidad, la OMS optó por difundir las mentiras que salieron de las mismas autoridades chinas en lugar de analizar la evidencia proveniente de Taiwán, de Tailandia y de todos los países afectados y formular un reporte completo y objetivo de lo que estaba ocurriendo.

Durante los últimos 4 meses, este fue el modus operandi de la OMS para manejar una de las peores pandemias de la historia moderna;ignoran toda información que no venga directamente del Partido Comunista Chino

Incluso, información proveniente de China, pero no del régimen, es también ignorada por el organismo: el 30 de diciembre, un día antes de la advertencia de Taiwán, el Dr. Li Wenliang, oriundo de Wuhan, comenzó a advertir a la comunidad científica sobre su observación: “un posible brote de una enfermedad similar al SARS”, sugiriéndoles tomar precaución para evitar el contagio. La advertencia del doctor Li no solo fue ignorada por la OMS, sino que 2 días más tarde, las autoridades de Wuhan visitaron su domicilio y lo amenazaron junto a otras siete personas más por “difundir rumores falsos.” 

Forzaron a Li a firmar un testimonio donde “admitía” haber cometido “delitos” y prometía no volver a cometer “infracciones a la ley». A pesar de esto, Li contó todos los detalles y vivencias del Hospital Central de Wuhan, hasta que falleció trágicamente el 7 de febrero a la edad de 33 años, habiendo sido infectado del virus que él mismo ayudó a descubrir aunque, curiosamente, no formaba parte de ningún grupo de riesgo. El destino de las otras 7 personas que fueron investigadas junto a Li es aún desconocido.

Tras el tweet de la OMS, entre el 16 y el 31 de enero, 25 países confirmaron sus primeros casos del virus, entre ellos Japón, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, Alemania, India, Italia, Rusia, España y el Reino Unido. Durante este período, el organismo global se limitó a informar sobre los avances de China en su respuesta al virus, y continuó insistiendo sobre la “falta de evidencias” de contagio entre humanos.

El 19 de enero continuaban mencionando “una fuente animal” como la causa de las infecciones, y por primera vez admitiendo a medias que existía la posibilidad de una “limitada transmisión entre humanos, en contactos cercanos”.

Recién el 22 de enero el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, reunió a su Comité de Emergencia. En las presentaciones del Comité evitaron definiciones, continuaron difundiendo la peligrosa mentira de que la transmisión entre humanos sólo se daba en “contactos cercanos” en el entorno familiar y hospitalario, y se encargaron de alabar la “cooperación” de las autoridades chinas, limpiando su imagen. Durante estas conferencias, el organismo se negó rotundamente a declarar una emergencia global de salud pública.

La falta de respuesta de la OMS en esta instancia puede haber sido el momento determinante en que se selló el destino del resto del mundo.

El 25 de enero de 2020 se celebraría el Año Nuevo Chino. Esta celebración concentra todos los años el mayor movimiento migratorio a nivel mundial: para este año se anticipaban 3 mil millones de viajes por la celebración, incluyendo viajes dentro de China, viajes de nacionales chinos residiendo en el extranjero hacia su tierra natal, y viajes de turistas extranjeros que deseaban visitar el país para participar de la celebración. Una declaración de emergencia global de salud pública el 22 o 23 de enero, durante la reunión del Comité de Emergencia de la OMS, hubiera causado que miles de millones de viajes, desde y hacia China, fueran cancelados, evitando la propagación del virus.

Determinar la cantidad de vidas que se hubieran salvado si se tomaba esta decisión a tiempo es una tarea imposible. Dada la característica exponencial del contagio, estamos hablando de una magnitud de cientos de miles o quizás, millones.

¿Por qué Tedros no declaró la pandemia cuando ya 25 países del mundo habían tenido casos y 3 mil millones de aviones iban a estar entrando y saliendo de China?

El día 28 de enero, Tedros viajó a China para reunirse con el presidente Xi Xinping, para discutir “los pasos a seguir”. A pesar de ser reportada como una reunión informativa y estratégica, las acciones siguientes de la OMS sugieren que esta reunión habría sido una “bajada de línea” de parte del régimen chino, para darle al organismo las órdenes pertinentes sobre los “pasos a seguir.”

Tan solo 2 días después de esta reunión, ya pasadas las celebraciones del Año Nuevo Chino, Tedros finalmente declaró la emergencia global de salud pública que se había negado a declarar una semana atrás. 

