La humanidad está desconcertada y preocupada por lo que acontece en el mundo, pero, de hecho, este caos, aparentemente improvisado, fue planificado hace mucho tiempo.

Un confinamiento obligatorio y masivo, sin un fin determinado, con las calles y negocios vacíos, brindan un escenario ideal para que los “revolucionarios” saqueen y destruyan todo a su paso.

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Las imágenes de los disturbios violentos que acontecen hoy en día recuerdan a la Revolución Francesa, la Comuna de París, la Revolución de Octubre y la usurpación del poder por parte del Partido Comunista chino cuando gobernaba el Partido Nacionalista.

Ahora en los EE. UU., se ven acciones idénticas a las de aquellos movimientos. El común denominador es que son las típicas acciones de los izquierdistas intentando derrocar a un gobierno.

La buena noticia es que la gente de bien puede hacer virar la situación, pero primero tiene que entender cuál es el trasfondo que permitió que se llegara a este paso. Por eso, TierraPura.Org, compartirá, en series, el libro Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo, para que cada uno pueda conocer al verdadero enemigo de la humanidad y pueda posicionarse frente a ello.

AnteriorCómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo – Capítulo 4: Exportar la Revolución

Capítulo 5, Parte 1: Tabla de contenidos

Introducción
1. El comunismo mediante la violencia y la no violencia
2. Guerra de espionaje y desinformación
3. Del New Deal al Progresismo
4. La revolución cultural de Occidente
5. Los movimientos antiguerra y de derechos civiles

Introducción

Las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016 fueron de las más dramáticas en décadas. La campaña estuvo llena de giros e imprevistos que continuaron aun después de las elecciones. El ganador, el candidato republicano Donald Trump, se encontró asediado por una cobertura negativa en la prensa y protestas en ciudades de todo el país. Los manifestantes llevaban pancartas con lemas como “no mi presidente” y declaraban que Trump es racista, machista, xenófobo o nazi. Se exigió que hubiera un recuento y hubo amenazas de destituirlo incluso antes de que asumiera el cargo.

Periodistas de investigación han revelado que muchas de estas protestas fueron instigadas por ciertos grupos de interés. Como se muestra en “America Under Siege: Civil War 2017” (América bajo asedio: Guerra civil 2017), un documental dirigido por Trevor Loudon, investigador radicado en Florida, una significativa proporción de los manifestantes eran “revolucionarios profesionales” con lazos con regímenes comunistas y otros Estados autoritarios, como Corea del Norte, Irán, Venezuela o Cuba. El film también señala el rol de dos prominentes organizaciones socialistas de Estados Unidos: el estalinista Partido Mundial de los Trabajadores y la maoísta Organización Socialista del Camino para la Libertad. [1]

Habiendo investigado al movimiento comunista desde la década de 1980, Loudon determinó que las organizaciones izquierdistas hicieron de Estados Unidos su objetivo principal para la infiltración y la subversión. Los campos de la política, la educación, la prensa y las empresas estadounidenses han virado cada vez más hacia la izquierda bajo la influencia de personas en buenas posiciones. Incluso mientras la gente en todo el mundo festejaba el triunfo del mundo libre después de la Guerra Fría, el comunismo seguía apoderándose furtivamente de instituciones públicas de la sociedad occidental en preparación para su lucha final.

En países orientales como la Unión Soviética o China, el comunismo se manifiesta como un gobierno totalitario que comete asesinatos en masa y destruye la cultura tradicional. Por otro lado, en Occidente ha estado obteniendo el control de manera silenciosa y constante, utilizando la subversión y la desinformación. Erosiona la economía, los procesos políticos, las estructuras sociales y la fibra moral de la humanidad para provocar la degeneración y destrucción de la humanidad.

Estados Unidos es el faro del mundo libre y carga con la misión conferida por lo divino de ser la policía del mundo. La participación de Estados Unidos fue lo que determinó el resultado de las dos guerras mundiales. Durante la Guerra Fría, ante la amenaza del holocausto nuclear, Estados Unidos logró contener al bloque soviético hasta la desintegración de los regímenes comunistas soviéticos y de Europa del Este. 

Los Padres Fundadores de Estados Unidos aplicaron su conocimiento de las tradiciones religiosas y filosóficas de Occidente para escribir la Declaración de la Independencia y la Constitución de Estados Unidos. Estos documentos reconocen que los derechos otorgados al hombre por Dios son autoevidentes –comenzando por la libertad de creencia y de expresión– y establecieron la separación de poderes para garantizar un sistema republicano de gobierno. 

La libertad del hemisferio occidental tiene una dirección directamente contraria al objetivo del comunismo. El comunismo se maquilla con la hermosa visión de una sociedad colectiva e igualitaria para esclavizar y destruir a la humanidad.

Dado que el Partido Comunista no ostenta el poder en países occidentales, apunta a conquistar Occidente mediante la subversión, y hace que sus partidarios se infiltren en todo tipo de organizaciones e instituciones. Hay al menos cinco fuerzas principales dirigiendo la subversión comunista en Occidente.

La primera fuerza de subversión fue la Unión Soviética, que fundó la Tercera Internacional comunista (Comintern) para propagar la revolución en todo el mundo. 

La segunda fuerza fueron los partidos comunistas locales, que trabajaron con el Partido Comunista Soviético y el Comintern.

La tercera fueron las crisis económicas y las revueltas sociales que en las últimas décadas alentaron a muchos gobiernos occidentales a adoptar políticas socialistas, lo que dio como resultado un giro a la izquierda.

La cuarta fuerza fueron quienes simpatizan y apoyan al Partido Comunista y al socialismo. Estos compañeros de viaje sirven al comunismo como una quinta columna de “idiotas útiles” dentro de la sociedad occidental, ayudando a destruir la cultura, sembrar la degeneración moral y socavar a los gobiernos legítimos.

La quinta fuerza es el Partido Comunista Chino (PCCh). Después de que los comunistas chinos implementaran la reforma económica, a partir de los 80, el PCCh estableció intercambios políticos, comerciales y culturales que le dieron la oportunidad de infiltrarse en Occidente.

