Fuentes: The Expose y La Gaceta de la Iberosfera

Quién es Yuval Noah Harari

Nacido en 1976 en el seno de una familia judía con orígenes europeos​ en el distrito de Haifa, Israel, estudió historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén. A los 26 años realizó un doctorado en la Universidad de Oxford y seis años después obtuvo un puesto de profesor titular en la universidad donde estudió en Israel.

Abiertamente homosexual, Harari vive junto a su «marido» en un moshav —similar a los conocidos kibutz—, un tipo de comunidad rural israelí que funciona como una cooperativa. El escritor, además, se considera ateo —aún así, presume de realizar meditación vipassana— y practica el veganismo.

Lo que ha llevado a la fama a este gurú de las élites globalistas han sido sus libros, los cuales fueron elogiados y recomendados por el ex presidente de EEUU Barack Obama, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, y el magnate Bill Gates, entre otras personalidades.

Su libro Sapiens: Una breve historia de la humanidad le dio la fama internacional.​ Este texto fue publicado en hebreo en 2011 y después fue traducido a multitud de idiomas, vendiendo millones de ejemplares en medio mundo. En este libro Harari relata la historia de los últimos 70.000 años, pero con mucha fantasía e invenciones, asegura Mario A. Iannaccone en Il Timone, según recoge Religión en Libertad.

Le siguió en 2015 Homo Deus: Breve historia del mañana donde desarrolla ideas sobre un mundo futuro no tan lejano del actual en el cual nos veremos enfrentados, a su juicio, a una nueva serie de retos. En esta obra afirma que, gracias a los algoritmos que permitirán desarrollar la inteligencia artificial, a los ordenadores cuánticos y a los inventos que permitirán unir las tres esferas de lo biológico, lo digital y lo electrónico, el hombre está a punto de cambiar radicalmente su esencia, transformándose en un ser distinto, otro ser respecto al que ha sido y que él llama, gnósticamente, homo deus, relata Iannaccone.

En 2018 publicó 21 lecciones para el siglo XXI, donde se centra en el presente e intenta abordar, a su manera, los problemas tecnológicos, políticos, sociales y existenciales de nuestro tiempo.

El punto central de la predicación de Harari, nos dice Iannaccone, «es que la tecnología no puede detenerse y que los cambios no pueden o no deben ser parados. Pueden ser disciplinados, pero no existe ninguna autoridad, ni civil y mucho menos religiosa, que pueda detener el proceso tal como se está perfilando y por muy arriesgado que sea. Como mucho, se pueden admitir una gobernanza —palabra muy de moda en Davos— y una comisión de pensadores y tecnócratas que podrán proponer una reglamentación, sobre todo en el ámbito de la inteligencia artificial. Esta y las nuevas tecnologías crearán una nueva especie de ser vivo, el homo deus, distinto del homo sapiens, que pretenderá tener derechos propios, además de deberes. Obviamente, en este proceso se separará la procreación de la biología y de los sexos, convertidos en «géneros» fluidos».

Además de presumir de ateismo, Harari no le tiene mucho cariño a la religión. «Todas las historias que la gente cuenta sobre el universo —la historia judía, la cristiana, la musulmana— son sólo ficciones inventadas por los humanos», afirmó en una entrevista en La Vanguardia. El escritor dijo, además, que de lo que más estaba orgulloso era de que se las había «apañado» para «liberarse» de la mayoría de las «historias ficticias» que la gente le contaba sobre el mundo y de que tuvo el «valor» de preguntar por «la verdad» en lugar de conformarse con «un reconfortante cuento de hadas».

Harari es en definitiva, un personaje perfecto para divulgar la deriva transhumanista globalista, el sueño del capitalismo del control y de la ciencia sin límites. Quizá por ello ha sido catapultado por personajes de la ralea de Bill Gates, Mark Zuckerberg, Reed Hastings (el CEO de Netflix) o el cofundador de Twitter Jack Dorsey, de políticos y personalidades mediáticas, y ha sido promocionado por instituciones como el Foro Económico Mundial. Es, en definitiva, parte del brazo intelectual de las élites globalistas.

Harari y que hacer con la “gente inútil”

En 2015 y 2017, el historiador y filósofo Yuval Noah Harari analizó cómo se estaba creando una clase masiva de gente inútil. La revolución de la inteligencia artificial está empezando a crear “la clase inútil”, afirmó.

Cuando se le preguntó si su libro de 2015 ofrecía alguna solución, respondió: “En este momento, la mejor solución que tenemos es mantenerlos [a la clase inútil] contentos con drogas y juegos de computadora”.