Como era esperado, sólo tras la declaración de emergencia fue que la gran mayoría de países del mundo decidieron comenzar a implementar medidas de precaución, incluyendo restricciones de viaje y cierre de fonteras. Evidentemente, ya era demasiado tarde.

Durante el mes de febrero, mientras el coronavirus se esparcía a otros 38 países del mundo, el accionar de la OMS fue prácticamente nulo, dedicando la mayor parte de su tiempo a repetir las mismas advertencias que había provisto a finales de enero, que no eran suficientes para contener efectivamente al virus. 

Sólo se interrumpieron en ocasiones para felicitar y alabar al régimen chino por su respuesta ante la epidemia. Incluso aplaudieron la iniciativa de China de reabrir su economía tempranamente (decisión que hoy le critican a EE.UU.) y afirmaron, de forma insólit, que el mundo “no necesita tomar medidas que interfieran de forma innecesaria con el comercio internacional” mientras se combate la pandemia.

La OMS luego hizo una segunda visita a China, casi un mes después. El reporte de la misión conjunta de la OMS a China realizada entre el 16 y el 24 de febrero, fuera de las especificaciones puramente técnicas, se lee más como un panfleto de propaganda chino, promoviendo el turismo a China y sus políticas sanitarias, que como un reporte orientado a cuidar la salud global.

Recién el día 11 de marzo, con el virus ya absolutamente fuera de control, habiendo llegado a 126 países y totalizando 118.319 casos confirmados y 4.292 muertes, la OMS decidió que era momento de declarar a la enfermedad como una pandemia.

Un día después del demorado anuncio de la pandemia por parte de la OMS, un reporte del South China Morning Post, medio basado en Hong Kong, informó que documentación oficial del gobierno chino confirmaba que habían detectado el primer caso de esta nueva enfermedad el 17 de noviembre de 2019. Es decir que, las autoridades del Partido Comunista Chino, demoraron 46 días completos en anunciar oficialmente su primer caso. Este reporte, además, tuvo la confirmación del Centro Nacional de Inteligencia Médica de Estados Unidos. La OMS todavía no emitió comentario al respecto.

Ese mismo día, curiosamente, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, publicó un insólito tweet en el que intentóacusar al Centro de Control de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) y al Ejército estadounidense de “llevar la epidemia a Wuhan” y le exigió al país norteamericano “transparencia”, mientras China oculta cientos de miles de infecciones y muertes.

“El CDC fue atrapado con las manos en la masa. ¿Cuándo surgió el paciente cero en los EE.UU.? ¿Cuánta gente está infectada? ¿Cuáles son los nombres de los hospitales? Puede haber sido el ejército de los EE.UU. quien llevó la epidemia a Wuhan. ¡Sean transparentes! ¡Hagan públicos sus datos! ¡Los EE.UU. nos deben una explicación!»

La OMS, liderada por Tedros Adhanom, no respondió ni al reporte del South China Morning Post, ni al mensaje publicado por el alto funcionario de la diplomacia china. 

Desde marzo y hasta la fecha, en medio de una enorme presión global por su rol durante esta pandemia, el director general de la OMS sólo se encargó de continuar celebrando al régimen chino, y de antagonizar con Taiwán y con los Estados Unidos, a quienes acusó de “politizar” la pandemia, una afirmación que, de la boca de Tedros, es, como mínimo, risible.

Taiwán no es reconocido como país oficialmente por las Naciones Unidas ni por la OMS, debido a las presiones del régimen chino que no considera a Taiwán un país independiente.

Toda esta investigación converge directamente en una persona. Para comprender el pésimo accionar de la Organización Mundial de la Salud desde que apareció el COVID-19, hay que analizar la figura de su director general: Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Tedros nació el 3 de marzo de 1965 en la ciudad de Asmara, actual capital de Eritrea, que en 1965 se encontraba anexada por el Imperio de Etiopía, por lo cual se lo considera de nacionalidad etíope. Tras graduarse en 1986, a los 31 años, ingresó a trabajar en el Ministerio de Salud del autoproclamado Gobierno Militar Provisional de la Etiopía Socialista, conocido informalmente como el “Derg”, por la junta militar de corte marxista-leninista que gobernó el país entre 1974 y 1987 (tras derrocar al emperador Haile Selassie) y que sumió a su pueblo en corrupción, recesión, guerras y hambruna, acabando con la vida de más de 2 millones de etíopes

En 1987, el líder del Derg, Mengistu Haile Mariam, primer y último secretario general del Partido de los Trabajadores de Etiopía, se declaró el primer Presidente de la República Democrática Popular de Etiopía. Durante la dictadura socialista etíope, Tedros fue rápidamente ganando poder, llegando a ser asesor del Ministerio de Salud de Mengitsu. 