Dada la naturaleza opaca y sinuosa del comunismo, supera el alcance de esta obra el brindar un informe exhaustivo sobre la infiltración comunista en Occidente. Sin embargo, al entender el panorama general, el lector puede comenzar a ver cómo opera el espectro y aprender a ver a través de sus capas de engaño. Para ser breves, este capítulo ofrece un repaso general del alcance del comunismo en Estados Unidos y Europa occidental.

1. El comunismo mediante la violencia y la no violencia

En el imaginario colectivo, el Partido Comunista es sinónimo de violencia, y con razón. El hecho de que los regímenes comunistas de Rusia y China tomaran el poder mediante la revolución violenta y utilizaran la violencia como una herramienta de represión desvió la atención de las formas menos visibles del comunismo. En el Manifiesto Comunista, Marx y Engels dicen: “Los comunistas desprecian esconder sus perspectivas y objetivos. Ellos declaran abiertamente que sus fines pueden lograrse solo mediante el derrocamiento forzoso de todas las condiciones sociales existentes”. [2]

Según Marx, la revolución comunista empezaría en países capitalistas avanzados, pero Vladimir Lenin creía que podría construirse el socialismo en Rusia, que tenía un desarrollo económico comparativamente más atrasado. La otra contribución importante de Lenin al marxismo fue su doctrina de construcción del partido, que consistía en adoptar las técnicas de coerción, engaño y violencia de las organizaciones criminales y aplicarlas a la teoría socioeconómica marxista. Según Lenin, la clase trabajadora es incapaz de desarrollar una conciencia de clase o de exigir la revolución por sí misma, y por eso una fuerza externa debe convocarla a la acción. Los agentes de la revolución se organizarían en una “vanguardia” proletaria altamente disciplinada: el Partido Comunista.

La Sociedad Fabiana británica, fundada en 1884, un año después de la muerte de Marx, tomó un camino diferente en la lucha por imponer el socialismo. El escudo de armas original de la sociedad describe a un lobo con piel de oveja, y su nombre hace referencia a Quintus Fabius Maximus Verrucosus, el general y dictador de la antigua Roma famoso por sus tácticas dilatadoras en las Guerras Púnicas. El primer panfleto producido por el grupo incluía una nota que decía: “El momento adecuado debes esperar, como Fabius hizo pacientemente mientras en guerra contra Aníbal, aunque muchos censuraron su tardanza; pero llegado el momento debes golpear duro, como Fabius hizo, o tu espera habrá sido en vano e infructífera”. [3]

Para dar lugar gradualmente al socialismo, la Sociedad Fabiana inventó la política de “impregnación” para infiltrarse en la política, las empresas y la sociedad civil. La Sociedad alienta a sus miembros a avanzar en los objetivos socialistas uniéndose a organizaciones adecuadas y congraciándose con importantes figuras como ministros de gabinete, funcionarios de alto rango, empresarios industriales, decanos de universidades o líderes de iglesias. Sidney Webb, un miembro importante de la sociedad, escribió:

Como Sociedad, damos la bienvenida a la adhesión de hombres y mujeres de todas las denominaciones religiosas o de ninguna, insistiendo fuertemente con que el socialismo no es secularismo; y el mismísimo objeto y propósito de toda acción colectiva sensible era el desarrollo del alma individual o la conciencia o el carácter. […] Tampoco confinamos nuestra propaganda al Partido Laborista que emerge lentamente, o a aquellos que estaban preparados para hacerse llamar socialistas, o a los trabajadores manuales o a ninguna clase en particular. Planteamos nuestras propuestas, una por una, de la manera más persuasiva posible, ante todo aquel que las escuche –conservadores cuando tengamos acceso a ellos, las iglesias y capillas de todas las denominaciones, las diversas universidades, y liberales y radicales, junto con las otras Sociedades Socialistas en todo momento. A eso llamamos ‘impregnación’ y fue un descubrimiento importante. [4]

Sea el comunismo violento de Lenin o el comunismo no violento de la Sociedad Fabiana, ambos tienen el mismo objetivo final. El comunismo violento de Lenin no rechaza los medios no violentos. En su libro La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo, Lenin critica a los partidos comunistas de Europa occidental que se rehusaron a cooperar con lo que él llamaba los sindicatos “reaccionarios” o a integrar el parlamento nacional “capitalista”. En su libro, Lenin escribió: “Para un comunista, con un entendimiento correcto de sus propios fines, el arte de la política yace en calcular correctamente las condiciones y el momento en el que la vanguardia del proletariado pueda tomar el poder con éxito. Él debe decidir cuándo, después de esta toma de poder, la vanguardia podrá obtener un apoyo adecuado por parte de un estrato lo suficientemente inclusivo de la clase trabajadora y de la masa trabajadora no proletaria, y cuándo será capaz de mantener, consolidar y extender su supremacía al educar, entrenar y atraer a un círculo aún más amplio de masas trabajadoras”. [5]

Lenin remarcó una y otra vez que los comunistas deben ocultar sus verdaderas intenciones. A fin de tomar el poder, no hay que descartar ninguna promesa ni acuerdo. En otras palabras, para conseguir sus objetivos, pueden ser inescrupulosos. En el camino a obtener el poder, tanto los Bolcheviques de Rusia como el movimiento comunista chino apelaron abundantemente a la violencia y el engaño.

La brutalidad de los regímenes comunistas soviéticos y chinos ha desviado la atención del comunismo no violento que se encuentra en Occidente. La especialidad de la Sociedad Fabiana era el engaño. Eligió a Bernard Shaw, dramaturgo irlandés, para encubrir los verdaderos objetivos del socialismo no violento con una retórica prosaica. Pero la brutalidad permanece, apenas por debajo de la superficie. Shaw escribió, en la última página de su libro Manual de socialismo y capitalismo para mujeres inteligentes: “También dejé bien en claro que el socialismo significa la igualdad de ingresos o nada, y que bajo el socialismo no tendrías permitido ser pobre. Te alimentarían, vestirían, alojarían, enseñarían y emplearían a la fuerza, te guste o no. Si se descubre que no tienes el carácter suficiente para ser digna de todas estas molestias, posiblemente seas amablemente ejecutada”. [6]

Así como un régimen leninista puede encontrar a veces conveniente reducir la brutalidad manifiesta de su régimen, los partidos comunistas occidentales y sus diversas organizaciones de fachada no descartan el empleo de la violencia y otros actos criminales si eso les sirve para avanzar con su agenda política.

