El Instituto Nacional de Estadística español (INE) anunció los últimos datos referidos al comportamiento de la economía agregada del país, arrojando cifras verdaderamente preocupantes. 

El producto bruto español se desplomó un 18,5% en el segundo trimestre del año. Si se realiza una comparación interanual, el segundo trimestre del 2020 perdió un 22,1% del nivel que tenía en el mismo período del 2019. 

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Esta caída supone el peor desempeño de la historia, al menos, en comparación con los datos históricos que dispone el INE. El derrumbe económico fue más de siete veces superior al que se registró en el primer trimestre del 2009, en el peor momento de la recesión por la burbuja inmobiliaria. 

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Según el propio Banco de España, se registró la peor caída en la historia en tiempos de paz. La depresión económica, sin precedentes en España, ya había registrado una importante merma del 5,2% en el primer trimestre de este año. 

La última caída registrada podría significar un “piso” en términos trimestrales, pero demoraría un tiempo sustancialmente mayor para que España recupere los niveles de actividad que tenía en 2019. 

A pesar de las expectativas a futuro, lo cierto es que los datos ya registrados en España son sumamente negativos en comparación con otros países de la Unión Europea. En este sentido, la economía alemana logró consolidar un equilibrio más eficiente entre aislamiento social y actividad económica, registrando una contracción del 10,1% en el segundo trimestre. 

Francia registró peores resultados a los obtenidos en Alemania, así como una peor respuesta por parte de su sistema sanitario, pero logró limitar la contracción a un 13,8% en el mismo período de referencia, según las cifras oficiales del gobierno francés. 

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La organización del mercado laboral español históricamente supuso serias dificultades, al menos, desde la década de 1980. El “efecto covid-19” y el colapso económico podrían generar cifras de desocupación similares a los peores momentos de la última gran recesión en España (entre 2008 y 2012). 

Según la Encuesta de Población Activa, se destruyeron un millón de puestos de trabajo, tan solo en el segundo trimestre. El gobierno socialista de Pedro Sánchez y su coalición parlamentaria, habían planteado una agenda para revertir la reforma laboral del expresidente Mariano Rajoy. 

La reforma laboral, aprobada por el parlamento español en febrero de 2012, había logrado reducir enormemente la tasa de desocupación, pasando de un 23,6% a menos del 14%. La tenue flexibilización laboral permitió bajar casi 10 puntos la tasa de desocupación, pero el gobierno socialista intenta revertir el camino elegido anteriormente. 

Las medidas de aislamiento comenzaron a impactar el en nivel de actividad en marzo, y la tasa de desocupación empezó a subir gradualmente, pasando de un 13,6% a un 15,6% en junio. Revertir las medidas en torno a la flexibilidad y volver al sistema que regía a la economía española entre 1980 y 2012, podría significar la pérdida de millones de puestos de trabajo. 

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En un acto desesperado por intentar rescatar la poca credibilidad política que le queda a Pedro Sánchez, el ministro de Consumo, Alberto Garzón, intentó descalificar la performance norteamericana para poder justificar la contracción económica española. 

El ministro pretendía comparar la variación anualizada del segundo trimestre del año en la economía norteamericana con un dato trimestral sin anualizar de la economía española. 

Garzón intentó inútilmente comparar la caída española (del 18,5%), con la caída trimestral anualizada en Estados Unidos (del 32,9%), pero esta comparación resulta ridícula. Aplicando el mismo criterio para la variación trimestral española, la contracción superaría cómodamente el 55%. 

Se demuestra ampliamente que la economía norteamericana se encuentra en una posición mucho más favorable a la que tiene España.

Fuente: Derecha Diario.

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