El famoso poema de Martin Niemoeller en el Memorial del Holocausto en Boston, reza:

Primero vinieron a por los comunistas y no alcé mi voz porque no era comunista.

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Luego vinieron a por los judíos y tampoco alcé mi voz porque no era judío.

Luego vinieron a por los sindicalistas y tampoco alcé mi voz porque no era sindicalista.

Luego vinieron a por los católicos y tampoco alcé mi voz porque yo era protestante.

Luego vinieron a por mí, pero para aquel entonces ya no quedaba nadie para alzar la voz.

Es un recordatorio de que uno debe hablar por la justicia y de que no existe algo como ser «neutral»: solo el bien y el mal.

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La historia del Emperador Kangxi: el precio de ser ‘neutral’

Hace trescientos sesenta años en China, el emperador más grande de la Dinastía Qing, Kangxi, ascendió al trono a la edad de seis años, después de que su padre muriera.

Debido a su corta edad, su gobierno lo administraban cuatro consejeros del reinado anterior: Sonin, Suksaha, Ebilun y Oboi. Después de la muerte de Sonin, Oboi mandó ajusticiar a Suksaha alegando que había cometido un supuesto crimen, lo que dejó al emperador con solo dos consejeros. Oboi colocó a su propia gente en posiciones importantes y silenció a cualquiera que le presentara oposición. Ebilun, por su parte, hizo la vista gorda ante el comportamiento de Oboi.

Cuando el emperador Kangxi comenzó a ocuparse de los asuntos de estado a la edad de 13 años, otorgó varios títulos a Ebilun, dándole más estatus que a Oboi, en un intento por compensar el poder de Oboi. Pero Ebilun siempre trató de permanecer neutral entre el emperador y Oboi. Nunca amonestó a Oboi frente al emperador, ni trató de refrenarlo. A veces, incluso se mostraba de acuerdo con Oboi.

Finalmente, el emperador a los 15 años arrestó a Oboi, en un golpe de estado. También arrestó a Ebilun.

Kangxi creía que Ebilun había facilitado que las cosas empeoraran al permanecer en silencio cuando sabía que Oboi había matado a muchos ministros e intentaba ejercer poder sobre el emperador. Ebilun murió un año después.

La moraleja de la historia es que permanecer neutral o indiferente no necesariamente lo mantiene a uno a salvo.

Aunque durante la Segunda Guerra Mundial, países como Luxemburgo, Bélgica y los Países Bajos se declararon neutrales, el ejército alemán los invadió de todas formas; de igual modo, la neutralidad inicial de los Estados Unidos no impidió que Japón atacara Pearl Harbor.

El 28 de octubre de 2018, un autobús se sumergió en el río Yangzi en la ciudad china de Chongqing. Quince personas, incluyendo el conductor y los pasajeros, murieron en el accidente. La causa del accidente fue que una pasajera se saltó la parada y exigió al conductor que detuviera el autobús para dejarla bajar. El conductor se negó porque no había una parada de autobús próxima. Una acalorada discusión condujo a un altercado físico; el conductor perdió el control y el autobús cayó al río.

Sin embargo, la investigación demostró que durante los cinco minutos que duró el conflicto entre la pasajera y el conductor, nadie en el autobús trató de intervenir. Observaron aquellos actos destructivos en silencio, permitiendo así que la tragedia tomara lugar.

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«La banalidad del mal»

La famosa pensadora política Hannah Arendt acuñó la frase «la banalidad del mal» para describir cómo Adolf Eichmann, un funcionario burocrático clave del partido nazi, llevó a cabo sus deberes tecnocráticos sin cuestionar su verdadero propósito. Eichmann fue uno de los principales organizadores del Holocausto. Fue responsable de facilitar y manejar la logística involucrada en la deportación masiva de judíos a los campos de exterminio durante la Segunda Guerra Mundial.

Durante su juicio en Jerusalén en 1961, Eichmann afirmó repetidamente que no tenía otra opción que seguir las órdenes y que las decisiones no las tomaba él, sino sus superiores. Aún así lo declararon culpable de crímenes de guerra y lo ejecutaron en la horca.

Arendt observó el juicio y comentó la mediocridad de Eichmann refiriéndose a su apariencia y su manera de ser. Sugirió así, que el mal puede llevar a personas, que de otra manera no serían dignas de mención, a cometer actos extraordinarios. Cuando la gente simplemente obedece o se mantiene «neutral» bajo un régimen totalitario, sin reflexionar, se convierte en parte del sistema, acepta los comportamientos inmorales del sistema y se convierte en «la banalidad del mal», tal como lo hizo Eichmann. Incluso cuando el sistema les perturba la conciencia, confían en el reconocimiento y la doctrina del sistema para defenderse y disipar cualquier sentimiento de culpa.

