Hay evidencia de que al menos cuatro centros de pensamiento de tres facciones de la élite occidental llevaron a cabo conferencias, predicciones y hasta simulaciones para trabajar en la logística y la divulgación mediática de una pandemia que sospechosamente ocurrió poco tiempo después de que se llevaron a cabo tres de esos eventos. ¿Pero realmente para qué sirvió todo esto?

Dr. Anthony Fauci en la Universidad de Georgetown (2017)

El 10 de enero de 2017, el Dr. Anthony Fauci pronunció una conferencia en la jesuítica Universidad de Georgetown, en Washington DC. El título de su presentación fue: “Preparación para la pandemia en la próxima administración”[1] —se refiere a la administración Trump, durante la cual él mismo se desempeñó como director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de los Estados Unidos.

En su conferencia, el Dr. Fauci predijo que en la administración Trump “habría un brote sorpresivo”, e indicó que se necesitaba hacer más para prepararse para una pandemia, aunque como vimos durante la pandemia de Covid-19 él mismo ha mostrado una ineptitud casi metódica.

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La Orden de los Jesuitas forma parte del aparato de inteligencia militar-ideológico de una facción de linajes papales con epicentro en el Vaticano, Suiza y otras partes de Europa, que es una facción de la nobleza negra que permaneció en el Mediterráneo cuando su contraparte emigró a Londres. A este grupo también se le conoce como Proyecto Global Gran Europa.

Conferencia del Dr. Marc Van Ranst en Chatham House (2019)

El 22 de enero de 2019, el virólogo Dr. Marc Van Ranst [2] pronunció una conferencia en el Real Instituto de Asuntos Internacionales de Su Majestad (Chatham House), en Londres, Reino Unido. Uno de los temas que trató el expositor fue cómo publicitar mediáticamente una pandemia. En su presentación, el virólogo provacunas, que también estuvo involucrado en la pandemia de gripe porcina H1N1, instruyó a sus agentes sobre cómo mediatizar una pandemia para “proyectar un discurso único” y lograr el “compromiso público”.

Chatham House es un centro de pensamiento de la corona británica. La aristocracia británica no sólo está formada por la familia real británica, sino por varios linajes —entre ellos los Rothschild— que forman parte de la facción de la nobleza negra veneciana que emigró a Holanda y Londres. Este grupo está liderado por cabalistas y también es conocido como Proyecto Global de la Nueva Jerusalén.

Evento 201 del Centro Johns Hopkins, el Foro Económico Mundial y la Fundación Bill y Melinda Gates (2019)

El 18 de octubre de 2019, el Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud llevó a cabo un ejercicio de simulación de una pandemia global, bajo el nombre de Evento 201 [3]. La simulación tuvo como resultado la muerte de 65 millones de personas en el mundo. El evento se llevó a cabo en la Ciudad de Nueva York en asociación con el Foro Económico Mundial y la Fundación Bill y Melinda Gates.

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Nueva York (Wall Street) es el epicentro del Proyecto Global talmudista de la Nueva Babilonia. Washington DC, Hollywood y Silicon Valley también son centros importantes de esta facción de élites estadounidenses que de uno u otro modo son controladas desde Londres, Suiza y el Vaticano. La Familia Rockefeller es una de las familias más representativas de este grupo.

Informe de la Fundación Rockefeller (2010)

En 2010, La Fundación Rockefeller publicó un reporte en el que planteó un escenario de epidemia de virus en China y Estado De confinamiento (Lock Step) como el actual. [4]

Extracto del documento:

“La pandemia también tuvo un efecto mortal en las economías: la movilidad internacional de personas y bienes se detuvo, industrias como el turismo se debilitaron y se rompieron las cadenas de suministro mundiales. Incluso a nivel local, tiendas bulliciosas normalmente repletas de gente, y edificios de oficinas, se vaciaron vacío durante meses, desprovistos de empleados y de clientes.

La pandemia cubrió el planeta, aunque números desproporcionados murieron en África, el Sudeste de Asia y América Central, donde el virus se propagó como un incendio forestal en ausencia de protocolos oficiales de contención. Pero incluso en los países desarrollados, la contención fue un desafío. La política inicial de los Estados Unidos de ‘Desalentar’ a los ciudadanos a volar resultó mortal en su indulgencia, acelerando la propagación del virus no solo dentro de los EE.UU., sino a través de las fronteras.

Sin embargo, a algunos países les fue mejor, en particular a China. El gobierno chino impuso y ejecutó rápidamente la cuarentena obligatoria para todos los ciudadanos, así como el cierre instantáneo y casi hermético de todas las fronteras, salvando así millones de vidas y deteniendo la propagación del virus mucho antes que en otros países y permitiendo una recuperación pospandémica más rápida.”

¿De qué sirvieron tantas predicciones y planificación?

Tal vez habría que preguntarse: Además de como programación predictiva, ¿de qué sirvió tanta logística, si a fin de cuentas la gestión del Covid-19 ha estado plagada de pseudociencia impuesta por centros de pensamiento occidentales e intereses metapolíticos —como los promovidos por los charlatanes del Imperial ‎College de Londres[5]— cuyas consecuencias han sido más devastadoras que el patógeno mismo.

Y esto es muy relevante si tomamos en cuenta que científicos de élite y premios nobel que están siendo censurados y/o que han muerto de forma sospechosamente súbita [6] han afirmado de manera categórica que el Covid-19 es un patógeno modificado en laboratorio.

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Quizá lo que las tres facciones de la élite occidental realmente han buscado con esta pandemia es provocar un caos global de tal magnitud que les permitiera inducir una crisis sistémica a todos los niveles (económico, político, social, etc.) con el objetivo de introducir un nuevo modelo de regresivo de control civilizatorio como el “Gran Reseteo” transhumanista que ellas mismas promocionan a través del Foro Económico Mundial.

No es ninguna casualidad que, en diciembre de 2020, los representantes de los tres proyectos globales de la élite occidental —Nueva Babilonia (Nueva York), Nueva Jerusalén (Londres) y el Vaticano jesuita— refrendaron de manera pública [7] su alianza para impulsar la agenda maltusiana del fascismo verde (a.k.a. Gran Reseteo) disfrazándola de iniciativa para “redefinir el capitalismo” y “aprovechar el sector privado para crear un sistema económico más inclusivo, sostenible y confiable” a través del “Consejo para un Capitalismo Inclusivo”.

Fuente: mentealternativa.com

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