Fuente: Raul Tortolero – Panam Pots

A diferencia de lo que afirman algunos conferencistas de moda, el progresismo no encuentra su origen real en las escuelas marxistas-leninistas, ni tampoco en el teórico italiano Antonio Gramsci, quien ideó categorías, pero no generó los vastos y demoledores contenidos que hoy formulan los teóricos progresistas.

Karl Marx es el “padre del odio”, el intelectual que fomentó la división de clases sociales, el odio entre unos y otros, y defendió la violencia como único e inevitable camino para implantar como supuesta solución a la desigualdad, la dictadura del proletariado. No está de más recalcar que todas las dictaduras son nefastas.

Su análisis sobre el capitalismo y contradicciones internas tiene muchos elementos certeros, pero su propuesta implica la destrucción de las libertades y los derechos humanos, que en la praxis ha generado inmensa corrupción, pobreza y sangre. Sobran ejemplos históricos del socialismo real.

En la esfera moral, los marxistas se caracterizaron por oponerse y perseguir a los homosexuales, y a usuarios de drogas, aunque sí promovieron el aborto en muchos países comunistas. El “control de la natalidad” para ellos no admite ética alguna.

Sin embargo, el progresismo actual encuentra sus raíces en el liberalismo anglosajón, que se asume como una “nueva” izquierda, y en la que no se ha puesto la atención adecuada en la gran influencia recibida del movimiento hippie, de su sexualidad sin límites, de su uso de narcóticos, de su deconstrucción de la familia natural, de su nula idea de trabajo y remuneración, de su poder contracultural.

No hay que subestimar el “poder suave” (de Joseph Nye) del progresismo y su impacto hegemónico cultural. Autores como Aleister Crowley, Virginia Woolf, William Burroughs, marcaron los movimientos contraculturales de los sesentas, y sus ideas han calado hondo en la psique colectiva norteamericana.

Esta izquierda hippie no es la marxista (castrista-guevarista, sandinista, Sendero Luminoso, bolivariana, FARC, ELN) que promovía la formación de guerrilleros en toda América Latina y en todo el mundo, y en algunos lugares lo sigue haciendo.

No obstante, en Estados Unidos y todo el continente americano, hay puentes que unen a las diversas izquierdas, porque en todos los casos su común denominador es el resentimiento social y los métodos violentos, radicales, para imponer sus ideas, como inyección de poder suave, en la cultura de la cotidianidad.

Mezcladas ya en la actualidad estadounidense, las ideas marxistas y las liberales, dan por resultado un feroz progresismo que ha invadido la educación, la mainstream media, el Big Tech y su brazo en el Social Media, y sobre todo al gobierno de Joe Biden y Kamala Harris, además de a la mayoría de los representantes y senadores del Partido Demócrata.

Por eso tantos latinos, católicos, cristianos, abandonan las filas de los burros con el #Latinexit, viendo los delirios que en esas filas se promueven.

Esta realidad no es casual, y es obvio que en el fondo la hegemonía progresista se relaciona con una racionalidad económica.

Aquí es donde fracasan muchos análisis, que suponen que el progresismo está sostenido por mafias satánicas, cuando está auspiciado por grandes intereses financieros y empresariales, que por supuesto tienen un impacto en la geopolítica del continente y del mundo.

Por sólo ofrecer dos ejemplos del progresismo como buen negocio: el mercado para los homosexuales es el que más ganancias arroja, ya que se trata por lo general de clases medias profesionistas, sin hijos, por lo que su dinero es sólo para ellos, y enfocados en la imagen.

Hace una década, el llamado pink market sólo en Estados Unidos estaba valuado en más de 660.000 millones de dólares. Las bodas del mismo sexo generaron ganancias de 3,8 billones de dólares desde que son “legales”.

Y segundo, la criminal industria del aborto, que genera miles de millones de dólares a costa de vidas humanas en etapa vulnerable.

Dicho de otra manera, es un estupendo negocio presentarse como progresista, y basta analizar a algunos de sus más notorios líderes a escala mundial, que no son ningunos hippies, como George Soros, el financista, cuya fundación Open Society patrocina políticos y organizaciones progresistas y pro aborto en todos lados.

El progresismo saca provecho económico y político al mismo tiempo, con lo que expande su poder dividiendo a la sociedad, debilitándola, hincándola.

Esto beneficia a su globalismo socialista que finalmente le alfombra el camino a la hegemonía del Partido Comunista chino, con el que hace grandes negocios ya.

Los progresistas ganan dinero manipulando a la sociedad y explotando su resentimiento y odio, fomentándolo, y su ambición es tal que no les importa que China sonría y se frote las manos.

Podemos abordar el progresismo en 10 puntos:

  • Ideología de género. Gran negocio para hacer creer que el sexo es un producto cultural “a la carta”, sin relación con la biología. El Big Pharma y la industria médica lo capitalizan.
  • Supremacismo feminista. Negocio que vende a la mujer un supuesto “empoderamiento” que implica odio a los varones e impulsa a la mujer como agente económico mega competitivo, libre de hijos y de obligaciones de la familia tradicional. Es decir, la mujer como esclava del mercado.
  • Imposición de agenda del lobby gay. Gran negocio de emporios y del marketing con íconos en la industria del cine, música, cultura y deporte.
  • Industria del aborto. Negocio satánico que arranca a un ser del seno de su madre y aporta a la industria cosmética y farmacobiológica.
  • Lenguaje inclusivo. Deconstrucción del lenguaje tradicional para atraer y potenciar el mercado de jóvenes.
  • Cultura de la cancelación. Combate del mainstream media y los capos de Silicon Valley apoyados por los demócratas para excluir todo lo que estorba a su globalismo sin moral, como al movimiento patriota MAGA.
  • Teoría Crítica de la raza. Embestida antipedagógica y de hegemonía cultural para fomentar el racismo de negros contra blancos y humillar a éstos con fines electoreros a favor de los demócratas.
  • Normalización de niños transexuales. Gran negocio de la industria de las cirugías estéticas.
  • Transexuales en deportes. Gran negocio para equipos y marketing que se valen de la biología masculina para aplastar a las mujeres en sus propios terrenos.
  • Supremacismo negro. Gran negocio que genera productos para cine, televisión, radio, redes sociales, marketing y con metas electoreras pro demócratas.


Así, el progresismo atenta contra los valores tradicionales: Dios, la religión, la familia, la patria, el nacionalismo, la unidad, la libertad de expresión y de reunión, el derecho a la legítima defensa y al trabajo, fronteras seguras y migración ordenada.

El progresismo es el caballo de Troya del Partido Comunista de China en Estados Unidos y América Latina. Al Gran Dragón Rojo le conviene derruir al Imperio Americano y el inicio es poner en crisis las columnas que lo sostienen: su Dios, sus valores, su moral. Por eso MAGA crece en importancia. Save America es ahora Salvemos a Occidente.

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