En 1991, Mengistu fue derrocado por el también socialista Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (FDRPE), marcando el fin de la «Guerra Civil Etíope», y auto-exiliándose en Zimbabwe, donde aún reside hasta la fecha a pesar de haber sido declarado culpable del genocidio en 2006. Tedros, quien se había alineado en los últimos años de la guerra civil con el FDRPE y trabajaba para los dos bandos, decidió aprovechar la caída de Mengistu para mudarse a Gran Bretaña y continuar sus estudios académicos.

El Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope continúa gobernando Etiopía desde su victoria militar en 1991 hasta la fecha, aunque cambió su nombre en noviembre de 2019 al «Partido de la Prosperidad.» 

Como aliado del FDRPE, Tedros regresó en 2001 a Etiopía para liderar la Oficina de Salud Regional de la provincia de Tigray. En 2003 fue promovido a vice-ministro de Salud y, en octubre de 2005, fue nombrado ministro de Salud de la nueva dictadura socialista. Trabajó codo a codo con el entonces Primer Ministro, Meles Zenawi. En 2012, al asumir el poder un nuevo líder del FDRPE, Hailemariam Desalegn, Tedros fue promovido a ministro de Relaciones Exteriores (canciller del país y principal representante del régimen en el exterior), cargo en el que permanecería hasta ser elegido director general de la OMS en mayo de 2017.

Durante esos 5 años su acercamiento a China fue tan grande como grosero. Reuniones regulares con mandatarios del comunismo chino, proyectos en conjunto entre los países, miles de millones de dólares en inversiones en Etiopía, a cambio de quién sabe qué.

«Retrato de Xi Jinping», del artista alemán-americano Jason Mann, donde representa al Presidente chino con el humorístico apodo de Winnie The Pooh y alude al control que China ejerce sobre Hong Kong (izq: agarrando a Carrie Lam, la gobernadora de la isla) y a Tedros Adhanom, a la derecha.

El vínculo entre Tedros y China puede ser rastreado a las relaciones políticas tempranas entre el FDRPE y el Partido Comunista. Históricamente, el régimen comunista había apoyado el golpe de Mengistu que derrocó al emperador pro-occidente Haile Selassie; pero, con los años, Mengistu se mostró más cercano a la Unión Soviética que a China. En 1991, cuando el FDRPE derrocó a Mengistu y tomó el poder, la China de Deng Xiaoping vio el cambio como una oportunidad, y comenzó a entablar vínculos diplomáticos e inversiones en la destruida economía etíope. Con los años, la rápidamente creciente China se convirtió en el principal financista, acreedor y proveedor de la infraestructura en Etiopía.

La relación económica entre China y Etiopía presenta todos los síntomas de la forma favorita de hacer diplomacia del gigante asiático: la «diplomacia de trampas de deuda”. 

La misma consiste en proveer ayuda financiera y crédito aparentemente ilimitado a los países, para luego obtener a cambio concesiones políticas, económicas o de cualquier otro tipo por parte del país deudor. Algo que, en Argentina, empezamos a conocer en las últimas décadas.

Un ejemplo muy citado es el préstamo en 2010 que un banco estatal chino le otorgó al Estado de Sri Lanka para la construcción de un puerto en la ciudad de Hambantota: cuando Sri Lanka no pudo afrontar el pago, acordó alquilarlo por 99 años al conglomerado estatal China Merchants Port Holdings. Hoy el puerto de Hambantota está siendo utilizado como una base naval estratégica de China en el Océano Índico.

La «diplomacia de trampas de deuda” es implementada por China no solo en sus vecinos de Asia, como es el caso de Sri Lanka, Indonesia y Malasia, sino también en Latinoamérica (siendo los principales ejemplos Venezuela, Ecuador y Argentina), y ahora todas las fichas están puestas en África

Según los datos de la Iniciativa de Investigación China-África (CARI) de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins, ubicada en Washington, D.C., los créditos de China en el continente africano alcanzaron en 2017 un total superior a 145 mil millones de dólares cuando, a principios de los años 2000, este valor rondaba los magros 130 millones de dólares. 

