Los servicios de inteligencia de EE. UU. informaron sobre “experimentos” con armas biológicas desarrolladas por el régimen comunista chino, según un alto funcionario de la administración Trump.

El funcionario agregó que esas armas biológicas estarían formuladas contra grupos étnicos minoritarios específicos, de acuerdo con Washington Times del 14 de mayo.

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Las irregularidades en el manejo de la pandemia causada por el virus PCCh, por parte del régimen chino, activan aún más las investigaciones sobre el tema.

«Estamos buscando posibles experimentos biológicos en minorías étnicas», explicó el funcionario que prefirió no ser identificado.

De probarse la existencia de los experimentos se habría violado la Convención sobre la Prohibición del Desarrollo, la Producción y el Almacenamiento de Armas Bacteriológicas y Toxínicas (BWC, por la sigla en inglés), por parte del régimen chino.

«Seguimos teniendo preocupaciones con el cumplimiento de la BWC por parte de China, así como con sus obligaciones internacionales», agregó en ese sentido el agente público.

 «Si algo hemos aprendido a través de este episodio de COVID [virus PCCh], es que no se puede confiar en que China haga lo correcto», reiteró la misma persona.

De hecho, a pesar de la insistencia de más de 100 países, el régimen chino se niega a permitir las investigaciones en su territorio sobre los orígenes y la evolución de la pandemia, que causa cientos de miles de muerto y grandes pérdidas económicas en casi todo el mundo.

Los primeros trabajos de defensa con armas biológicas del ejército chino se vieron en las unidades anti-plaga, empleadas en 1952 durante su participación en la guerra de Corea.

Asimismo, un brote de fiebre hemorrágica a finales del decenio de 1980 en unas instalaciones ubicadas en la provincia de Xinjiang, podría haber sido causada por investigaciones de armas biológicas, según el escritor Ken Alibek, reseñado por Japan Forward.

El BWC entró en vigor desde 1975 y el régimen chino lo firmó en 1984. Al tratado se han adherido 100 países.  

Por otro lado, el Partido Comunista Chino (PCCh) informó en 1988 sobre «maniobras de defensa química en la zona de gran altitud para probar el equipo recién desarrollado», ejecutadas en Tibet, país que se había anexionado décadas antes, de acuerdo con Japan Forward.

Si bien el régimen chino firmó en 1993 la Convención sobre las armas químicas (CWC, por la sigla en inglés) que prohíbe la producción o el almacenamiento de armas químicas, solo la ratificó 4 años después.

Igualmente, un documento publicado en 1996 dijo que se creía que había trabajado con agentes de armas biológicas, causantes de la tularemia, la fiebre Q, la peste, el ántrax y la encefalitis equina oriental.

A su vez, el Examen de la No Proliferación de 2002 indicó que había fábricas de productos biológicos en Wuchang, Chongqing y Kunming, China. También instalaciones de producción de agentes de armas biológicas en Shenyang, Shanghai, Lanzhou y Guangzhou.

Además, habría otras fábricas de material bacteriológico en Yan’an, Xishan y Changchun, de acuerdo con la Dra. Monika Chansoria, una investigadora superior del Instituto de Asuntos Internacionales del Japón en Tokio.

Según fuentes estadounidenses, la actividad de armas biológicas de China ha sido extensa, y un informe de 2010 señaló que se habrían violado las normas del BWC, con actividades de doble uso durante ese período.

A pesar de que el régimen chino declaró sobre sus actividades con las armas químicas a la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW) en La Haya, estas permanecen estrictamente secretas.

La creación de armas biológicas específicamente formuladas contra las minorías étnicas es preocupante. El 92 por ciento de la población china pertenece a la etnia han.

El régimen chino había «admitido la realización de estas actividades [con armas biológicas], lo que no es sorprendente ya que cada una de ellas es claramente indicativa de una intención de emplearlas, en algunos casos contra poblaciones específicas», expresó Paula DeSutter, ex secretaria de Estado adjunta para la verificación, el cumplimiento y la aplicación del BWC, al referirse a un informe del 2011.

«Uno tiene que temblar ante la idea de que el de Wuhan puede haber sido un experimento para probar todos estos artículos en los que estaban trabajando ya en 2011», agregó DeSutter al referirse a la pandemia del virus PCCh del que se acusa al régimen chino, según el Washington Times.

«No tengo la menor duda de que China tiene un programa de armas biológicas», dijo por su parte el Director Ejecutivo del Instituto Australiano de Política Estratégica, Peter Jennings, de acuerdo con Sky News.

«Está claro que tienen la capacidad científica para hacerlo de una manera extremadamente avanzada, como solo un pequeño número de países podrían hacerlas”, insistió Jennings.

Ary Alegre

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