2. Guerra de espionaje y desinformación

El comunismo sostiene que la nación es una construcción opresiva de la sociedad de clases, por eso apunta a abolir los conceptos de patriotismo y lealtad nacional. En el Manifiesto Comunista, Marx y Engels proclaman que “los hombres trabajadores no tienen país”. El Manifiesto termina con la nota de “¡Trabajadores de todos los países, uníos!”

Bajo el liderazgo de Lenin, los bolcheviques fundaron el primer régimen socialista en Rusia e inmediatamente establecieron el Comintern para instigar la revolución socialista en todo el mundo. El objetivo de la Unión Soviética y el Comintern era derrocar a los regímenes legítimos de cada nación sobre la Tierra y establecer una dictadura socialista mundial del proletariado. En 1921, la filial del Lejano Oriente del Comintern estableció el PCCh, que tomaría el poder en China en 1949.

Los partidos comunistas de todo el mundo buscaron la guía del Comintern y aceptaron su financiamiento y entrenamiento. Con los recursos de un vasto imperio a su disposición, los bolcheviques reclutaron activistas en todo el mundo y los entrenaron para llevar a cabo operaciones subversivas en sus propios países.

Fundado en 1919, el Partido Comunista de EE. UU. (PCEUA) fue una de esas organizaciones que siguieron al Comintern y a los bolcheviques. Aunque el PCEUA en sí nunca se convirtió en una fuerza política importante, su influencia en Estados Unidos fue de todos modos significativa. El PCEUA confabuló con activistas y organizaciones activistas para infiltrarse en los movimientos de trabajadores y estudiantes, la iglesia y el gobierno.

A fines de los años 50, Fred Schwartz, pionero del pensamiento anticomunista estadounidense, dijo ante el Comité de Actividades Anti-Americanas de la Cámara de Representantes de EE. UU.: “Todo intento por juzgar la influencia de los comunistas en base a sus números es como tratar de determinar la validez del casco de un barco relacionando el sector con agujeros con el sector que está en condiciones. Un agujero puede hundir el barco. El comunismo es la teoría de unos pocos disciplinados que controlan y dirigen al resto. Una persona en una posición crítica puede controlar y manipular a miles de otras”. [7]

Ahora se sabe que había agentes soviéticos activos dentro del gobierno estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. A pesar de esto y de los esfuerzos anticomunistas del senador Joseph McCarthy, políticos y académicos izquierdistas y la prensa de izquierda ocultaron o encubrieron estos hechos al público.

En la década de 1990, el gobierno de EE. UU. desclasificó los Archivos Venona, una colección de comunicaciones soviéticas decodificadas por la inteligencia estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Estos documentos muestran que al menos 300 espías soviéticos estuvieron trabajando en el gobierno de EE. UU., incluyendo funcionarios de alto rango en la administración Roosevelt que tenían acceso a información ultrasecreta. Otros agentes utilizaban sus posiciones para influir en la creación de políticas y la forma de gobernar en Estados Unidos. Entre los espías soviéticos que se descubrieron estaban Harry Dexter White, funcionario del Tesoro de EE. UU; Alger Hiss, funcionario del Departamento de Estado; y Julius y Ethel Rosenberg, la pareja que fue ejecutada en la silla eléctrica por transmitir secretos militares y tecnología atómica a la Unión Soviética.

Las comunicaciones interceptadas y desencriptadas por el Proyecto Venona fueron solo la punta del iceberg; el alcance total de la infiltración soviética en el gobierno de EE. UU. sigue siendo desconocido. Al ocupar puestos gubernamentales de alto rango en EE. UU., algunos agentes soviéticos tuvieron la oportunidad de influir en importantes decisiones políticas.

Alger Hiss, que se desempeñó como director de la Oficina de Asuntos Políticos Especiales del Departamento de Estado, tuvo un rol clave como consejero del presidente Franklin D. Roosevelt durante la Conferencia de Yalta a finales de la Segunda Guerra Mundial. Él ayudó a determinar los arreglos territoriales de posguerra, a redactar el borrador de la Carta de las Naciones Unidas, a decidir el intercambio de prisioneros, y demás.

Harry Dexter White fue un asistente de confianza del secretario del Tesoro Henry Morgenthau Jr. Ayudó a crear los acuerdos financieros internacionales de Bretton Woods en 1944 y fue uno de los arquitectos del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. White incentivó al Partido Nacionalista Chino (Kuomintang) para que incorporara en el Ministerio de Finanzas chino a Yi Zhaoding, un miembro oculto del PCCh. Después de asumir su cargo en 1941, Yi fue el arquitecto de desastrosas reformas monetarias que dañaron la reputación del Kuomintang y beneficiaron el ascenso del PCCh [8]. Algunos historiadores argumentan que la influencia de los espías soviéticos y sus simpatizantes izquierdistas en la política exterior norteamericana llevó a que Estados Unidos pusiera fin a la ayuda militar que brindaba al Kuomintang durante la Guerra Civil China tras la Segunda Guerra Mundial. Así fue que China continental cayó en manos del PCCh. [9]

Whittaker Chambers, informante soviético y asociado del PCEUA que luego desertó y testificó contra otros espías, dijo: “Los agentes de una potencia enemiga estaban en posición de hacer mucho más que robar documentos. Estaban en una posición de influencia sobre la política exterior de la nación a favor de los intereses del principal enemigo de la nación, y no solo en ocasiones excepcionales, […] sino en lo que debe haber sido una abrumadora suma de decisiones día a día”. [10]

Yuri Bezmenov, un agente de la KGB que desertó en Occidente en 1970, abordó los métodos soviéticos de subversión en sus escritos y entrevistas. De acuerdo con Bezmenov, los espías al estilo James Bond de la cultura popular, que hacían explotar puentes o se escabullían robando documentos secretos, no podrían estar más lejos de la realidad. Solo entre el 10 y el 15 por ciento del personal y los recursos de la KGB estaban asignados a las operaciones de espionaje tradicional, y el resto era para la subversión ideológica.

