La frase “hasta el último suspiro tengo mis derechos” se convirtió en una de las consignas revolucionarias contra la cuarentena brutal que impuso el peronismo en Argentina. Las palabras pertenecen a Solange Musse, que, impedida de comunicarse por sus propios medios en la última etapa de un cáncer terminal, decidió escribir una carta para contar el calvario de su familia.

“Quiero que entiendan que mientras viva tengo mis derechos, quiero que sean respetados. Lo escribo porque no puedo hablar mucho, lo que han hecho con mi padre y mi tía es inhumano, humillante y muy doloroso. Siento tanta impotencia de que sean arrebatados los derechos de mi padre para verme y a mí para verlo. ¿Quién decide eso si queremos vernos?”, escribió de puño y letra la joven en su lecho de muerte.

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Como si morirse de cáncer de mama a los 36 años, luego de 10 de padecer la enfermedad, no fuera suficiente, Solange pasó sus últimos instantes en este mundo sufriendo por un drama evitable. Su padre, que manejó de Neuquén a Córdoba, fue impedido de ingresar a la provincia, ya que su test había sido declarado “dudoso”.

Esta semana, la frase recobró fuerza y vigencia con otro drama familiar con demasiadas coincidencias: el cáncer de una joven y un padre dispuesto a hacer cualquier cosa por su hija, en el marco de las restricciones absurdas e inhumanas de la cuarentena argentina y sus fronteras internas, absolutamente inconstitucionales.

«Sólo le pedía al policía que nos deje ingresar porque ya hacía bastante calor, y encima estaba lleno de moscas e insectos. Teníamos miedo de que se le infecte la herida en su pierna. Pero él no entendía, nos decía que esperaba la orden de Santiago”, comentó a la prensa Carmen, mamá de Abigail. La familia vive en Santiago del Estero, pero usualmente tiene que trasladarse a la provincia de Tucumán, por el tratamiento oncológico de la niña de 12 años, que batalla contra la enfermedad hace 5.

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Ante el impedimento de las autoridades, que no dejaban a la familia ingresar a su provincia para regresar al hogar, el padre de la nena la cargó en sus brazos y caminó cinco kilómetros con su hija en brazos. El caso, como el de Solange, generó la indignación de un país entero. En la política hay silencio de radio. Nadie se hace cargo de las consecuencias inevitables de las estupideces que decretaron allá por marzo de este año.

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La tragedia de las cuarentenas

La imagen del padre cargando a su hija que está puesta mascarilla (barbijo) se ha inmortalizado.

«Ni olvido ni perdón», acompaña el gráfico que simboliza cómo y cuánto el Estado se ha metido en nuestras vidas, al punto que necesitamos pedir permiso para transportar a los enfermos. Y si la autoridad así lo determina, ni siquiera podemos despedir a nuestros muertos.

Las medidas contra el coronavirus han logrado que no se pueda recibir un entierro indigno. Que las familias no puedan darle el último adiós a sus seres queridos.

Por definición, la cuarentena debe durar 40 días. Pero en algunos países se está tornando eterno. En España, por ejemplo, el gobierno socialista ha decidido encerrar a sus ciudadanos seis meses más, lo cual ha desatado múltiples protestas e incluso saqueos.

En el caso argentino, se está despertando como nunca el amor por la libertad, cuya lucha ahora tiene un nuevo emblema: un padre cargando a su hija, desafiando el autoritarismo.

Fuente: Panam Post

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