El Secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, advirtió este viernes a los europeos que abandonarían sus valores si abrazan al régimen comunista chino, denunciándolo como un «actor deshonesto» empeñado en la dominación mundial.

Las declaraciones las hizo durante una intervención virtual en la cumbre sobre la democracia en Copenhague, Dinamarca.

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Lee el discurso completo aquí:

SECRETARIO POMPEO: Anders, muchas gracias. Agradezco la cálida bienvenida. Es muy grato estar hoy con todos ustedes, y saludo también a la Cumbre por la Democracia de Copenhague. Es un gran honor estar con ustedes y con el secretario general Rasmussen, un amigo de los pueblos de todo el mundo que veneran la libertad. 

No sé si todos están al tanto, pero en lo que respecta a fortalecer las relaciones transatlánticas, Anders realmente hace lo que dice. Sus hijos y sus tres bellos nietos viven aquí en Estados Unidos. Son ciudadanos estadounidenses. Me alegra que haya Rasmussen que nos unan desde ambos lados del Atlántico. Gracias por recibirme hoy.

Cuando Anders me envió la invitación, dije que sí de inmediato. Son muchas las conferencias en las que todos participamos que hablan sobre las cosas que están mal en el mundo. Quisiera enfocarme en las cosas buenas que sí ocurren en el mundo hoy, lo que se hizo bien, y esa es la democracia, como la conocemos. El desafío radica en cómo preservarla. No hay objetivo más noble para todos nosotros.

Pasé algunos años de mi vida —hace ya décadas, cuando era un joven soldado destinado a Alemania— patrullando la Cortina de Hierro. He visto la tiranía en primera persona en mi anterior función como director de la CIA, y ahora como actual Secretario de Estado de los Estados Unidos de América, he lidiado con todo tipo de regímenes donde no se reconoce la libertad.

Primer principio: no hay nada valiente ni visionario en oprimir a hombres y mujeres compatriotas. La democracia es el único sistema de gobierno que honra la dignidad humana y la libertad personal y el progreso de la humanidad. El corolario de esto es que el capitalismo es el mayor programa contra la pobreza de toda la historia. 

Quisiera hacer algunos breves comentarios y luego responderé a las preguntas que tengan.

En primer lugar, la idea de que Europa está siendo obligada a elegir entre Estados Unidos y China. Quisiera detenerme un poco sobre eso.

En segundo lugar, la creencia de que comprometer los valores propios no tiene costo alguno. 

Donde sea que vaya, hablo con mis pares y con audiencias como esta sobre la realidad de lo que observamos en el mundo, sobre todo en China. Lo he hecho en Europa, en el Ártico, en Asia Central, en África… también en las Islas del Pacífico.

Por muchos años, Occidente, durante un período de esperanza, creyó que podíamos lograr que el Partido Comunista Chino cambiara y, en este proceso, mejorara la vida del pueblo chino. Esa fue la negociación. Esa fue la apuesta.

La tendencia creciente hacia la democracia en Europa del Este y en la ex Unión Soviética hace 30 años nos hizo creer —tal vez razonablemente— que era inevitable que la libertad se propagara a todas las naciones. Y entonces nos comprometimos con ese objetivo. Nos abrimos a un régimen autoritario que sabíamos que era hostil a los valores democráticos.

En este proceso, el Partido Comunista Chino hizo una apuesta. Apostó que podría sacar provecho de nuestra buena voluntad y, al mismo tiempo, asegurarnos que les interesaba mantener una relación de cooperación. En palabras de Deng Xiaoping: “Esconde tu fortaleza” y “gana tiempo”.

Me he referido anteriormente a por qué esto ha ocurrido. Es una historia complicada. No es relevante quién tiene la culpa. No es importante.

Durante décadas, empresas estadounidenses y europeas invirtieron en China con inmenso optimismo. Yo tuve una pequeña empresa, que incluso llegó a contar con una representación en China. Tercerizábamos nuestras cadena de suministro a sitios como Shenzhen. Abrimos nuestras instituciones educativas a estudiantes afiliados al Ejército Popular de Liberación. Recibimos favorablemente las inversiones realizadas con respaldo del Estado chino en nuestros propios países. Y ahora estamos profundamente interconectados.

Pero incluso ante esto, debemos reconocer una serie de hechos acerca de con qué y con quiénes lidiamos, y creo que eso es algo que ya estamos viendo. Creo que en todo el mundo esto se está volviendo más evidente cada día.

El Partido Comunista Chino decretó el fin de la libertad en Hong Kong, y violó así un tratado registrado ante la ONU y también los derechos de sus ciudadanos, uno de los tantos tratados internacionales que han sido infringidos por el Partido Comunista Chino.

El secretario general Xi ha dado luz verde a una campaña feroz de represión contra los musulmanes chinos; esto representa una violación de derechos humanos de una magnitud que no hemos visto desde la Segunda Guerra Mundial.

El Ejército Popular de Liberación ha intensificado las tensiones en la frontera, y esto es algo que hoy vemos en la India, la democracia con mayor población del mundo. Vemos cómo militariza el Mar de China Meridional y reclama ilegalmente más territorios allí, amenazando las vías marítimas, y esta es otra promesa que incumplieron.

Sin embargo, el PCC no es un mero actor deshonesto en su propio vecindario. Si fuera así, tal vez tendríamos otra opinión sobre el tema. Sus acciones nos afectan a todos. Mintió sobre el coronavirus y dejó que se propagara al resto del mundo, al tiempo que ejerció presión sobre la Organización Mundial de la Salud para que se prestara a una campaña de encubrimiento. Dicho sea de paso, esta falta de transparencia persiste hasta el día de hoy. Ahora han muerto cientos de miles de personas y la economía mundial se encuentra diezmada. Incluso ahora, a meses de iniciada la pandemia, no tenemos acceso al virus vivo, ni tampoco a instalaciones, y la información sobre los pacientes en Wuhan de diciembre todavía no está disponible.

