Recientemente me ha llegado un siniestro vídeo que tiene ya unos años pero que no había visto. Supuestamente está producido por un organismo de la ONU, pero tengo mis dudas. En cualquier caso, lo que me interesa es el mensaje que contiene. “La Tierra ya no puede soportar el desorbitado número de personas que lo habitan”, comienza diciendo con tono circunspecto una mujer mayor mirando fijamente a la cámara. “Algo debe hacerse, y creo que nos corresponde a nosotros, que hemos disfrutado ya de la vida, asegurar que nuestros hijos tengan la oportunidad de disfrutar de las suyas”, prosigue, con una pose solemne y grave. A continuación, aparecen varios ancianos de aspecto bondadoso repitiendo como zombis: “Yo ya he disfrutado de la vida”.

Y ahí se acaba el vídeo. ¿Conclusión? Pues que sobran. Que estamos muy apretados en el planeta y que tienen que dejar paso. Ya no sirven. Ya no producen. Ya no son rentables. Sólo generan gastos y molestias. Así que gracias por los servicios prestados, feliz viaje a ninguna parte, adiós y cierren la puerta al salir.

Me parece una postura muy lógica. Muy lógica, entiéndaseme, desde la visión del mundo de aquellos que niegan toda trascendencia a esta vida, que defienden que estamos solos en el universo, que hemos llegado aquí fruto del azar y la evolución y que no existe un Dios Providente que vela por su Creación y sus criaturas. “No hay planeta B”, repiten insistentemente, y por eso tenemos que medir bien los recursos que tenemos.

El mecanismo es el mismo de siempre: airear una causa buena -el cuidado del medio ambiente y del planeta en este caso- para atraer a la masa acrítica, bobalicona, aborregada y mansurrona y después introducir todo tipo de medidas perversas y macabras.

Sus cualidades físicas y también las psíquicas se pueden ir mermando con el tiempo pero, ¡por Dios!, no son una lavadora averiada que no compensa arreglar sino sustituir por una nueva

Para esto son indispensables, cómo no, los medios de comunicación, que por lo general aceptan gustosos y sumisos todo aquello que les dictan las élites mundialistas. Unas buenas dosis de sentimentalismo; un bombardeo constante de imágenes catastrofistas de deshielos, de desiertos, de niños llorando y pasando hambre, de bosques incendiándose, de ciudades superpobladas, de industrias contaminando y de animales chapoteando en el petróleo de algún vertido terminan por convencer a los rezagados.

¿Son falsas estas imágenes? No, por supuesto que no. Son reales y todos estamos de acuerdo en que no deberían producirse. Pero su uso es torticero y malintencionado, porque van encaminadas a atraer el favor de las gentes hacia las medidas que después quieren imponer.

“Como hay que cuidar el planeta, debemos implantar métodos anticonceptivos”, te dicen. O “hay que tener menos niños”, y ensalzan y alaban al tontolaba del príncipe Harry de Inglaterra y a su esposa Megan que “sólo quieren dos hijos por el bien del planeta”. O te empiezan a dar la matraca con que hay que comer menos carne y que las vacas contaminan muchísimo y consumen demasiada agua. O te tratan de hacer ver que “ya has vivido suficiente. Sé generoso con los tuyos y con el planeta y desaparece”.

Qué diferente es la visión verdaderamente humana que contempla a los abuelos como seres que se encuentran en el ocaso de una vida que, si han vivido bien, estará llena de buenos frutos; que han adquirido una valiosa experiencia que pueden compartir; que son un referente para sus hijos y nietos; que difunden en derredor un cariño cálido, desinteresado y auténtico. Sus cualidades físicas y también las psíquicas se pueden ir mermando con el tiempo pero, ¡por Dios!, no son una lavadora averiada que no compensa arreglar sino sustituir por una nueva.

Así que, querido abuelo, querido anciano: siéntase querido y respetado; siga disfrutando de los años -esperemos que muchos- que le queden de vida; jamás se perciba como un fardo, como un estorbo, como una molestia y, si alguien le hace sentir así, no le haga el más mínimo caso, porque no tiene razón. Que nadie le culpe porque siga haciendo uso del planeta y de sus recursos. Son suyos, son nuestros, son de todos. Y usted sigue siendo necesario en este mundo.

Fuente: actuall.com

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