El Dr. John Lennox, un renombrado matemático de Oxford y autor de ‘2084: Inteligencia artificial y el futuro de la humanidad, dijo que le interesaba Harari por su amplia influencia. “Realmente es una persona influyente… Lo que realmente tiene que decir me preocupa más debido a su inexactitud y su lectura de la historia me parece muy extraña”, dijo el Dr. Lennox.

En el libro Homo Deus, dijo el Dr. Lennox, Harari dice que hay dos temas principales en la agenda para el siglo XXI. “El primero es solucionar el problema tecnológico de la muerte humana. Lo considera un problema técnico y un problema técnico con soluciones técnicas. Y luego, en segundo lugar, mejorar la felicidad humana… Sobre mejorar la felicidad humana su objetivo es, y esto es más o menos una cita, ‘convertir al Homo sapiens en Homo Deus’. En otras palabras, convertir a los humanos en dioses”.

Poco después de su lanzamiento, Homo Deus, Harari pronunció un discurso basado en su otro libro, Sapiens, en TEDTalks. Después de su discurso, se le pidió a Harai que explicara una afirmación que hizo en su libro Sapiens : “…nuevas clases y nuevas luchas de clases, tal como lo hizo la revolución industrial”.

Harari respondió: “En la revolución industrial, vimos la creación de una nueva clase del proletariado urbano. Y gran parte de la historia política y social de los últimos 200 años involucró qué hacer con esta clase y los nuevos problemas y oportunidades”.

“Ahora vemos la creación de una nueva clase masiva de gente inútil”, dijo.

“A medida que las computadoras mejoran cada vez más en más campos, existe una clara posibilidad de que las computadoras nos superen en desempeño en la mayoría de las tareas y hagan que los humanos sean superfluos. Y entonces la gran pregunta política y económica del siglo XXI será: ‘¿Para qué necesitamos a los humanos?’, o al menos, ‘¿Para qué necesitamos tantos humanos?’”.

Luego le preguntaron a Harari si había respuestas a esas preguntas en su libro. Él respondió: “En la actualidad, la mejor suposición que tenemos es mantenerlos contentos con drogas y juegos de computadora”.

Aclaró que no estaba prediciendo el futuro sino más bien planteando posibilidades. “No es una profecía; es ver todo tipo de posibilidades ante nosotros”, dijo.

A su modo de ver, sólo había dos posibilidades; ambos resultarían en una gran cantidad de personas inútiles. Él dijo:

“Una posibilidad es la creación de una nueva clase masiva de gente inútil. Otra posibilidad es la división de la humanidad en diferentes castas biológicas, con los ricos siendo convertidos en dioses virtuales y los pobres siendo degradados a este nivel de gente inútil”.

Poco más de dos años después, se unió a The Newsmakers de la emisora ​​turca TRT. TRT pregunta en el título del vídeo: Gracias a las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial, ¿alcanzaremos la casi inmortalidad o el futuro de la raza humana es sombrío?

“Los tres mayores problemas de la humanidad en el siglo XXI son el peligro de una guerra nuclear, el peligro del cambio climático y los peligros inherentes a las tecnologías disruptivas, especialmente la bioingeniería y la inteligencia artificial”, dijo Harari.

“Ahora estamos adquiriendo poderes realmente divinos de creación y destrucción, así como según las religiones antiguas Dios tenía el poder de crear animales, plantas y humanos según sus deseos. Ahora la humanidad en el siglo XXI, con la bioingeniería y la inteligencia artificial, obtiene este poder divino para diseñar y fabricar vida”.

Según Harari, los principales productos de la economía del siglo XXI no serán textiles, vehículos y armas. “Los principales productos serán cuerpos, cerebros y mentes. Estamos aprendiendo a diseñar la vida… realmente nos estamos convirtiendo en dioses”.

No es una tecnología absolutamente segura, no es determinista y aún podemos hacer algo al respecto, afirmó. “Pero, si no tenemos cuidado, dentro del próximo siglo –digamos dentro de cien años– podremos ver a la humanidad dividiéndose en formaciones biológicas… Con el auge de la bioingeniería, podría ser posible traducir la desigualdad económica en desigualdad biológica y luego… veremos a la humanidad dividiéndose en castas”.

Nuevamente se refirió a la creación de “la clase inútil”.

“La revolución de la inteligencia artificial está empezando a crear la clase inútil. A medida que las computadoras superan a los humanos en cada vez más tareas, es probable que los expulsen de más y más puestos de trabajo. Y entonces el peligro es que habrá millones de personas, incluso miles de millones de personas, que no tienen ningún valor económico y, por lo tanto, tampoco tienen ningún poder político”.

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