Bezmenov decía que la subversión tiene cuatro etapas: desmoralización, desestabilización, crisis y “normalización”. El primer paso se centra en usar una generación para subvertir la percepción de la realidad y desmoralizar al país enemigo; el segundo es crear caos social; el tercero es instigar una crisis que lleve a la guerra civil, a una revolución o a una invasión de otro país; culminando con el cuarto y último paso de poner al país bajo el control del Partido Comunista. Esto se llama normalización.

Bezmenov, alias Thomas Schumann, enumeró tres campos de subversión –o desmoralización– dentro de la primera etapa: ideas, estructuras y vida. Las ideas incluyen la religión, la educación, los medios de comunicación y la cultura. Las estructuras incluyen la administración del gobierno, el sistema legal, el orden público, las fuerzas armadas y la diplomacia. La vida abarca la familia y las comunidades, la salud y las relaciones entre personas de diferentes razas y clases sociales.

Como ejemplo, Bezmenov explicó cómo el concepto de igualdad fue manipulado para crear agitación social. Los agentes promueven la causa del igualitarismo, haciendo que la gente esté descontenta con sus circunstancias políticas y económicas. El activismo y la agitación social van acompañados de un estancamiento económico, lo que exacerba las relaciones laborales y de capital en un ciclo deteriorante de desestabilización. Esto culmina en una revolución o en una invasión de fuerzas comunistas. [11]

Otro desertor, Ion Mihai Pacepa, el oficial de inteligencia de mayor rango en desertar del bloque soviético, escapó a Estados Unidos en 1978. Luego expuso cómo los regímenes comunistas adoptaron estrategias de guerra psicológica y desinformación contra países occidentales como parte de la primera etapa. De acuerdo con Pacepa, el propósito de la desinformación era alterar el marco de referencia de la gente. Con los valores ideológicos manipulados, la gente no sería capaz de entender o aceptar la verdad incluso si esta fuera presentada con evidencia directa. [12]

Bezmonov decía que la primera etapa de subversión ideológica generalmente tomaba entre 15 y 20 años –es decir, el tiempo necesario para educar una nueva generación–, la segunda etapa tomaba de dos a cinco años, y la tercera etapa era de solo dos a seis meses. En una entrevista que dio en 1984, Bezmenov dijo que la primera etapa había sido lograda a un grado mayor al que habían planeado originalmente las autoridades soviéticas.

Los testimonios de muchos espías y oficiales de inteligencia soviéticos y documentos desclasificados de la Guerra Fría sugieren que las tácticas de infiltración y subversión fueron la fuerza impulsora detrás del movimiento contracultura de la década de 1960.

En 1950, el senador Joseph McCarthy comenzó a exponer el alcance de la infiltración comunista en el gobierno y la sociedad de EE. UU. Pero cuatro años después, el Senado votó por censurarlo y la iniciativa del gobierno de deshacerse de la influencia comunista quedó interrumpida. Hoy en día, el McCartyismo es sinónimo de persecución política –una indicación de que la izquierda ha tenido éxito en dominar la lucha ideológica.

La infiltración comunista no ha disminuido con el colapso de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría. Los izquierdistas luchan con uñas y dientes para proteger a adúlteros, abortistas, criminales y comunistas, mientras apoyan la anarquía y se oponen a la civilización.

3. Del New Deal al Progresismo

El jueves 24 de octubre de 1929, hubo pánico en la bolsa de valores de Nueva York y se vendieron un récord de 12.9 millones de acciones. La crisis se diseminó desde el sector financiero a toda la economía, y la Gran Depresión que le siguió no dejó afuera a ninguna de las naciones industrializadas ni a ningún país en vías de desarrollo. La tasa de desempleo en EE. UU., que era del 3% en 1929, se disparó hasta un cuarto de la población laboral para 1933. Aparte de la Unión Soviética, la producción industrial en los principales países industriales cayó un promedio del 27%. [13]

A comienzos de 1933, dentro de los 100 primeros días de la presidencia de Roosevelt, se presentaron muchos proyectos de ley relacionados con resolver la crisis. Las políticas incrementaron la intervención del Gobierno en la economía y el Congreso aprobó reformas importantes, incluyendo la Ley de Emergencia Bancaria, la Ley de Ajuste Agrícola, la Ley de Recuperación de la Industria Nacional y la Ley de Seguridad Social. Aunque en esencia el New Deal (“Nuevo acuerdo”) de Roosevelt en esencia se disolvió al comenzar la Segunda Guerra Mundial, muchas de las instituciones y organizaciones que emergieron en ese periodo continuaron moldeando la sociedad estadounidense hasta la actualidad.

Roosevelt firmó más órdenes ejecutivas en promedio cada año que el número total de decretos similares emitidos por el resto de los presidentes en el siglo XX. Sin embargo, la tasa de desempleo de EE. UU. no cayó por debajo de los dos dígitos hasta 1941, cuando se estaba desarrollando la guerra. El verdadero efecto del New Deal fue poner al Gobierno de EE. UU. en una trayectoria de impuestos altos, gobierno grande e intervencionismo económico.

En su libro de 2017, The Big Lie: Exposing the Nazi Roots of the American Left (La Gran Mentira: Exponiendo las raíces nazis de la izquierda estadounidense), el pensador conservador Dinesh D’Souza argumenta que la Ley de Recuperación de la Industria Nacional, que fue una de las piezas centrales del New Deal de Roosevelt, significó en esencial el fin del libre mercado en EE. UU. [14]

De acuerdo con FDR’s Folly, un libro de 2003 escrito por el historiador Jim Powell, el New Deal prolongó la Gran Depresión en lugar de terminarla: la Ley de Seguridad Social y leyes laborales incentivaron un mayor desempleo, mientras que los altos impuestos agobiaron a empresas saludables, y demás [15]. Milton Friedman, economista y ganador del Premio Nobel, elogió la obra de Powell y dijo: “A decir verdad –tal como lo demuestra Powell sin un dejo de dudas– el New Deal obstaculizó la recuperación después de la contracción, prolongó y sumó desempleo, y preparó el escenario para un gobierno aún más intrusivo y costoso”. [16]

El presidente Lyndon Johnson, quien asumió el cargo luego del asesinato del presidente John F. Kennedy en 1963, declaró la “guerra contra la pobreza y el desempleo humanos” en su discurso del Estado de la Unión de 1964 y lanzó los programas nacionales de la Gran Sociedad. En un corto periodo, Johnson emitió una serie de órdenes ejecutivas, estableció nuevas agencias de gobierno, reforzó el Estado de ayuda social, aumentó los impuestos y expandió drásticamente la autoridad del gobierno.

