Fuente: Minghui.org

El hermano del amigo de Ushio Sugawara necesitaba urgentemente un hígado en 2007 para mantener su vida. Rápidamente encontró uno en un hospital chino. Sugawara, que ayudó a comprar albúmina para la operación, envió a China la solución tan necesaria para la cirugía. Allí se sorprendió al descubrir la sangrienta verdad de la procedencia del órgano.

Sugawara era miembro del Sexto Yamaguchi-gumi, la mayor organización mafiosa de Japón. Dejó la banda en 2015 y ahora es un conocido comentarista económico en Japón. Ha publicado una docena de libros y a menudo ha criticado al Partido Comunista Chino por sus prácticas nada éticas.

En una entrevista con The Epoch Times el 20 de junio de 2022, Sugawara reveló lo que descubrió sobre la sustracción forzada de órganos a practicantes de Falun Dafa vivos, mientras trataba de ayudar al hermano de su amigo a recibir un trasplante de órganos en China en 2007.

A continuación, la traducción de su entrevista.

Reportero: Sr. Sugawara, ¿puede contarme más sobre lo que sucedió?

Sugawara: En 2007, el hermano de mi amigo tenía una enfermedad hepática que empeoraba constantemente. El médico le dijo que no le quedaba mucho tiempo y que la única forma de salvar su vida era someterse a un trasplante de órganos. Por aquel entonces, sólo se podía hacer un trasplante de hígado en Estados Unidos, Francia o China. Pero el tiempo de espera en Estados Unidos y Francia era muy largo y el precio era elevado. También había restricciones legales muy estrictas. Por ello, optó por ir a China para el trasplante.

El Hospital General de la Policía Armada de Beijing aceptaba pacientes japoneses, así como de Arabia Saudita y Alemania. Un médico chino del hospital dijo que podrían encontrar pronto el donante y que el costo sería de 30 millones de yenes (unos 255.000 dólares).

En agosto de 2007, el médico dijo que habían encontrado un donante compatible y que la operación podría realizarse en cualquier momento. Pero antes de la operación, se descubrió que la proteína de albúmina proporcionada por el hospital y necesaria para la cirugía no era suficiente. Me pidieron que comprara la solución en Japón y la llevara a China. Así fue como me enteré de lo que estaba pasando.

Conseguí comprar la albúmina en Japón. Pero como está catalogada como droga, necesitaba un permiso para la exportación. En el lado japonés, utilicé mis contactos para sacarla de la aduana. A continuación, seguí las instrucciones del agente intermediario que medió en el trasplante de órganos para entrar en China desde la ciudad de Dalian, en la provincia de Liaoning, y tomar el vuelo asignado hacia Beijing.

En Beijing, me encontré con algunos problemas. Aunque un militar de alto rango vino a recibirme, el personal del aeropuerto me detuvo tras encontrar la solución de albúmina en mi equipaje facturado. Dijeron que no podía sacarla del aeropuerto sin un permiso.

La policía aeroportuaria, los agentes de seguridad pública y los militares trabajaban para sistemas diferentes. Ninguno de ellos estaba dispuesto a dar marcha atrás. La discusión duró varias horas. Al final, con la intervención de un funcionario público, me permitieron salir del aeropuerto.

Entregué la solución de albúmina al hospital y visité al hermano de mi amigo un día antes de la operación.

El médico, que había estudiado antes en Japón y dominaba el japonés, me dijo que el donante estaba en la habitación de al lado y me preguntó si quería echar un vistazo. Levantó la cortina y vi a un joven tumbado en la cama. Me dijeron que tenía 21 años. Como le habían puesto una inyección de anestesia, no respondía.

Me dijo que el donante era una persona muy mala, un criminal que estaba condenado a muerte. Debido a que iba a morir tarde o temprano, podía hacer alguna contribución donando sus órganos antes de morir. El médico me dijo: “Es muy joven y tiene un hígado muy sano”.

Le pregunté al médico qué había hecho el joven para que lo condenaran a muerte. Dijo que era miembro de una organización terrorista. Seguí preguntando qué había hecho exactamente. El médico dijo que era un “Falun Gong”.

Al final, la operación fracasó y el hermano de mi amigo murió durante la cirugía.

