En la semana de conmemoraciones del Día Internacional de la Mujer en México se respira un ambiente especialmente inquisidor. Es usual que en estas fechas cercanas al 8 de marzo y bajo estos ánimos la mayoría de las personas se dejen conmover por el discurso emotivo y chantajista que recubre la supuesta lucha por la igualdad de género.

Más allá de las legítimas denuncias y experiencias que comparten varias mujeres en redes sociales relacionadas con acoso, abusos y violencia, se incrementan las persecuciones y linchamientos a quienes simplemente ejercen su libertad de expresión.

Todo esto en el tiempo perfecto ya que la histeria colectiva representativa de estos días nos ofrece un clima perfecto para que germine la “cancelación” a cualquiera que ose opinar fuera del discurso permitido.

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Al puro estilo de Tomás de Torquemada inicia la permanente vigilancia para perseguir herejes. Abundan las publicaciones donde se señala a cierto hombre de “machito”, “misógino” o “antiderechos” sin olvidar el ingrediente principal, se debe especificar en la denuncia pública el lugar donde labora aquel pobre desgraciado para que las redes hagan su magia, presionen y, si todo sale bien, que esta persona quede desempleada. La ofensa: un mal chiste, una opinión polémica o un simple comentario políticamente incorrecto.

Es por ello que en estos días que transitan se debe ser diligente y cuidadoso, más que de costumbre. Ya que cualquier tropezón puede poner en riesgo tu trabajo, tu tranquilidad y hasta tu seguridad.

Así aconteció con Alfonso Gómez Portugal Aguirre, profesor que imparte clases de Derecho en la Universidad Panamericana (UP), quien durante una de sus clases virtuales se manifestó crítico con el paro nacional de mujeres convocado para el día 9 de marzo (#NueveNingunaSeMueve):

“Van a investigar, y ahí les pasan la tarea a las chavas también, no vayan a ser envidiosos. Yo voy a hacer una pregunta antes, bastante justa, equitativa y constitucional. ¿Cuándo es el día de los hombres?, ¿Cuándo tienen ustedes derecho a faltar sin que se les ponga falta? Yo desconozco. ¿Dónde está la equidad de eso? No estoy siendo sarcástico, esto lo acabo de comentar en un foro de alto nivel. ¿Cuándo es el día del varón? ¿Y nos van a dar chance ese día de faltar e ir a echar desmadre y vomitar, de ponernos briagos?”, cuestionó el abogado.

La indignación inundó las redes sociales y se pidió no solo el despido del profesor de la institución, sino que circularon llamamientos realizados por parte de grupos radicales de alumnas encaminados a vandalizar las oficinas particulares del catedrático.

Los comentarios quizá imprudentes o poco “sensibles” le merecieron al desventurado profesor ser colocado en el mismo costal que los peores abusadores y violentadores de mujeres.

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Casi a media noche del 10 de marzo la Universidad Panamericana lanzó un comunicado donde expresan a la comunidad universitaria que “(…) se activaron los protocolos correspondientes: se escuchó a las alumnas y alumnos y una vez que tuvo verificativo la comparecencia del profesor, éste reconoció su error y presentó su renuncia que le fue aceptada de inmediato en reunión extraordinaria del comité de Dirección de la Faculta, por tratarse de un hecho inaceptable. La Facultad de Derecho reprueba enérgicamente cualquier expresión en perjuicio de la dignidad de la mujer (…).

Fue así como se le dio carpetazo a este episodio, se evitaron varias marchas y manifestaciones (de momento) ya que el problema no está ni cerca de desaparecer. Estas cacerías de brujas serán algo recurrente en todos los ámbitos, pero principalmente en las universidades.

Es increíble el nivel de disociación que comparten gran número de personas para considerar simples comentarios polémicos u opiniones personales como instigadoras de violencia, odio y desigualdades. Ya no hay brújula, ni parámetro.

Mientras las instituciones sean sumisas y las personas no defiendan en todas las instancias sus propios derechos, la libertad de expresión permanecerá en asedio. Nos toca a todos poner un freno.

Fuente: La Gaceta

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