Es interesante notar las similitudes entre las medidas administrativas de Johnson y los objetivos delineados en la literatura comunista de la época. Gus Hall, exsecretario general del PCEUA, dijo: “La actitud comunista hacia la Gran Sociedad se puede resumir con el viejo dicho de que dos hombres durmiendo en la misma cama pueden tener sueños diferentes. […] Nosotros apoyamos todas las medidas porque soñamos con el socialismo”.

La “misma cama” de Hall se refiere a las políticas de Johnson de la Gran Sociedad. Aunque el PCEUA también apoyó la iniciativa de la Gran Sociedad, la intención de la administración de Johnson fue mejorar a Estados Unidos bajo el sistema democrático, mientras que la intención del Partido Comunista fue acercar a Estados Unidos hacia el socialismo.

Las consecuencias más serias de la Gran Sociedad y la Guerra contra la Pobreza son tres: aumentaron la dependencia en la ayuda social, alentaron a la gente a no trabajar y dañaron la estructura familiar. Las políticas de ayuda social favorecieron a las familias monoparentales, promoviendo así el divorcio y los hijos extramaritales. Según las estadísticas, la tasa de niños nacidos fuera del matrimonio en 1940 era de 3.8%; para 1965, esta cifra se incrementó al 7.7%. En 1990, 25 años después de la reforma de la Gran Sociedad, la cifra era del 28% y en 2012 aumentó al 40% [17]. Estas políticas afectaron de manera desproporcionada a las minorías, especialmente a los afroamericanos.

La desintegración de la familia trajo consigo una serie de consecuencias generalizadas, como una mayor carga financiera para el gobierno, una elevada tasa de delitos, el deterioro de la educación familiar, pobreza generacional y una mentalidad de subsidio, lo que llevó a una mayor tasa de desempleo voluntario.

Una frase atribuida al historiador y jurista escocés Lord Alexander Fraser Tytler dice: “Una democracia no puede existir como forma permanente de gobierno. Solo puede existir hasta que la mayoría descubra que puede votar por las dádivas del tesoro público. A partir de ese momento, la mayoría siempre vota al candidato que les prometa más beneficios del tesoro público, con el resultado de que la democracia colapsa por la resultante política fiscal relajada, y siempre le sigue una dictadura, luego una monarquía” [18]. A veces también se atribuye una variante de esta frase al historiador francés Alexis de Tocqueville.

Como dice un dicho chino, “Ir del ahorro a la extravagancia es fácil, de la extravagancia al ahorro es difícil”. Luego de que la gente desarrolla una dependencia a la ayuda social, se vuelve casi imposible para el gobierno reducir la escala y el tipo de beneficios. El Estado benefactor de Occidente se ha convertido en un lodazal político para el cual ni políticos ni funcionarios tienen solución.

En la década de 1970, la extrema izquierda abandonó los términos revolucionarios que ponían en guardia al pueblo estadounidense y los reemplazó con el “liberalismo” y el “progresismo”, que suenan más neutrales. La gente que vivió en países comunistas conocen bien al último, ya que “progreso” ha sido utilizado por el Partido Comunista casi como un sinónimo de “comunismo”. Por ejemplo, el término “movimiento progresista” hacía referencia al “movimiento comunista”, e “intelectuales progresistas” hacía referencia a “personas procomunistas” o a miembros ocultos del Partido Comunista.

Mientras tanto, el liberalismo no es en esencia diferente al progresismo, ya que conlleva la misma connotación de impuestos altos; cada vez más ayuda social; gobierno grande; rechazo a la religión, la moral y la tradición; el uso de la “justicia social” como arma política; “corrección política”; y la promoción militante del feminismo, la homosexualidad, la perversidad sexual, y demás.

No es nuestra intención apuntar el dedo a ninguna figura política o persona, ya que es realmente difícil hacer un análisis y un juicio correctos en medio de complejos desarrollos históricos. Es claro que el espectro del comunismo ha estado en operación tanto en Oriente como en Occidente desde comienzos del siglo XX. Cuando la revolución violenta tuvo éxito en Oriente, propagó la influencia del comunismo en los gobiernos y sociedades de Occidente, haciéndolos moverse hacia la izquierda.

Tras la Gran Depresión, Estados Unidos adoptó políticas cada vez más socialistas, como el Estado de ayuda social, al tiempo que el ateísmo y el materialismo erosionaron la fibra moral de la sociedad norteamericana. La gente se fue alejando de Dios y de la moral tradicional, volviéndose así más débiles para resistir el engaño del espectro comunista.

4. La revolución cultural de Occidente

La década de 1960, que fue un punto de inflexión en la historia moderna, vio cómo un movimiento de contracultura sin precedentes barrió de Oriente a Occidente. En contraste con la Revolución Cultural del PCCh, el movimiento de contracultura occidental parecía tener múltiples enfoques, o más bien, carecer de enfoque.

Desde mediados de los años 60 a mediados de los 70, la mayoría de los participantes jóvenes del movimiento de contracultura estuvieron motivados por varias búsquedas. Algunos se oponían a la Guerra de Vietnam, algunos luchaban por derechos civiles, algunos abogaban por el feminismo y condenaban el patriarcado, algunos peleaban por los derechos de los homosexuales. Para rematar esto emergió un cegador espectáculo de movimientos contra la tradición y la autoridad que abogaban por la libertad sexual, el hedonismo, los narcóticos y la música de rock.

El objetivo de esta Revolución Cultural Occidental era destruir la civilización cristiana recta y su cultura tradicional. Aunque parecía ser desordenado y caótico, este cambio cultural internacional provino del comunismo. Los jóvenes participantes del movimiento reverenciaban a “los Tres M”: Marx, Marcuse y Mao.

