Por Carlos Esteban – gaceta.es

Las civilizaciones quizá terminen con un quejido, pero los imperios rara vez mueren sin una explosión, y sería excepcional que el estadounidense pasara el relevo a China sin que llegue la sangre al río.

Al menos, es lo que prevé China, que no solo está haciendo un notable esfuerzo para reforzar su armamento, sino también la preparación, cohesión y moral de sus tropas. El Estados Unidos de Biden, en cambio, se está centrando en convertir su Ejército en un laboratorio de ingeniería social progresista.

¿Y por qué no? China está todavía a años luz de Estados Unidos en armamento y tecnología bélica, ¿no? Y la respuesta sería que sí, todavía sí, si la guerra solo dependiera de las maquinitas y la cohesión y la moral de las tropas y del propio país apenas contaran.

Este 4 de Julio, mientras los norteamericanos celebraban la suerte de pertenecer al país más poderoso y libre de la tierra, sus tropas abandonaban la Base Aérea de Bagram, mientras los talibanes se preparan para hacerse con los despojos y tomar el relevo, un ejemplo de cómo el ejército más poderoso del mundo puede perder contra una banda de desarrapados.

Así, volviendo al origen tras años de muerte y destrucción, es como acaba la aventura bélica más prolongada de la historia norteamericana, y es normal que el presunto presidente de Estados Unidos, Joe Biden, no quisiera hablar de ello y respondiera a la enésima pregunta sobre el particular en una reciente rueda de prensa: “Quiero hablar de cosas felices, tío. Mira, es 4 de Julio… Un fin de semana entero de vacaciones. Yo voy a celebrarlo”.

China tenía otras cosas que celebrar, como el centenario de la fundación del Partido Comunista Chino, todavía en el poder bajo la égida del presidente Xi Jinping. Uno pensaría que lo último que corresponde con esa maquinaria de muerte, represión y miseria es celebrar su fundación, pero los fastos en Pekín no miraban tanto al pasado como al presente y, sobre todo, al futuro inmediato.

Y uno de los puntos fuertes fue la consagración de Xi como un segundo Mao, el nuevo Emperador Amarillo, rompiendo implícitamente con el sistema de liderazgo colegiado que ha regido en el partido desde la muerte del Gran Timonel. Sus palabras en la ocasión no dejaron lugar a dudas: se comprometió a intensificar el control sobre el partido, advirtiendo a quienes pretendieran oponerse que serán purgados “como gérmenes”; alabó la valentía del partido y su moral de victoria, que le hacía “invencible”; anunció que ampliaría y modernizaría el Ejército Popular de Liberación para defender “la soberanía, la seguridad y los intereses de desarrollo” chinos, y sugirió que Taiwán era parte de China y que responderían con la fuerza a cualquier intento de la isla de proclamarse independiente.

No es una bravata retórica. La fuerza área y la armada chinas violó el espacio aéreo de Taiwán 380 veces en 2020. En abril desplegó una fuerza de 25 aeronaves para acosar a la isla desde el sur, incluyendo cuatro bombarderos H-6K. Han circunnavegado la isla en macroejercicios bélicos que simulaban la invasión de Taiwán.

Al Ejército norteamericano inmediatamente posterior a la disolución de la Unión Soviética se le hubiera hecho la boca agua con esta situación, y hubieran respondido de forma fulminante y abrumadora. Hoy es una organización muy distinta, como bien saben los propios chinos.

¿Qué ha pasado? La peste woke, eso ha pasado. El pasado 10 de junio, el senador Tom Cotton publicó un informe en el que detallaba 28 casos de sesgo favorable a la Teoría Racial Crítica en el ejército que le habían pasado de forma anónima oficiales y soldados. ¿Qué es la Teoría Racial Crítica? Básicamente, imparte la idea de que las instituciones de Estados Unidos son inherentemente racistas y están específicamente diseñadas para perpetuar un orden social basado en la supremacía blanca. Eso es lo que se le está enseñando a las tropas, obligatoriamente, aderezado con interpretaciones igualmente divisivas relativas al sexo, la orientación sexual, la identidad de género y la clase social.

En definitiva, supone que el alto mando le diga a los oficiales y soldados: “La fundación de este país fue un error trágico y criminal que solo se sustenta sobre la discriminación racial y la injusticia: Ahora, salgan ahí y mueran por él”.

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