Por Agustina Sucri – La Prensa

La doctora Claudia Chaufan, que vive desde hace cinco años en Canadá donde es profesora universitaria de Políticas Sanitarias, cambió su forma de pensar sobre la actual pandemia de forma accidental y solo un año después de que fuera decretada la cuarentena en aquel país. Lo hizo al descubrir los trabajos del doctor Peter McCullough y más tarde los de Pierre Kory y el argentino Héctor Carvallo, entre otros, que revelaban la cantidad de formas de prevenir o tratar el covid que se estaban silenciando.

A estos profesionales llegó interesada en conocer las alternativas para protegerse del virus SARS-CoV-2, al que veía entonces como una “sentencia de muerte”, en especial por ser diabética insulino-dependiente y haber sido diagnosticada recientemente con una polimialgia reumática, una enfermedad autoinmune. Obediente hasta entonces a todas las disposiciones oficiales, temió que la única opción que le ofrecía el gobierno canadiense como protección pudiese representar un riesgo por sus enfermedades de base. No tardó en advertir, sin embargo, que no podía siquiera conversar con sus colegas sobre esta información sin caer en el descrédito. Entendió que no había espacio para cuestionar la “ciencia oficial”.

Pero cuatro meses atrás Chaufan -quien también es médica diabetóloga- encontró en la Canadian Covid Care Alliance (CCCA) no solo un espacio propicio para continuar con sus investigaciones como líder del comité de covid crónico, sino también la asistencia de un médico del equipo que le prescribió un protocolo de profilaxis que incluye la ivermectina. 

“Acá los médicos recibieron en abril una nota diciendo que si se desviaban del protocolo oficial, corrían el riesgo de perder la matrícula. Ha habido muchísima persecución”, relató en una entrevista con La Prensa la académica, quien se preguntó: “¿Por qué suprimen la información sobre la experiencia clínica con tratamientos que permiten prevenir o tratar el covid?, ¿por qué los demonizan?, ¿a qué le tienen miedo?”.

“La realidad es que el establishment en Canadá no solo está suprimiendo la información, sino que está haciéndole la guerra porque una cosa es no revelar o intentar que la gente no se entere y otra cosa es que te pongan en el diario ‘no tomes medicamentos para caballos’. Estos ignorantes no dirían nunca no tomes medicamentos para peces si te dieran penicilina, porque la penicilina se da también a los peces”, aseguró Chaufan, quien integra además la agrupación Canadian Academics for Covid Ethics.

“Yo hablo de ivermectina porque es la que más estudié, pero se está utilizando la hidroxicloroquina, la azitromicina, hace poco encontré información de la artemisia, que tengo que investigar un poco más. El tema es que no quieren que se hable de eso y desdeñan los estudios… les imponen un doble estándar”, lamentó.

– La fluvoxamina es otro de los medicamentos que parecen haber demostrado buenos resultados.
– Sí. No la estudié, pero está en los protocolos. Lo que pasa es que les están diciendo a los médicos que no traten a los pacientes. Esto lo sé por mis colegas porque yo no ejerzo aquí como médica, no me rematriculé para hacerlo. Hay una narrativa y no se te ocurra oponerte porque o te ignoran o te persiguen o buscan avergonzarte y mienten o distorsionan. Son las dos estrategias. 

– Sin embargo, los profesionales de la CCCA se animaron a abrir nuevos caminos, ¿verdad?
– Sí, los médicos que integran la alianza están siguiendo una variedad de protocolos. Ellos tienen criterio clínico. Tenemos el protocolo de la FLCCC de Estados Unidos, que es el que estoy siguiendo hace alrededor de cuatro meses, pero mi médico está siguiendo una variedad de protocolos en función de la situación de cada paciente.
Por supuesto que quiero protegerme contra una cosa seria, pero por qué no con drogas que han estado circulando desde hace 40, 50 o más años. Drogas que hasta ganaron el premio Nobel y que se han dado a miles de millones de personas en todo el mundo. Y que los estudios y reportes de efectos adversos y toxicológicos revelan que éstos son prácticamente nulos.

¿Todavía le tiene miedo al virus?
– Le tengo respeto. Pero me siento científicamente muy protegida. Le tengo respeto en el sentido de que tampoco me quiero agarrar una gripe, no quiero terminar en el hospital, nunca terminé hospitalizada, ni siquiera con mi diabetes.

Lo que marca la diferencia es hablar de covid sin tratamiento. Es como hablar de una infección urinaria y que nos manden a casa con una aspirina. Después volvés con la infección que subió al tracto urinario y luego por ahí te compromete todo lo demás. Es un disparate, es criminal.
Por lo tanto, el problema no es covid o no covid, el problema es el abandono de paciente. A la gente le crean esta imagen, esta narrativa, y te dicen ‘si te agarra covid, estás por tu cuenta porque nosotros no tratamos el covid. Te vamos a dar tratamiento de apoyo, para que si puedas te salves’.

Acá los médicos que ejercen la profesión recibieron en abril una nota diciendo que si se desviaban del protocolo oficial corren el riesgo de perder la matrícula. Ha habido muchísima persecución. 

