Por Vanesa Vallejo – elamerican.com

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha dicho que quiere “joder” y expulsar de cafés, teatros y cines a los millones de franceses que no se han vacunado contra el Covid. El tenista Novak Djokovic fue detenido en Australia y será deportado por no estar vacunado; el nueve veces ganador del torneo se perderá el Abierto de Australia. En Italia el Gobierno aprobó la vacunación obligatoria para mayores de 50 años.

¿En qué clase de monstruos nos hemos convertido? Es hora de que nos preguntemos en qué momento este virus chino ha convertido a millones de personas alrededor del mundo en totalitarios que quieren condenar al encierro a quienes no se aplican una vacuna. 

Esto no se trata de unos cuantos políticos a los que se les va la mano, es peor. Se trata de millones de personas que apoyan y piden convertir en ciudadanos de tercera categoría, sin libertad, a los no vacunados. Macron, de hecho, está en campaña electoral y su delirante discurso sobre “joder” a quien no tenga un carnet de vacunación es una aterradora prueba de lo popular que se ha vuelto la dictadura sanitaria. 

Lo que ocurre por estos días muestra cómo el temor, infundido en gran medida por políticos, hace que la gente acepte cualquier locura totalitaria. Es aterrador que haya gente que quiere negarle los servicios médicos a los no vacunados, y en qué momento se volvió normal arruinarle la vida a alguien, dejándola sin trabajo, solo por tomar una decisión médica diferente.

Que quede claro que no vacunarse no es poner en riesgo al resto de la humanidad, en todo caso sería ponerse en riesgo a sí mismo. Si creemos en la vacuna y sabemos que funciona no hay por qué preocuparse por aquel que no se vacunó. Precisamente la vacuna es para eso, para que si a usted le da Covid -que se lo puede contagiar tanto un vacunado como un no vacunado- no muera y los efectos sean leves.

El Covid y el miedo que han propagado políticos y científicos -que en realidad son más políticos que otra cosa- nos recuerda algunos de los peores momentos de la humanidad. Donde una multitud desquiciada decidió culpar a un grupo de personas por todos los males del mundo y por lo tanto condenarlos al destierro, torturas e incluso la muerte.

Y no importa si es legal, las leyes de Nuremberg y el apartheid también eran legales. Legal no es sinónimo de ético o correcto. Que un político decida obligar por ley a discriminar y segregar a los no vacunados no lo hace correcto.

Hay que reaccionar ya. Hemos llegado demasiado lejos. Hoy son los no vacunados, mañana serán los que no tienen las dos dosis, luego los que no tienen tres y así seguirán si no frenamos esto.

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