Herbert Marcuse era un miembro clave de la Escuela de Frankfurt, un grupo de intelectuales marxistas asociados con el Instituto de Investigación Social, establecido en 1923 en lo que en aquella época se llamaba la Universidad de Frankfurt. Sus fundadores utilizaban el concepto de “teoría crítica” para atacar la civilización occidental y aplicar el marxismo en la esfera cultural.

Uno de los fundadores de la escuela fue el marxista húngaro György Lukács. Él dijo que el propósito de la escuela era responder a la pregunta de “¿Quién nos salvará de la civilización occidental?” [19]. Al explayarse sobre esto, dijo que consideraba que Occidente era culpable de crímenes genocidas contra cada civilización y cultura que encontró. La civilización estadounidense y la occidental, según Lukács, son los depósitos más grandes del mundo de racismo, machismo, nativismo, xenofobia, antisemitismo, fascismo y narcisismo. Así se pavimentó el camino a la “corrección política”.

En 1935, los marxistas de la Escuela de Frankfurt se trasladaron a Estados Unidos y se afiliaron a la Universidad de Columbia en Nueva York. Esto les dio una apertura para diseminar sus teorías en suelo estadounidense. Con la asistencia de otros académicos de izquierda, corrompieron varias generaciones de la juventud estadounidense.

Al combinar el marxismo con el pansexualismo freudiano, las teorías de Marcuse catalizaron el movimiento de liberación sexual. Marcuse creía que la represión de la naturaleza propia en la sociedad capitalista entorpecía la liberación y la libertad. Por lo tanto, era necesario oponerse a todas las religiones, moralidad, orden y autoridad tradicionales a fin de transformar la sociedad en una utopía de placer sin límites y sin esfuerzos.

La famosa obra de Marcuse Eros y la civilización: Una investigación filosófica sobre Freud ocupa un lugar importante en la vasta cantidad de obras de los académicos de Frankfurt, por dos razones específicas: primero, el libro combina los pensamientos de Marx y Freud y convierte la crítica de Marx hacia la política y la economía en una crítica a la cultura y la psicología. Segundo, el libro tendió un puente entre los teóricos de Frankfurt y los jóvenes lectores, lo que posibilitó la rebelión cultural de los años 60.

Marcuse dijo que el movimiento de contracultura puede ser llamado “una revolución cultural, dado que la protesta está dirigida hacia todo el establishment cultural, incluida la moral de la sociedad existente”. Y continuó: “Hay una cosa que podemos decir con total seguridad: la idea tradicional de revolución y la estrategia tradicional de revolución han terminado. Estas ideas son anticuadas. […] Lo que debemos emprender es un tipo de desintegración difusa y dispersa del sistema”. [20]

Pocos entre los jóvenes rebeldes podían comprender las teorías arcanas de la Escuela de Frankfurt, pero las ideas de Marcuse eran simples: ser antitradición, antiautoridad y antimoral. Entregarse al sexo, las drogas y el rock and roll sin restricciones. Incluso acuñó la frase “Hacer el amor, no la guerra”. Mientras uno dijera “no” a toda autoridad y a las normas sociales, uno contaría como un participante de la “noble” causa revolucionaria. Era tan simple y fácil convertirse en revolucionario; no es de sorprender que haya atraído a tantos jóvenes de ese tiempo.

Debe enfatizarse que si bien muchos de los jóvenes rebeldes actuaron por su propia voluntad, los líderes estudiantiles más radicales al frente del movimiento habían sido entrenados y manipulados por comunistas extranjeros. Por ejemplo, los líderes de Estudiantes por una Sociedad Democrática (ESD), una organización de estudiantes activistas de Estados Unidos, fueron entrenados por agentes del espionaje cubano, según informes del FBI.

Las protestas estudiantiles antiguerra fueron organizadas a instigadas directamente por grupos comunistas. Uno de estos grupos era la organización de extrema izquierda Weather Underground, que entró en escena cuando la ESD colapsó en 1969. En una declaración de ese año, Weather Underground usó esta frase: “La contradicción entre los pueblos revolucionarios de Asia, África y Latinoamérica y los imperialistas liderados por Estados Unidos es la contradicción principal en el mundo contemporáneo. El desarrollo de esta contradicción es promover la lucha del pueblo de todo el mundo contra el imperialismo de EE. UU. y sus lacayos”.  

Estas palabras fueron escritas por Lin Biao, el entonces segundo líder más poderoso de la China comunista, en su serie de artículos llamada “¡Larga vida a la victoria de la guerra del pueblo!”. [21]

Así como la Revolución Cultural causó un daño irreversible a la cultura tradicional china, el movimiento de contracultura causó una agitación titánica en la sociedad occidental. Primero, normalizó muchas subculturas que pertenecían a los sectores bajos de la sociedad o que eran variaciones desviadas de la cultura dominante. La liberación sexual, las drogas y el rock and roll rápidamente erosionaron los valores morales de la juventud y la convirtieron en una fuerza corrosiva que estaba en contra de Dios, en contra de la tradición y en contra de la sociedad.

Segundo, el movimiento de contracultura sentó un precedente para el activismo caótico y fomentó un amplio rango de formas de pensar antisociales y antiestadounidenses, preparando el camino para las protestas callejeras y la guerra cultural que llegarían más tarde.

Tercero, luego de que los jóvenes de los años 60 terminaron su vida activista, ingresaron a las universidades e institutos de investigación, completaron sus doctorados y maestrías y se incorporaron a la corriente principal de la sociedad estadounidense. Llevaron consigo la perspectiva marxista y sus valores, influyendo la educación, los medios de comunicación, la política y los negocios, e impulsando la revolución no violenta a lo largo del país.

Desde los años 80, la izquierda acaparó el poder y estableció baluartes en los medios de comunicación, el sector académico y Hollywood. La presidencia de Ronald Reagan revirtió brevemente esta tendencia, solo para que se reanudara en los años 90 y alcanzara la cima en años recientes.

5. Los movimientos antiguerra y de derechos civiles

En la novela 1984, de George Orwell, uno de los ministerios principales de Oceanía es el Ministerio de la Paz, que supervisa los asuntos militares del Partido. El significado invertido de su nombre apunta a una estrategia utilizada por los comunistas: cuando la fuerza de uno es inferior a la del enemigo, hay que proclamar el deseo de paz. Extender una ofrenda de paz es la mejor forma de esconder un ataque inminente.

