Por Miguel Díaz

En una columna publicada recientemente, el reconocido historiador Niall Ferguson expuso las razones por las que, según él, China ya le ha declarado la Guerra Fría a Estados Unidos.

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Para justificar tal afirmación, Ferguson se remonta a comienzos de 2018, cuando comenzó la guerra comercial entre Beijing y Washington. Así, a través de una escalada de declaraciones y políticas cruzadas, aquel año terminó con una guerra tecnológica marcada por las graves denuncias a la compañía china Huawei y sus planes de instalar su controvertida red 5G en Occidente.

Aún más, las opuestas visiones ideológicas entre la Administración Trump y el régimen totalitario chino encontraron puntos álgidos en confrontaciones vinculadas a temas sensibles como la persecución del Partido Comunista chino (PCCh) contra los creyentes y religiosos en China Continental, la represión a los manifestantes prodemocracia en Hong Kong y la escalada de viejas fricciones sobre Taiwán y el Mar del Sur de China.

En su análisis del 5 de julio en Bloomberg, Ferguson señala que esta política exterior del presidente Donald Trump contrasta con la de sus antecesores. En efecto, el profesor británico indicó que desde el acercamiento de Kissinger a Beijing en 1971, y durante 45 años, la política hacia China se basó en el “compromiso” entre la Casa Blanca y Zhongnanhai.

“¿Cómo se agriaron las relaciones entre Beijing y Washington tan rápidamente?”, se pregunta retóricamente Ferguson.

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“La respuesta convencional a esa pregunta es que el Presidente Donald Trump se ha lanzado como una bola de demolición al ‘orden internacional liberal’”, explica el académico. En efecto, entre otras medidas a favor de la soberanía de los países y en contra del denominado globalismo, el presidente Trump retiró a Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) por su connivencia con el régimen comunista chino.

En esa línea, el autor sostiene que el slogan de “América Primero” de Trump representa las demandas del “Estados Unidos profundo”, cuyos trabajadores vieron cómo el fruto de su esfuerzo iba a parar a China en tanto que ellos tenían que pagar los costos mediante los acuerdos que habían suscriptos sus propios representantes.

“Esos mismos estadounidenses veían que sus líderes elegidos en Washington habían actuado como parteras en el nacimiento de una nueva superpotencia estratégica, un rival para el predominio mundial aún más formidable, porque económicamente es más fuerte, que la Unión Soviética”, razona Ferguson.

De hecho, defensores de esa política de compromiso, como el propio Kissinger u Orville Schell, admiten que ese enfoque, ejecutado durante ocho administraciones, tanto demócratas como republicanas, ha fracasado.

En este marco, hoy en día ganan cada vez más espacio, tanto entre los especialistas y políticos como en el campo popular, las posturas que proponen una mirada más dura hacia la dictadura china, cambiando el compromiso por la competencia.

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El Secretario de Estado Mike Pompeo, el asesor adjunto de Seguridad Nacional Matt Pottinger y el asesor comercial Peter Navarro son algunos de los altos funcionarios de la Administración Trump que propugnan mayores sanciones a Beijing.

El virus PCCh y la intensificación de la disputa

“La pandemia de Covid-19 no ha hecho más que intensificar la Segunda Guerra Fría”, afirma Ferguson acusando al régimen chino por su responsabilidad en la propagación de la pandemia.

“El Partido Comunista Chino causó este desastre, primero encubriendo lo peligroso que era el nuevo virus SARS-CoV-2, y luego retrasando las medidas que podrían haber evitado su propagación mundial”, explica.

“Sin embargo, ahora China quiere reclamar el crédito por salvar al mundo de la crisis que causó. Exportando libremente ventiladores baratos y no del todo fiables, equipos de pruebas y mascarillas, el gobierno chino ha tratado de arrebatar la victoria a las fauces de una derrota que infligió”, apunta el académico.

Ferguson expone cómo las mentiras y la manipulación del PCCh quedaron en evidencia durante la pandemia, por ejemplo cuando uno de los voceros de la Cancillería china apoyó la teoría de que Estados Unidos llevó a propósito el denominado virus PCCh a China.

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“Igual de inverosímiles son las afirmaciones chinas de que EE. UU. está de alguna manera detrás de las recurrentes olas de protesta prodemocracia en Hong Kong”, expone. 

Sin embargo, en un auténtico “efecto boomerang” hacia el PCCh, estas posturas extremas de Beijing, según el autor, no hicieron más que fortalecer el sentimiento ‘anticomunista’ de Occidente.

“China es uno de los pocos temas en estos días sobre los que existe un verdadero consenso bipartidista”, sostiene al respecto. 

“Esta nueva Guerra Fría es inevitable y deseable -concluye- sobre todo porque ha sacado a EE. UU. de la complacencia”.

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