Lamentablemente, tras 70 años de dominio comunista en China, la cultura tradicional china y las creencias éticas han sido sustituidas por el ateísmo y las doctrinas del partido comunista sobre la lucha de clases, la violencia y el engaño. Para protegerse, muchas personas en la China de hoy en día eligen permanecer en silencio cuando se trata del sufrimiento de los demás. Algunos incluso se han convertido en «la banalidad del mal» como lo hizo Eichmann.

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La sustracción forzada de órganos y el virus PCCh

En julio de 2006, David Kilgour, exsecretario de estado canadiense para la región Asia-Pacífico, y David Matas, abogado de derechos humanos canadiense, publicaron un informe de investigación en el que se concluyeron que «…el gobierno de China y sus organismos en numerosas partes del país, en particular en los hospitales, pero también en los centros de detención y en los ‘tribunales populares’, han ejecutado a un gran número, aunque desconocido, de prisioneros de conciencia de Falun Dafa desde 1999″. Les sustrajeron sus órganos vitales, entre los que se incluyen corazones, riñones, hígados y córneas, prácticamente en forma simultánea para venderlos a precios elevados, en ocasiones a extranjeros, que normalmente se enfrentan a largas listas de espera de los donantes voluntarios de dichos órganos, en sus países de origen».

El informe se refiere al crimen cometido por el régimen chino como «una forma de maldad jamás vista en este planeta».

También se indicaba que pacientes de casi 20 países y regiones iban a China para hacerse trasplantes de órganos debido al corto tiempo de espera (de una semana a tres meses). Sin embargo, muchos líderes mundiales y organizaciones de medios de comunicación, debido a la influencia política y económica del partido comunista chino, han guardado silencio. «Para demasiadas personas en todo el mundo, simplemente ha sido política y económicamente conveniente seguir adelante», dijo David Matas en una entrevista a Minghui.org.

Sin embargo, cuando la gente se vuelve indiferente a los comportamientos inmorales o destructivos bajo la apariencia de la «neutralidad», el resultado es que nadie puede estar a salvo. Matas cree que la actual pandemia es la consecuencia de hacer la vista gorda a los abusos de los derechos humanos en China.

«Si el resto del mundo hubiera sido más enérgico en combatir toda esta tergiversación y el encubrimiento, la negación y contra la narrativa fáctica al tratar las violaciones en materia de trasplantes de órganos; si el sistema mundial hubiera insistido en la transparencia y la responsabilidad al tratar las violaciones de los trasplantes de órganos; y si China hubiera [enfrentado] la presión mundial en favor de la transparencia y la responsabilidad en su sistema de salud al tratar las violaciones de los trasplantes de órganos, no tendríamos este coronavirus ahora. Por lo que estamos sufriendo las consecuencias de hacer la vista gorda ante el abuso de los trasplantes de órganos», enfatizó.

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Una llamada de atención

¿Qué se puede hacer para evitar tal tragedia? Tenemos que alzar la voz en nombre de la justicia y dejar de ser neutrales: elegir entre el bien y el mal.

Tu Long, residente de Wuhan, dijo en una entrevista con la Voz de América que la pandemia del coronavirus había cambiado su deseo de ser un ciudadano obediente. «Si no fuera porque algunos amigos extranjeros me contaron la verdad [sobre la pandemia], ya estaría muerto», dijo.

Reflexionando sobre sí mismo durante el cierre de Wuhan, dijo:

«Cuando expulsaron a los trabajadores migrantes en Beijing, me dije: ‘He trabajado muy duro, no soy un migrante, no me expulsarán’”.

«Cuando construyeron los campos de concentración en Xinjiang [para uigures musulmanes], pensé: ‘No soy una minoría étnica, no tengo ninguna creencia religiosa, no me surgirán problemas´”.

«Simpatizo con el sufrimiento de la gente de Hong Kong, pero pensé: ‘No voy a salir a protestar [por la democracia], esto no tiene nada que ver conmigo'».

«Ahora esto llegó a mi ciudad natal. Mucha gente que conozco ha enfermado y algunos han muerto, no puedo seguir soportándolo».

A menudo, la gente solo despierta cuando sus propias vidas se encuentran ante un peligro inminente. La actual pandemia parece haber despertado a muchos que han comenzado a observar al PCCh como aquello que es en realidad. A la hora de elegir entre el bien y el mal, no se puede optar por ser «neutral».

Fuente: Minghui.org

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