La Unión Soviética y otros países comunistas fueron y continúan siendo adeptos a esta estrategia, que se emplea para infiltrar Occidente. Poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial –cuando Estados Unidos aún era el único país capaz de producir y utilizar una bomba atómica– se formó el Consejo Mundial de la Paz. Su primer presidente fue el físico francés Frédéric Joliot-Curie, miembro del Partido Comunista Francés. 

Habiendo sufrido grandes pérdidas en la guerra, la Unión Soviética promovió agresivamente la paz mundial como una estratagema para limitar la presión de Occidente. El Consejo Mundial de la Paz estaba bajo la influencia directa del Comité Soviético para la Defensa de la Paz, una organización afiliada al Partido Comunista Soviético. El consejo inició una campaña mundial de propaganda que proclamaba que la Unión Soviética era un país que amaba la paz y condenaba a Estados Unidos como un belicista hegemónico. La “lucha por la paz”, un latiguillo promocionado por el funcionario soviético de alto rango y líder ideológico Mijaíl Suslov, se convirtió en un elemento constante de la retórica soviética.

“El movimiento antibélico actual da testimonio de la voluntad y disposición de las grandes masas del pueblo para salvaguardar la paz y evitar que los agresores sumerjan a la humanidad en el abismo de otra masacre”, escribió Suslov en un panfleto de propaganda de 1950. “La tarea ahora es convertir esta voluntad de las masas en acciones activas y concretas que apunten a frustrar los planes y medidas de los instigadores de guerra angloamericanos”. [22]

La “paz mundial” se convirtió en uno de los primeros frentes comunistas en la guerra de opinión pública contra el mundo libre. La Unión Soviética patrocinó una multitud de organizaciones y grupos para impulsar los objetivos comunistas, tales como la Federación Sindical Mundial, la Federación Internacional de Mujeres, la Federación Internacional de Periodistas, la Federación Mundial de la Juventud Democrática, la Asociación Mundial de Científicos.

En 1982, Vladimir Bukovsky, un prominente disidente soviético, escribió: “Los miembros de la generación más vieja aún pueden recordar las marchas, los actos y las peticiones de los años 1950 […] Difícilmente sea ahora un secreto que toda la campaña fue organizada, dirigida y financiada desde Moscú, a través del llamado Fondo para la Paz y el Consejo Mundial de la Paz dominado por los soviéticos […]” [23]

Gus Hall, ex Secretario General del Partido Comunista de EE. UU., dijo: “Hay una necesidad de expandir la lucha por la paz, incrementar su nivel, involucrar a números mucho más grandes, convertirla en un tema de cada comunidad, cada organización de personas, cada sindicato, cada iglesia, cada hogar, cada calle, cada lugar en el que se reúna nuestra gente […]” [24]

Los soviéticos impulsaron el movimiento de “lucha por la paz” en tres olas durante la Guerra Fría, la primera comenzó en los años 50. La segunda ola fue el movimiento antibélico de los 60 y los 70. Stanislav Lunev, exoficial del GRU (inteligencia militar) soviético que desertó a Estados Unidos en 1992, dijo que “el GRU y la KGB ayudaron a financiar casi todos los movimientos y organizaciones antiguerra en Estados Unidos y otros países”. [25]

Ronald Radosh, exmarxista y activista durante el movimiento anti Guerra de Vietnam, admitió que “nuestra intención nunca fue tanto la de terminar la guerra, sino la de usar el sentimiento antibélico para crear un nuevo movimiento socialista revolucionario en casa”. [26]

El tercer gran movimiento antibélico tuvo lugar a principios de los años 80, cuando Estados Unidos desplegó estratégicamente misiles nucleares de rango intermedio en Europa. Los manifestantes antiguerra exigieron que tanto la Unión Soviética como Estados Unidos limitaran sus arsenales nucleares, y en 1987 se formó el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF). Dada la falta de libertad de expresión y transparencia política en el bloque soviético, los términos del tratado solo podían garantizarse eficazmente en el Occidente democrático. Tras la Guerra Fría y el inicio de la Guerra contra el Terrorismo, las organizaciones con lazos comunistas o de izquierda radical siguieron desempeñando un papel importante en la dirección del movimiento antibélico de Estados Unidos. [27]

Los comunistas también se esforzaron por apropiarse del movimiento por los derechos civiles en EE. UU. Ya a fines de los años 1920, el Partido de los Trabajadores comunista creía que había un gran potencial para la revolución entre los estadounidenses negros [28]. Un manual de propaganda comunista publicado en 1935, “Los negros en la América soviética”, proponía una revolución racial en el Sur, incluyendo el establecimiento de una República Negra, combinada con la revolución proletaria general. [29]

En los años 60, elementos del movimiento por los derechos civiles tuvieron el apoyo de los partidos comunistas soviético y chino. Las organizaciones extremistas Movimiento de Acción Revolucionaria y el Panteras Negras maoísta tuvieron el apoyo o estaban directamente influenciadas por el PCCh. En el verano de 1965, varias ciudades americanas fueron arrasadas por revueltas raciales. Después de que Leonard Patterson renunció al Partido Comunista de EE. UU., testificó que los líderes de las violentas organizaciones afroamericanas disfrutaban de un fuerte apoyo del Partido. Tanto él como Hall habían recibido entrenamiento en Moscú. [30]

Ya sea en su estructura organizativa o su programa ideológico, el Partido de las Panteras Negras admiraba al PCCh como su modelo a seguir, con lemas de Mao tales como “el poder político crece del cañón de un arma” y “todo el poder pertenece al pueblo”. Ningún miembro podía dejar de leer el Pequeño Libro Rojo de Mao. Al igual que el PCCh, las Panteras Negras abogaban por la revolución violenta. Uno de los líderes de las Panteras, Eldridge Cleaver, predijo en 1968 una ola de terror, violencia y guerra de guerrillas. En muchas reuniones de negros, los participantes agitaban el Pequeño Libro Rojo, imitando a los Guardias Rojos que hacían lo mismo en China. [31]

El movimiento de derechos civiles logró que las relaciones raciales se incorporaran al debate público y ayudó a los estadounidenses a sanar algunas de las divisiones más profundas de la nación por medios pacíficos, como leyes, manifestaciones, boicots y educación. Sin embargo, los revolucionarios de izquierda han seguido utilizando el conflicto racial como un trampolín para sus planes radicales. [32]

Referencias

1. Joseph (Jake) Klein, “An Interview With Trevor Loudon,” Capital Research Center, February 24, 2017, accessed on April 16, 2020, https://capitalresearch.org/article/an-interview-with-trevor-loudon.