– Usted encabeza el comité de la CCCA abocado a investigar sobre el covid crónico. ¿Qué es lo que hay que saber al respecto?
– El covid crónico es en realidad como las complicaciones de la diabetes. Si tenés un paciente diabético y no lo tratás bien, es cuando más se dan las complicaciones de la diabetes: retinopatía, nefropatía, cardiopatía, neuropatía… porque la diabetes está mal tratada o no tratada. Con el covid pasa exactamente igual. Pero a nadie le tendría que sorprender esto. Tampoco se entiende que no se utilicen los apoyos que se conocen para reforzar el sistema inmunológico como, por ejemplo, la vitamina D o la vitamina C. La narrativa dominante construye en torno a eso la idea de que se está practicando curandería. Es un escándalo la supresión activa de los tratamientos.

Y hace un día mis colegas recibieron del Colegio de Farmacéuticos de la provincia de Ontario una comunicación diciendo que no van a poder proveer más la ivermectina ni para la profilaxis ni para el tratamiento del covid. Es como una cacería de brujas. Porque no solamente te están demonizando, sino que como la demonización sola no funciona, entonces están haciendo la guerra con los instrumentos de la tiranía del Estado. No dejan que los médicos hagan medicina. 

A mí cuando practicaba como diabetóloga nunca me dijeron que no podía adaptar el tratamiento en función de lo que sirviera para el paciente.

– ¿Toda esta situación insólita le hizo replantear su mirada sobre la medicina?
– Sí, completamente. No me replanteo la necesidad de un sistema médico público pero este sistema no puede implicar que se metan en el consultorio del médico y le digan lo que tiene que hacer. Al médico se le debe respetar el criterio clínico. No puede venir un tipo de una farmacéutica a decirte -como me decían a mí con 25 años y yo me lo creía- que este es el último estudio que muestra que tal droga es fantástica. En ese momento no sabía de los manejos que ha habido con el complejo médico-industrial-farmacológico en el que además el Estado está involucrado. 

– ¿A qué le atribuye que la mayoría de los médicos parece haber perdido ese criterio? ¿Cómo puede ser que no advirtieran que lo que estaban haciendo claramente no ayudaba a los pacientes? ¿Cómo puede ser que ninguno se cuestionara eso?
– Es interesante. Como estuve desconectada muchos años de la práctica médica lo único que puedo hacer es especular como socióloga. Primero está la cuestión de la comodidad. Si a vos te dicen, si seguís órdenes no vas a tener problema, entonces seguís órdenes. Como no sabían nada de covid y esto es una cosa rara, muchos habrán dicho ‘los expertos sabrán’. La otra es el miedo. Si te dicen que esto te puede poner en problemas porque nosotros no lo aprobamos y si algo le pasa a tu paciente es responsabilidad completamente tuya, eso da miedo. Y la tercera es el ser avergonzados. Entonces tenés 30 años, sos médico, estás agobiado de pacientes y te dicen todas estas cosas… A esa edad mis referentes de autoridad médica eran la OMS, la Sociedad Argentina de Diabetes, en la Sociedad Argentina de Nutrición, la Sociedad Argentina de Cardiología… no leía cada estudio en particular ni las controversias. No tenía tiempo. Ahora todo lo que hago es leer las controversias. Pero tengo mucho tiempo. Entonces entiendo la realidad y la posición de los médicos. Pero me pregunto qué se podrá hacer para romper con esto, para darles coraje para que practiquen lo que aprendieron, el juramento hipocrático.

– ¿Hay en la población canadiense un cierto despertar sobre lo que se está viviendo?
– No.  Hasta en el diario más cercano a la “izquierda” -aquí no existe- la crítica es muy limitada. Y el partido más de izquierda avala por completo las medidas.

– Nadie cuestiona nada.
– Nadie cuestiona la ciencia. Y en la Universidad están todos subidos al mismo vagón. Lo que sí veo en mi relación diaria en esta comunidad rural en la que estoy viviendo es que hay mucha resistencia y mucho miedo. Hay granjeros que dicen que temen que no los dejen entrar al mercado que tienen dos veces por semana. Pero para protegerse muchos están siguiendo el protocolo -que es público- de profilaxis con ivermectina, aunque lamentablemente están adaptando la formulación veterinaria. Y eso es un riesgo. Ahora le están diciendo a las veterinarias que no lo vendan. 

– ¿Se planteó la posibilidad de mudarse en caso de que la presión sea cada vez mayor?
– Muy francamente, se me cruzó por la cabeza. Pero tengo toda mi vida acá. Mi esposo, mi hijo, qué voy a hacer, dónde voy a ir. Nunca creí que fuera posible, pero estoy viendo una tendencia terriblemente problemática. En lo personal, me asusta. Veo procesos estructurales que resultan inquietantes. Pese a mi tendencia habitual a la equidad, en este momento tengo claro que no quiero que toquen mis derechos básicos civiles y políticos. Están alegando que existe una emergencia que ellos mismos crearon, y que están impidiendo que se resuelva porque están impidiendo a los médicos que practiquen la medicina para que traten o incluso prevengan la infección. Y así buscan obligarme a someterme, invadiendo mis derechos básicos, civiles, humanos y políticos. 

– ¿Cree que el final de esta situación está cerca?
– No lo sé. Me pregunto qué es lo que hacen los que dan las órdenes. El doctor McCullough dijo que 200 miembros del parlamento de Estados Unidos, donde viví casi 20 años, están tomando tratamientos “alternativos”, que no tienen nada que ver con la medicina alternativa, son completamente alopáticos. También están suprimiendo la información sobre la inmunidad robusta que da el haber tenido covid. Están tratando de no prevenir para asegurarte de que te vas a infectar y, si te infectás, se aseguran de que no te van a tratar. Es diabólico y siniestro.

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