El 5 de julio pasado ocurrió un hecho sumamente extraño en el Vaticano. Todos los domingos el Papa da su habitual discurso del Ángelus ante los fieles desde el balcón del Palacio Apostólico. Horas antes, se distribuye el texto “embargado” a los pocos periodistas acreditados, es decir que los medios de comunicación recién pueden citarlo luego de que el pontífice lo haya pronunciado.

Según trascendió en varios medios italianos, el texto embargado del último domingo incluía un párrafo sobre la delicada situación que atraviesa Hong Kong luego de que el Partido Comunista chino (PCCh) impusiera la nueva Ley de Seguridad Nacional que amenaza la autonomía y libertad que goza la excolonia británica.

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Sin embargo, no hubo mención alguna a dicha situación en el discurso.

El extracto que el Papa omitió decía lo siguiente:

“En los últimos días, he seguido con especial atención, y no sin preocupación, cómo se estaba desarrollando una situación complicada en Hong Kong. En primer lugar, me gustaría expresarles mi simpatía y cercanía a todos los que viven allí. Lo que se está discutiendo en estos días se refiere a asuntos delicados que afectan la vida de todos. Por consiguiente, es fácil entender que los ánimos puedan llegar a exaltarse. Por lo tanto, deseo que todos los involucrados puedan afrontar dichas cuestiones con un espíritu de sabiduría y diálogo genuino. Esto requiere valor, humildad, no violencia y respeto por la dignidad y los derechos de todos. Deseo que la vida social y, en particular, la vida religiosa, se manifiesten en plena y genuina libertad, tal y como lo exigen varios documentos internacionales. Mi oración permanece constantemente con la comunidad católica y con todas las personas de buena voluntad de Hong Kong, para que juntos puedan construir una sociedad próspera y armoniosa”.

Varios periódicos internacionales se han hecho eco de la noticia y afirman que, ante semejante repercusión, el Vaticano no ha negado que el texto pertenezca al discurso embargado.

“La Santa Sede se niega a comentar sobre el motivo del cambio”, destaca un reporte del diario hongkonés South China Morning Post.

“El texto era bastante moderado, pero las referencias a ‘la libertad plena y genuina’ y a ‘los documentos internacionales’ que China debería respetar podrían haber molestado al Gobierno chino”, analiza Massimo Introvigne, reconocido sociólogo de las religiones italiano.

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Pero, entonces, ¿qué pasó?

“Los críticos afirman que, en las pocas horas que transcurrieron entre la distribución del texto embargado a los medios de comunicación y la pronunciación del discurso, China intervino”, alerta el director general del Centro de Estudios sobre Nuevas Religiones en una columna publicada en el portal Better Winter.

Esta anomalía sucede en un contexto donde abundan las especulaciones sobre la renovación del acuerdo firmado entre el Vaticano y el régimen chino en 2018, la cual estaría prevista para septiembre de 2020.

En este punto cabe destacar que el acuerdo es secreto.

Desde que el Papa Francisco inició su controvertido proceso de acercamiento a Beijing, las críticas se han expandido, tanto dentro como fuera de la Iglesia católica ya que está extensamente documentado cómo los sacerdotes, obispos y fieles católicos que siguen al Vaticano son perseguidos brutalmente bajo la dictadura del PCCh.

Desde que el comunismo tomó el poder en China, las libertades religiosas han sido brutalmente reprimidas. Puntualmente, la Oficina de Asuntos Religiosos de China estableció en 1957 que, para controlar las actividades de los católicos, los fieles debían inscribirse en la denominada Asociación Patriótica Católica China para poder profesar su fe.

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Desde entonces, es el régimen chino (y no el Vaticano) quien designa a los obispos católicos “oficiales”.

“Esta Asociación Patriótica pretende que los católicos se adhieran progresivamente a las falsedades del materialismo ateo, con las cuales se niega a Dios y se rechazan todos los principios sobrenaturales”, ya había advertido décadas atrás el Papa Pío XII.

Actualmente, hay 138 diócesis dirigidas por 79 obispos oficiales en China continental.

Los fieles católicos que profesan su culto de acuerdo al Vaticano están obligados a vivir en la clandestinidad acudiendo a ceremonias en templos no oficiales.

Es por ello que muchos creen que las palabras omitidas del Papa sobre Hong Kong el pasado domingo se deben a que el Vaticano está volviendo a negociar con el PCCh el acuerdo de 2018 sobre el nombramiento de obispos chinos.

Asimismo, es importante apuntar que en las cuatro categorías de delitos -penados hasta con cadena perpetua- de la nueva Ley de Seguridad Nacional está la colusión con un país extranjero o elementos externos para poner en peligro la seguridad nacional. Por lo que cualquier discurso público de los católicos hongkoneses fieles al Vaticano podrían ser interpretados por la dictadura china como una intromisión a sus asuntos internos.

En este marco, el cardenal hongkonés Joseph Zen Ze-kiun ha expresado sus temores ante la ley porque considera que las nuevas normas pueden ser usadas para subvertir la libertad religiosa que los ciudadanos de Hong Kong tienen actualmente.

Miguel Díaz

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