2. Karl Marx and Friedrich Engels, “Manifesto of the Communist Party,” in Marx & Engels Selected Works, vol. 1, trans. Samuel Moore, ed. Andy Blunden (Moscow: Progress Publishers, 1969), Marxists Internet Archive, accessed April 17, 2020, https://www.marxists.org/archive/marx/works/1848/communist-manifesto/ch04.htm.

3. “Our History,” Fabian Society, accessed March 6, 2020, https://fabians.org.uk/about-us/our-history.

4. Mary Agnes Hamilton, Sidney and Beatrice Webb: A Study in Contemporary Biography (London: Sampson Low, Marston & Co., 1932).

5. V. I. Lenin, ‘Left Wing’ Communism: An Infantile Disorder. (Moscow: Foreign Languages Publishing House, 1952), 47.

6. George Bernard Shaw, The Intelligent Woman’s Guide to Socialism and Capitalism (New York: Brentano’s Publishers, 1928), 470.

7. US Congress, House, Committee on Un-American Activities, Communist Legal Subversion: The Role of the Communist Lawyer: Report, 86th Cong., 1st sess., February 16, 1959.

8. John Earl Haynes and Harvey Klehr, Venona: Decoding Soviet Espionage in America (New Haven: Yale University Press, 1999), 138–145.

9. M. Stanton Evans and Herbert Romerstein, Stalin’s Secret Agents: The Subversion of Roosevelt’s Government (New York: Threshold Editions, 2012).

10. Whittaker Chambers, Witness (New York: Random House, 1952).

11. Tomas Schuman (Yuri Bezmenov), Love Letter to America (Los Angeles: Maxims Books, 1984), 21–46.

12. Ion Mihai Pacepa and Ronald J. Rychlak, Disinformation: Former Spy Chief Reveals Secret Strategies for Undermining Freedom, Attacking Religion, and Promoting Terrorism (Washington, DC: WND Books Inc., 2013).

13. Bureau of the Census, Historical Statistics of the United States: Colonial Times to 1970, Part 2, accessed on April 16, 2020, https://www.census.gov/history/pdf/1930-39unemployment.pdf.

14. Dinesh D’Souza, The Big Lie: Exposing the Nazi Roots of the American Left (Washington, DC: Regnery Publishing, 2017).

15. Jim Powell, FDR’s Folly: How Roosevelt and His New Deal Prolonged the Great Depression (New York: Crown Forum, 2003).

16. Milton Friedman, as quoted in Powell, FDR’s Folly, back cover.

17. Nicholas Eberstadt, “The Great Society at 50: What LBJ wrought,” American Enterprise Institute, May 9, 2014, accessed on April 16, 2020, https://www.aei.org/articles/the-great-society-at-50.

18. Elmer T. Peterson, “This Is the Hard Core of Freedom,” The Daily Oklahoman, December 9, 1951.

19. William S. Lind, ‘Political Correctness:’ A Short History of an Ideology (Washington, DC: Free Congress Foundation, 2004), 4–5.

20. Ibid., 10.

21. Lin Biao, “Defeat U.S. Imperialism and Its Lackeys by People’s War,” in Long Live the Victory of People’s War! (Beijing: Foreign Language Press, 1965).

22. Mikhail Suslov, “The Defense of Peace and the Struggle Against the Warmongers” (New Century Publishers, February 1950), Marxists Internet Archive, accessed April 17, 2020, https://www.marxists.org/archive/suslov/1949/11/x01.htm.

23. Vladimir Bukovsky, “The Peace Movement & the Soviet Union,” Commentary Magazine, May 1982, accessed April 17, 2020, https://www.commentarymagazine.com/articles/the-peace-movement-the-soviet-union.

24. US Congress, Congressional Record: Proceedings and Debates, 88th Cong., 1st sess., Vol. 109, Part 1, January 9, 1963–January 30, 1963.

25. Stanislav Lunev and Ira Winkler, Through the Eyes of the Enemy: The Autobiography of Stanislav Lunev (Washington, DC: Regnery Publishing, 1998).

26. Ronald Radosh, as quoted in Robert Chandler, Shadow World: Resurgent Russia, the Global New Left, and Radical Islam (Washington, DC.: Regnery Publishing, 2008), 389.

27. “AIM Report: Communists Run Anti-War Movement,” Accuracy in Media, February 19, 2003, https://www.aim.org/aim-report/aim-report-communists-run-anti-war-movement.

28. John Pepper (Joseph Pogani), American Negro Problems (New York: Workers Library Publishers, 1928), Marxists Internet Archive, accessed April 17, 2020, https://www.marxists.org/history/usa/parties/cpusa/1928/nomonth/0000-pepper-negroproblems.pdf.

29. James W. Ford and James S. Allen, The Negroes in a Soviet America (New York: Workers Library Publishers, 1935), 24–30.

30. Leonard Patterson, “I Trained in Moscow for Black Revolution,” Speakers Bureau of the John Birch Society, YouTube video, posted by Swamp Yankee, August 20, 2011, https://www.youtube.com/watch?v=GuXQjk4zhZs.

31. G. Louis Heath, ed., Off the Pigs! The History and Literature of the Black Panther Party (Metuchen, NJ: Scarecrow Press, 1976), 61.

32. Thurston Powers, “How Black Lives Matter Is Bringing Back Traditional Marxism,” The Federalist, September 28, 2016, http://thefederalist.com/2016/09/28/black-lives-matter-bringing-back-traditional-marxism.

«Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo» es un libro del equipo editorial de Nueve comentarios sobre el Partido Comunista chino.

Artículo original publicado por Epoch Times (español) AQUÍ.

Continúa con: Cómo el espectro del comunismo rige nuestro mundo – Capítulo 5, parte 2: Infiltración en Occidente

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