Por Marcelo Duclos – Panampost.com

La pregunta que todos los argentinos nos hicimos durante el largo encierro peronista del coronavirus era qué tenía que pasar para que el gobierno decidiera levantar definitivamente las exageradas restricciones. ¿Sería el momento cuando se llegue a la inmunidad de rebaño? ¿La vacunación de la totalidad de la población de riesgo? ¿La vacuna aplicada a la mayor parte de la población? ¿Esperar a que se aplane la famosa curva de muertos o contagios? Nada de eso. Hizo falta, solamente, que el kirchnerismo perdiera por paliza las primarias del 12 de septiembre.

El 13, justamente el día siguiente, Argentina reportó 238 fallecidos. Es decir, la cifra más alta desde el 18 de agosto de este año, que se registraron 247. Desde el 9 de agosto, donde se anunciaron 502 decesos, que el promedio diario estuvo por encima de los 100. Sin embargo, aquel 13 de septiembre, el Frente de Todos, vapuleado en las primarias y con la necesidad absoluta de buscar revertir el resultado antes de las elecciones de pasado mañana, pegó un volantazo histórico. Sin medias tintas, el oficialismo anunció el final de casi todas las restricciones y hasta volvieron los eventos masivos como los conciertos y el fútbol con público. Se liberó el inconstitucional cupo de ingreso al país de los ciudadanos en el exterior y se abrieron los vuelos a otros países, que estaban tan limitados como caros por la falta de oferta, producto de las restricciones arbitrarias.

Claro que la pregunta del millón era qué tanto podía subir el número de muertos y contagiados, luego de la improvisada y apurada liberación de la población argentina. Lo cierto es que no dejaron de caer. Paradójicamente, desde aquel 13 de septiembre, 24 horas después de la derrota del 12. En las primeras dos semanas del mes antes de la apertura, el número de contagios registrados había oscilado entre 1000 y 5000 casos diarios aproximadamente. Entre el 11 de octubre y el 11 de noviembre, los nuevos positivos tuvieron un pico de 1589 (el 28/10), pero el promedio estuvo levemente por encima de los 1000 casos, con días que anduvieron por los 500.

¿Lo más importante? Claro, el número de fallecidos. Bueno, tampoco dejó de caer. Desde el 22 de septiembre, no hubo ningún día donde la cifra de muertos haya superado las tres cifras. Incluso, el número de decesos en varias jornadas ni siquiera terminó por encima de los dos dígitos. Pareciera que la relación terminó siendo la inversa a la que el Gobierno quería plantear con el virtuosismo de una cuarentena, que terminó de quebrar al sector privado, que enloqueció a la población y que también los fulminó políticamente.

“Qué maravilla de la biología internacional la manera en que se superó el coronavirus en la República Argentina. Tan solo fueron necesarias unas elecciones primarias, abrir las urnas y contar los votos”, ironizó el polémico analista político y económico Carlos Maslatón desde sus redes sociales.

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