«Mi esposa estuvo dos días detenida sin haber cometido ningún delito, la metieron presa por querer trabajar», aseguró Marcelo Plano, propietario de Maxikiosco «El Busca», Córdoba, Argentina, que fue clausurado días atrás por no cumplir con el protocolo para apertura de estos comercios en medio de la pandemia de coronavirus. 

El pasado miércoles, tras pagar una multa de $ 40.186, recuperó su libertad Alicia Raquel Ibáñez, dueña del emprendimiento comercial de barrio San Martín de nuestra ciudad, quien el pasado lunes fue detenida por burlar la clausura del local que el municipio había impuesto por atender al público fuera del horario permitido por el decreto que regula el aislamiento, alegando que violó la norma al menos en tres oportunidades.

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Luego de que el Tribunal Administrativo de Faltas del municipio diera participación a la Justica, la misma fiscal, Leonor Faillá, que había ordenado la detención este miércoles resolvió que la mujer de 35 años fuera liberada. En tanto, sigue imputarla por «desobediencia a la autoridad».

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Marcelo sostiene que la causa de la clausura fue el entredicho que protagonizó con el inspector municipal, ya que afirmó que según les informaron, el sábado anterior al Día del Padre, estaban habilitados a abrir hasta las 20 y no hasta las 18, puesto que el negocio además de alimentos, vende artículos de regalaría.

«Mi esposa cometió una contravención, no un delito. Quiero conocer toda la verdad porque ella fue presa por querer trabajar, nada más que por eso», expresó indignado en diálogo exclusivo con LA VOZ DE SAN JUSTO.

El abogado defensor, Rubén Caffaratta, pidió la excarcelación de su defendida amparándose en que se la acusa de un delito contravencional que no contempla pena privativa de la libertad. Además, expuso que Ibáñez es madre de familia -tiene tres hijos, la menor, de 10 años- y que por su condición de comerciante posee arraigo en la ciudad.

Durante dos días la mujer permaneció alojada en la Alcaidía de la Departamental San Justo. Este diario intentó obtener el testimonio de la imputada, en tanto, fue su esposo, Marcelo, quien rompió el silencio y accedió a la entrevista en la tarde de ayer en el local de Bv. 9 de Septiembre 2175, que todavía permanecía con la faja de clausura, aunque era inminente la apertura ya que fue abonada la multa.

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«Ella no está en condiciones de hablar, no se encuentra bien anímicamente, le afectó mucho estar dos días detenida sin haber cometido ningún delito, la metieron presa por querer trabajar», manifestó el hombre con un mezcla de impotencia, bronca e indignación por lo sucedido, que a su entender, fue una injusticia.

«Estamos muy tristes porque creo que nos clausuraron de una manera injusta», siguió.

Si versión de los hechos

Plano narró que «el viernes mi señora se comunicó a la línea municipal 103 preguntando por el horario de atención al público en víspera del Día del Padre. Informó que nosotros teníamos artículos de regalaría. Quien la atendió le informó que nosotros estábamos autorizados a cerrar a las 20», comenzó narrado lo ocurrido Marcelo.

El comerciante aseguró que ellos siempre respetaron los horarios establecidos por el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) para los comercios minoristas esenciales de proximidad, como kioscos y almacenes de barrio, de 7 a 18, aunque desde ayer pueden abrir hasta las 20.

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No obstante, a causa de la información recibida en el 103, ese sábado anticiparon en las redes sociales que iban a tender hasta las 20.

«A las 19.50 del sábado 20 de junio, llegó un inspector y nos preguntó si teníamos habilitación para atender hasta las 20, le informé lo que me habían dicho desde el 103, me preguntó cómo estaba habilitado el comercio y le dije que como proveeduría. Entonces, consultó por teléfono, cortó y me manifestó que tenía que cerrar por orden de la jueza de faltas. Sin problema, comencé a guardar las cosas que tenía en la vereda mientras el inspector permanecía parado allí», relató Marcelo.

Pero fue la llegada de una clienta que venía a buscar un regalo a última hora la que disparó la discusión con el inspector municipal. «No dejaba entrar a la chica. Le pedí que la dejara pasar porque venía a buscar un regalo que ya tenía encargado, allí este inspector se pone mal y me dijo: «Vamos hacer las cosas como querés vos, yo ahora te clausuro». Yo le respondí que hiciera lo que quisiera y le entregué el regalo a la clienta», continuó.

El empleado municipal le pidió la habilitación del comercio. «Se la mostré y le tomó una foto y se fue. Cerré y al otro día me encontré con el negocio clausurado», dijo Marcelo y comentó que en ningún momento tuvo en sus manos un acta de clausura.

La puerta de acceso a la vivienda familiar es además la puerta principal del local comercial. «Al no tener en mi poder ninguna acta de clausura, el domingo abro normalmente, pero al mediodía vuelven a clausurar el comercio, allí comencé a atender por el costado ya que había gente que tenía regalos encargados».

De la clausura a la detención

Al lunes siguiente, Alicia comenzó el peregrinar que implica este tipo de trámites. «Con el asesoramiento de un abogado, empezó a realizar el descargo, todo por escrito», contó su marido.

El letrado les sugirió que consultaran a un colega penalista «porque nos habían iniciado una causa en la Justicia Penal por la rotura de la faja de clausura. Nosotros, en nuestra ignorancia en el tema, desconocíamos que podía llegar a ocurrir eso».

Al retornar el matrimonio de la reunión con el abogado, había dos policías de civil frente al maxikiosco quienes le tonificaron a Alicia que tenían una orden de detención en su contra. A las 17 de ese lunes finalmente fue detenida.

«Fue una contravención, no un delito»

«Se la llevaron en un auto sin identificación, la trataron muy bien, con mucho respeto, pero pese a todo, ella ahora está angustiada, siente mucha vergüenza. Ella siente la mirada de la gente y eso la pone mal», señaló Marcelo sobre el estado anímico de su esposa.

«La fiscal nos dijo que si no pagábamos la multa, ella no recuperaba la libertad. El martes fui a las 13.15 para abonarla y ya estaba cerrado, no me la cobraron, dejaron que mi señora pasara una noche más detenida. Finalmente este miércoles a las 7 fui a pagar, luego el abogado Caffaratta llevó los comprobantes a la Fiscalía y a las 15.30 la dejaron en libertad», continuó el relato.

Marcelo no finalizó la entrevista sin dejar de mostrar su malestar. «Teníamos la información de que se podía trabajar, creo que el inspector que clausuró no lo hizo por el horario sino por el entredicho que mantuvo conmigo. Además mis abogados me dijeron que mi esposa cometió una contravención, no un delito. Entonces quiero saber quién ordenó la detención, deseo conocer toda la verdad porque ella fue presa por querer trabajar, nada más que por eso».

Fuente: La Voz de San Justo.

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