Promueve la desinformación y las cibercampañas maliciosas con la intención de socavar a nuestros gobiernos, a efectos de abrir una grieta entre Estados Unidos y Europa, e impone una situación de deuda y dependencia a naciones en desarrollo.

Ustedes ya conocen esto. Todos en esta sala saben que el Partido Comunista Chino hace valer su fuerza para que las naciones hagan negocios con Huawei, una rama del Estado de vigilancia del PCC. Y ataca de manera flagrante la soberanía europea comprando puertos e infraestructura crítica, desde El Pireo hasta Valencia.

Debemos correr el velo de los lazos económicos y ver que el desafío que representa China no se halla solo en las puertas, sino en cada capital, en cada vecindario y en cada provincia.

Cada inversión de una empresa estatal china debe ser evaluada con escepticismo.

Europa enfrenta el desafío de China, al igual que lo hace Estados Unidos y también nuestros amigos en América del Sur, África, Medio Oriente y Asia. 

Y previamente esta semana, el lunes, tuve la posibilidad de hablar con mis homólogos de la UE. Sé que en Europa existe el temor de que Estados Unidos les pida elegir entre nosotros y China.

Pero la realidad no es así. Es el Partido Comunista Chino el que está forzando esta elección. La dicotomía no es con Estados Unidos; es una elección entre libertad y tiranía.

El partido pretende que ustedes echen por la borda el progreso que hemos logrado en el mundo libre, a través de la OTAN y de otras instituciones —formales e informales— y que adopten un nuevo conjunto de normas y reglas que sean acordes con lo que dicta Pekín.

No considero haya una única manera de enfrentarse a esta elección, “a la europea” o “a la estadounidense”. Tampoco se pueden tomar estas alternativas sin abandonar quienes somos. Las democracias que dependen de actores autoritarios no merecen llamarse democracias.

La buena noticia son mis amigos europeos. Incluso esta semana pude verlo. No hay unanimidad. Los distintos países tienen distintas posturas. Pero están comenzando a tener noción acerca de qué se trata este desafío. Y escuché a algunos de ellos que se preguntaban si el modo de vida democrático puede triunfar.

Pekín se deleita con esta incertidumbre. Pero no deberían confiarse. Porque estamos ganando. A esto se referían mis comentarios en Múnich.

Un diplomático del PCC en Francia manifestó hace poco, y cito “Algunos occidentales están comenzando a perder la confianza en la democracia liberal” (fin de la cita) y “algunos [países de Occidente] se han tornado psicológicamente débiles”.

Sin embargo, la democracia no es frágil en el sentido que se figura el Partido Comunista Chino. La democracia es fuerte. Vencimos al fascismo. Ganamos la Guerra Fría. 

Es el autoritarismo el que es frágil. Los propagandistas del PCC trabajan arduamente para controlar los flujos de información y expresiones para perpetuarse en el poder. No estarán satisfechos hasta que el muro digital se extienda también a nuestros países. De alguna forma, eso ya ocurre. Podríamos explayarnos sobre esto, Anders.

Si bien ni por un momento considero que la democracia sea frágil, sí necesita de una dirección atenta y de vigilancia permanente. Me sentí alentado durante las conversaciones privadas que mantuve recientemente con aliados europeos que están asumiendo sus responsabilidades con seriedad. Como mencioné al inicio, a principios de esta semana tuvimos una nutrida conversación. Debatimos cuál debía ser el papel de las democracias y eso es lo que seguimos haciendo. Ese es precisamente el tipo de debate que debemos mantener. Fue una buena reunión y continuaremos nuestro diálogo con los europeos acerca de China.

Mientras tanto, abundan las medidas positivas. La nueva Alianza Interparlamentaria sobre China (conformada principalmente por líderes europeos) incorpora esta semana un nuevo miembro. Dinamarca se ha enfrentado con valentía a los intentos del PCC de censurar periódicos daneses. El Reino Unido está tomando medidas para asegurar sus redes respecto de Huawei. Los checos se están defendiendo de la diplomacia coercitiva de la RPC. Los suecos han cerrado todos los Institutos Confucianos que operaban en su territorio. Y nuestros aliados de la OTAN se han comprometido a aumentar el gasto destinado a defensa en US$ 400.000 millones acumulativos desde ahora hasta 2024.

Además, el sucesor de Anders en Bruselas, el secretario general[1] Stoltenberg, recientemente formuló comentarios visionarios sobre el mandato de la alianza de “defender un mundo basado en la libertad y la democracia” y acerca de contrarrestar la maliciosa influencia de China en la región de Asia y el Pacífico.

Terminaré aquí para que Anders pueda hablar. Todos sabemos –lo hemos vivido– que la democracia no es algo fácil. Está llena de problemas. El mundo entero puede ver que mantenemos acalorados debates, como el que tiene lugar en mi país en este momento. Pero esa lucha refleja el compromiso con valores fundamentales y nuestro esfuerzo permanente para lograr una unión más perfecta. Es lo que somos, y compartimos estos valores con nuestros amigos europeos.

Tengo la esperanza de escuchar más declaraciones públicas de Europa sobre el desafío que representa China, porque todos nuestros pueblos merecen saber sobre esto, y Estados Unidos de América está listo para estar junto a ustedes. Hablemos claramente, y lo que es más importante, actuemos con determinación. No dejemos dudas sobre la elección entre tiranía y libertad. 

Anders, estoy ansioso por conversar con usted. Que Dios los bendiga.

Ver contenido original: https://www.state.gov/secretary-michael-r-pompeo-at-the-virtual-copenhagen-democracy-summit/

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