Periodista: ¿Qué aspecto tenía el joven cuando lo viste?

Sugawara: Estaba tumbado. Tenía las manos y los pies vendados. Le cortaron el tendón de las manos y los pies el día anterior. El médico dijo que era para evitar que huyera. Además, la gente se encoge cuando tiene miedo y eso afectaría a la calidad del órgano durante la extirpación. Por eso le hicieron una tendonectomía.

Periodista: ¿Así que seguía vivo antes del trasplante?

Sugawara: Por supuesto. Cuando lo vi, todavía estaba vivo. Pero moriría después de que le sustrajeran el órgano. Dijeron que el porcentaje de éxito era mayor si la sustracción del órgano se realizaba al mismo tiempo que el trasplante. En cuanto a lo que le hicieron a su cuerpo, no lo sé.

Periodista: ¿Cuánto tiempo tardaron en encontrar al donante?

Sugawara: El hermano de mi amigo fue primero a China para examinarse y luego volvió a Japón. El agente chino encontró la compatibilidad un mes después.

Periodista: ¿Quién era el agente?

Sugawara: Trabajaba como intermediario médico. Desde 2007, muchos chinos adinerados venían a Japón en grupos para hacer turismo médico. Él también participaba en eso. Es de origen chino y estudió en Japón. Tiene una amplia red de contactos y se hizo amigo de muchos médicos japoneses famosos.

Periodista: ¿El Hospital General de la Policía Armada de Beijing se dedica activamente al trasplante de órganos?

Sugawara: Sí. Según su propia presentación, muchas personas adineradas de Europa, Estados Unidos, Rusia, Arabia Saudí y otros países de Oriente Medio acuden allí para recibir trasplantes de órganos. He visto a algunos occidentales allí. En cuanto a los japoneses, el hermano de mi amigo era el único que estaba allí. Pero he oído que muchos japoneses van allí para recibir trasplantes de órganos.

Hay un lugar específico para que los pacientes se alojen antes de la cirugía, y creo que debe ser un hotel cercano. Los médicos realizaban frecuentes exámenes físicos a los pacientes antes de las operaciones de trasplante.

Reportero: ¿Se involucraron los funcionarios del Partido Comunista Chino?

Sugawara: Por supuesto. Me dijeron que sin la participación de los funcionarios, el hospital no podría hacer trasplantes de órganos y muchas cosas no habrían ocurrido.

Cuando estuve en el aeropuerto, salí por un carril VIP y un túnel subterráneo, que suelen utilizar los funcionarios de alto rango. No vi ningún otro coche allí. Además del funcionario de alto rango que vino a recibirme, había cuatro militares armados. Los coches militares nos despejaron el camino, mientras íbamos del aeropuerto al centro de Beijing.

No sabía el nivel del funcionario, pero creo que debe tener algún poder. Cuando llegó, su coche, un Lexus negro, estacionó justo al lado del avión y entonces los funcionarios de aduanas fueron a sellar mi pasaporte. Luego salimos por la salida que decía “Sólo VIP”.

Intercambié tarjetas personales con ese funcionario. Pero como ha pasado tanto tiempo, la perdí.

Periodista: ¿Los principales medios de comunicación de Japón estaban al tanto de esto?

Sugawara: Lo sabían, pero se negaron a informar sobre ello, porque seguían queriendo hacer negocios en China.

Algunos reporteros de un importante medio de comunicación japonés también estaban allí cuando fui al hospital. Querían hacer una entrevista sobre el trasplante de órganos, pero fueron rechazados por el hospital. Cuando almorzaba con el agente, también estaba presente un reportero.

Esto es muy cruel. Incluso cuando hablo de ello ahora, sigo sintiendo que es muy cruel. Gastamos 30 millones de yenes, pero aún así perdimos dos vidas. No es bueno para nadie.

Pero los chinos implicados creían que estaban haciendo lo correcto. Les lavaron el cerebro. Incluso el médico chino con el que hablé no creía que hubieran hecho nada malo, porque los que mataron eran “presos del corredor de la muerte”. Todos piensan así. A todos les han lavado el cerebro. Es algo verdaderamente brutal.

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