De esta suma, el principal deudor es la nación de Angola, con US$ 43.145 millones, seguida por Etiopía, con US$ 13.797 millones. Otras 46 naciones africanas componen el resto de la deuda africana con China, sumando entre sí unos preocupantes US$ 64.765 millones. Encima, en septiembre 2018, China le prometió a los líderes africanos otros US$ 60 mil millones a lo largo de los próximos 3 años.

La deuda de US$ 13,8 mil millones que Etiopía sostenía con China en el año 2017 representaba más de la mitad (53%) del total de la deuda externa de la nación africana ese añosegún el CIA World Factbook.

Las inversiones chinas en Etiopía incluyeron, entre muchas otras cosas, la nueva sede de la Unión Africana en Adís Adeba, capital de Etiopía. Este masivo edificio fue inaugurado en 2012 y su costo de US$ 200 millones fue cubierto enteramente por el gobierno chino, con un pequeño «regalo sorpresa:» según una investigación de Le Monde, confirmada por Financial Times, el edificio entero estaba cubierto de micrófonos y cámaras ocultas, y los sistemas informáticos se conectaban todas las noches a servidores ubicados en Shanghái para subir la información recopilada.

El líder de la OMS, Dr. Tedros, enceguecido por China.

Resulta sensato afirmar entonces que, en buena medida, China es dueña de Etiopía, y lo era en 2017, el año en que la OMS eligió a su nuevo director general, por primera vez de forma democrática mediante el voto de ministros de Salud de los 186 países miembro. Quien resultara elegido sucedería a la Dra. Margaret Chan, nacida en Hong Kong pero afiliada políticamente al Partido Comunista Chino, la primera persona de nacionalidad china o hongkonesa en ocupar ese puesto y en liderar cualquier órgano de las Naciones Unidas. Desde hace años que China está invirtiendo en ganar control de la OMS, primero con Chan, una moderadora conocida del régimen, y ahora con Tedros, un erudito comunista que parece imparcial, pero su afiliación está totalmente con el gobierno del PCCh.

En la elección de 2017, los candidatos para el puesto, además de nuestro corrupto etíope, eran la cardióloga pakistaní Sania Nishtar, quien se retiró luego de perder la primera ronda de votación, y el médico clínico británico David Nabarro. Mediante el fuerte lobby del gobierno chino, Tedros logró vencer a Nabarro, a pesar de su pésimo historial como ministro de Salud de Etiopía, y de la revelación de que había ocultado (a pedido del gobierno etíope) tres brotes de cólera ocurridos en el país en 2006, 2009 y 2011, durante su gestión como ministro. 

Además, Tedros tiene en su historial una acusación bastante sustancial de haber sido cómplice de la corrupción y represión del régimen etíope, pero China viene tejiendo sus redes diplomáticas hace décadas, y no tardó en convencer a 133 de los 186 países, sosteniéndose, públicamente, en 2 argumentos progresistas y globalistas que les resultarían atractivos: Tedros sería la primer persona africana en ocupar el puesto y, además, la derrota del británico Nabarro sería una venganza de los países europeos por el Brexit.

El 1 de julio de 2017 asumió el control de la OMS, y comenzó una de las etapas más pro-China de la historia de esta organización.

Conociendo la historia de China en Etiopía, y la trayectoria de Tedros y sus vínculos personales con el gobierno chino que le permitieron acceder al puesto, pocas dudas quedan sobre la inclinación del organismo internacional hacia una postura que el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, definió como “chino-céntrica”. 

En este contexto es que Trump, como se mencionó anteriormente, ha decidido cortar todos los fondos de su país a la OMS. Este dinero, según datos de la propia OMS representa casi el 40% del financiamiento total del organismo. En comparación, las contribuciones de China representan sólo un 11% del total.

Asimismo, analizar las decisiones que la OMS tomó al comienzo de la pandemia, y crucialmente aquellas que no tomó, bajo las órdenes del régimen comunista chino, nos obligan a preguntarnos: ¿cuántas vidas se hubieran salvado si la Organización Mundial de la Salud se hubiera preocupado más por la salud mundial que por la imagen política de China?

 Una vez que el mundo logre superar esta pandemia, será el momento de que las principales potencias económicas se planteen cuál es la responsabilidad del Partido Comunista Chino en la tragedia global del COVID-19 y cómo no se le puede dar más poder en ninguna organización supranacional. También, será el momento de que se replanteen su postura política y económica hacia China. Un proceso en el cual Japón parece haber dado el primer paso.

Fuente: La Derecha Diario

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